lunes, 9 de octubre de 2017

Bodegas Muga Prado Enea GR 2009.


Dos veces he catado esta nueva añada del Prado Enea de Bodegas Muga, la correspondiente a la cosecha 2009, antes de sentarme delante del ordenador para escribir mis impresiones y sensaciones acerca de este gran reserva de Rioja, una de esas etiquetas que ocupan un lugar preferente entre mis vinos predilectos. Ambas veces mi experiencia de cata ha sido también de degustación, quiero decir que no me limité a catar el vino y escupirlo. Ambas veces y casi a palo seco he terminado con el interior de la copa que me ofrecieron. Primero, durante la jornada profesional de la Cata del Barrio de la Estación de Haro. Tiempo más tarde durante una visita a la bodega. Diferencia temporal de poco más de dos meses. Y lo que les cuento a continuación tiene que ver con la prodigiosa evolución de un vino en botella, con ese camino que el catador recorre, ya lo hice con el Prado Enea 2006, y que sirve de aprendizaje para comprobar como progresa un vino durante el tiempo, poco a poco, goloso y sabroso, de menos afinado a más elegante, de fruta más fresca a confitada, de aromas primarios y secundarios a terciarios. En fin, una delicia. Como cuando un padre ve crecer a sus hijos, aunque en este caso ni yo soy el padre de esta emblemática criatura, ni ella tampoco es mi hija. Pero a fin de cuentas el cariño a una referencia como esta, con un pasado, presente y futuro digno de admiración, marcado por la regularidad y sin embargo también por las diferentes vendimias, hace que uno la considere, si cabe, un poco familiar.
Ante todo es de agradecer que Muga haya apostado de modo incondicional por un gran reserva, casi de pasada, obteniendo por parte del consumidor más protagonismo por su condición de Prado Enea, que por la que le concede el tiempo de maduración en barrica. Son estos detalles los que hacen de un vino, una leyenda. Después, es inevitable la comparativa. Vinos como el Prado Enea, añada tras añada, garantizan la estabilidad comercial de calidad de la denominación de origen, consolidando un perfil de elegancia que puede tratar de igual a igual a vinos de otros rincones geográficos de la vitivinicultura internacional con más imagen ó inversiones en marketing.
Para mi, la simple mención del nombre, me dirige a lo que podría calificar de valor seguro dentro de un perfil inalterable de clásica elegancia, fruta y madera en una sabrosa comunión. Una de esas referencias de Rioja que en cualquier mesa navideña, en cualquier comida de cierta enjundia con familia ó amigos, tiene el éxito asegurado. A partir de ahí es lógico ya hasta saludable diría yo, que no todas las añadas de Prado Enea relaten lo mismo, que una guste más que otra, que las sensaciones del 2006 no sean las mismas que las del 2004 ó 2005.
La añada que me ocupa, la de la cosecha 2009, se identifica con una base mayoritaria de la casta tempranillo, dejando un veinte por ciento de su alma vitícola para garnacha, mazuelo y graciano, fruta que se vendimia en fincas asentadas en suelos de composición arcillo calcárea y aluvial. Como siempre relatan los responsables de la enología de Muga, junto a las uvas con las que se elabora el Torre Muga, son las del Prado Enea las últimas en entrar en las instalaciones de la bodega, buscando como es lógico un óptimo nivel de maduración. Fermentación de depósitos de madera de roble de diez mil kilos, sin mediar control de temperatura y adición de levaduras. Maceración siempre al criterio del enólogo, rondando los veinte días. Maduración de doce meses en depósitos de roble de dieciseis mil litros más un periodo mínimo de treinta y seis meses en barricas de idéntico tipo de madera, afinando durante treinta y seis meses más en botella, antes de salir al mercado. Tras su crianza, se lleva a cabo una suave clarificación con clara fresca de huevo.
La nota de cata se refiere a mi segunda cercanía a esta edición de cosecha, realizada a finales del pasado mes de Noviembre.
En copa parada muestra una cromática apicotada con reflejos grana e insinuaciones rubídeas, buena presencia y brillo, deslizando en su cercanía olfativa nostalgias de fruta roja en ligera confitura, especiados amplios, tonos de pimienta y vainilla, tabaco, efecto balsámico afinado, flores rojas en bouquet, algunas evocaciones a frutos secos tostados, almendra y piñón, incipientes retornos de tocador femenino, siempre la fruta bien plantada en primer término pero gozando de la escolta de las influencias de la maduración en roble, con un buen equilibrio, se nota su principio de progresión con respecto a mi primera cata de setiembre de 2016.
Boca elegante, plantea una buena estructura, con una acidez que demuestra viveza y cierto nervio, dentro siempre de unos parámetros elegantes, muy habituales en los Prado Enea. Destaco el triángulo de balanza entre licorosidad, confitura y frescura, alcanza el paladar y parece tapizarlo, aunque lo hará con aún más gallardía. Preparado para gustar, con un presente goloso, seguirá avanzando con más tiempo de guarda en botella y lo hará buscando y a buen seguro logrando ese punto que lo convertirá en vino fino de Rioja. Taninos golosos y finos, muy franca persistencia, con la retronasal hablando de cerezas, ciruelas rojas, en su confitura aparece un guiño de piel de naranja aunque muy por detrás de la fruta roja, afirma los especiados ya mencionados en la fase olfativa, tabaco, regaliz y algunos lejanos recuerdos que apunto como ebanistería, tostados de frutos secos y ese encantador aunque aún incipiente y no muy marcado gesto de tocador femenino, boudoir.
La fruta roja se expresa matizada por las influencias del roble y lo hace con una orgullosa clave mezcla de lozanía y madurez, viveza y elegancia, limpieza y pureza.
Lo califico en esta añada 2009 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Seguirá avanzando y yo gozando con su compañía. Ya les contaré, de momento espectacular.


Bodegas Muga Prado Enea GR 2009.

Puntos El Alma del Vino ... 18,50 + (20).



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