jueves, 14 de septiembre de 2017

Isaac Cantalapiedra Viticultor Cantayano 2014.


Isaac Cantalapiedra Viticultor Cantayano 2014.

Puntos El Alma del Vino ... 19 (20).

Mi agradecimiento al vitivinicultor Isaac Cantalapiedra por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediante el envío de dos muestras de su referencia, bautizada como Cantayano. En su edición de añada 2014, primera elaboración salida al mercado, este monovarietal de la casta verdejo, surge de una cuidadosa vendimia llevada a cabo en tres parcelas que responden a los nombres de El Chivitero, Los Picones y Las Comas, situadas en el término municipal de La Seca, allá donde la verdejo alcanza una de sus mejores expresiones. A setecientos veinte metros de altitud sobre el nivel del mar, y asentadas sobre suelos pedregosos, estas cepas de verdejo que acreditan una edad media de hasta treinta años, ocupan una extensión de terreno de poco menos de seis hectáreas. Vinificado tradicional con seis meses de permanencia sobre lías, fermentado en mayor proporción en depósitos de acero inoxidable, usando para un diez por ciento del total, barricas de madera de roble francés de doscientos veinticinco litros. Clarificado y filtrado ligero y embotellado que tuvo lugar en el mes de julio de 2015.
Métodos de viticultura ecológica y en copa parada, tras el primer servicio, apunta un cromatismo amarillo pajizo intenso y brillante, con reflejos dorados. Nariz que comienza con mucha carga expresiva, hay notas aromáticas cítricas, recuerdos que se amplían a manzana, pera y lichis, con una segunda instancia que amplifica las sensaciones de magnífica complejidad, apunto hierbas aromáticas, resinas y matorral, ortiga blanca, hinojo, olivar, algunos especiados y lácticos, y una pincelada muy sugerente que transmite nostalgias minerales, pedernal húmedo.
Evoluciona en copa mientras se degusta con calma, la fruta se impone por encima del resto de testigos olfativos, que se adaptan a ella, siempre dejándole el protagonismo principal.
La boca es gustosa, sápida y profunda, la influencia de las lías le da empaque, motivos grasos y untuosos que afirman su avance, con estructura y equilibrio, con un registro de envolvencia que le concede músculo. Muy franca seña de persistencia, con una retronasal que sirve de espectacular epílogo a un proceso de cata que me ha encantado.
Hay limón, manzana, pera, aquí incluso apunto memorias de piña, llega luego una brisa muy de paisaje, de entorno natural, con esos tonos de matorral, silvestres, hinojo, olivar, resinas y hierbas aromáticas, especiados en clave pimienta blanca, eje cremoso y láctico que le sirve de lecho y en el final una prolongada y sugerente seña de mineralidad. Roca, granito húmedo que evoca al terruño.


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