domingo, 1 de octubre de 2017

Bodegas Fernández Eguíluz Peña La Rosa Maceración Carbónica 2016.



Bodegas Fernández Eguíluz Peña La Rosa Maceración Carbónica 2016.

Puntos El Alma del Vino ... 19 (20).

Es esta otra de mis referencias habituales, añada tras añada, en las entradas de mi blog. Y lo es porque me gusta la desnudez de la uva, la ferviente sensación de estar, en alguna medida palpando el viñedo con los sentidos que Dios me ha dado. Peña La Rosa, una sabrosa maceración carbónica, chispeante y en mi opinión muy destacada dentro de todas las referencias de este perfil que surgen en cada edición de vendimia, mantiene una indudable regularidad y hace de su celebrado método de elaboración, la fermentación de uva entera, todo un icono. Encandila ese aroma fresco, lozano, de zumos de uva, y enamora sus percusiones placenteras que avanzan desde el primer segundo por la boca, tapizando con profusión el paladar y las paredes de la boca.
Incluyo mis crónicas de cata de esta referencia correspondientes a las añadas 2014 y 2015, antecedentes cercanos de la que hoy ocupa el protagonismo del blog, la relativa a la vendimia 2016.
La tempranillo de la zona de la Sonsierra, bien tratada por Carmelo y Pilar Fernández Eguíluz, cultivada en trece hectáreas de viñedo en propiedad, y tras el traslado a bodega, mediando vendimia manual, proceso tradicional de elaboración que comprende esos granos de tempranillo que fermentan con el mosto en su interior, atmósfera de dióxido de carbono antes de realizar el prensado del fruto.
En el interior de la copa exhibe un cromatismo picota violáceo, recibe en la proximidad aromática recuerdos de frutas rojas y negras en sazón, frescas y locuaces, con algunas notas que en segunda instancia evocan pétalos florales sobre un fondo balsámico que redondea el conjunto del perfume.
En mi opinión guarda más parentesco con la añada 2014 que con la relativa al 2015, con algunos registros florales más marcados, aunque en conjunto superior a las dos precedentes incluidas en mi entrada de hoy.
Jugosa entrada en boca, ensalza la tempranillo, en algunos instantes parece muy cercana, como si la pudiéramos catar a pie de viña, refrescante, envolvente, divertido, sápido y con buen alcance y llegada. La retronasal insiste en los registros aromáticos, con los recuerdos de fresas, cerezas y ciruelas rojas recién cogidas del árbol, óptimo punto de maduración, ramos de flores rojas y violetas, fondo de regaliz y viveza desde la condición juvenil.

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