sábado, 4 de julio de 2015

Bodegas Lan Viña Lanciano Reserva 2010.




Mi agradecimiento a los responsables de Bodegas Lan por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola mediante el envío de esta muestra de su Viña Lanciano en edición reserva de la añada 2010.
Un vino tinto elaborado con una base mayoritaria de la casta tempranillo, con aportes menores de graciano y mazuelo, frutos procedentes de una selección en viñedo, con cepas que acreditan una edad media de más de treinta años.
Con la etiqueta representando el puente romano de Mantible, que se localiza en Viña Lanciano, estamos delante de una referencia con indudable empaque, buena carga de profundidad frutal, en donde la madera sirve de conveniente complemento para lograr llegar a la meta con buenas garantías y recursos.
Vendimia manual con posterior fermentado en pequeños depósitos troncocónicos de acero inoxidable, largas maceraciones y remontados regulares, llegando a la maloláctica que se desarrolla en barricas de madera de roble francés.
En el proceso de maduración se procede con la utilización durante doce meses de idéntico tipo de barricas de madera, dejando seis meses de protagonismo, dieciocho en total, a barricas de madera de roble ruso, procedentes del Caúcaso.
Tiempo adicional de dieciocho meses más de afinado en botella antes de salir al mercado.
En copa parada exhibe una cromática apicotada de buena intensidad y concentración de color, con reflejos púrpura y algunos violáceos.
Nariz que desprende recuerdos aromáticos de fruta roja y negra maduras, algunos guiños especiados dulces, balsámicos influyentes y un punto láctico menor.
Boca amplia en cuanto a expresión, con la traza de acidez longitudinal, despliega frescura, con los taninos golosos y pulidos, sensación franca de ducha de fruta y seña de franca persistencia.
La retronasal esgrime evocaciones de cerezas y moras, con algunos gestos de vainilla, cremosidad, balsámicos en buena expresión y un final que deriva en memorias silvestres y de sabrosa sapidez.
Un vino que me ha gustado y que en esta añada 2010 califico como muy recomendable.


Azienda Agricola Le Torri Riserva 2011.



Mi gratitud a los responsables de comunicación de la denominación de origen Chianti Colli Fiorentini, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediante el envío de varias muestras de algunas referencias de otras tantas bodegas acogidas a esta apelación.
Conjunción varietal de las castas sangiovese, mayoritaria; con aportes menores de cabernet sauvignon y merlot, frutos procedentes de una vendimia manual, con tradicional fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable y maduración de seis meses en barricas de madera de roble, con un adicional afinado en botella de tres meses antes de su salida al mercado.
En copa parada muestra un color apicotado de buena intensidad con reflejos púrpura e insinuaciones grana, deslizando en nariz recuerdos de fruta roja y negra en sazón, segunda instancia que deja memorias de pétalos de rosas rojas, guiños de ebanistería y tostados, abriendo una puerta a algunas sensaciones especiadas dulces.
La boca comienza con elegancia, la madera plantada en escena acompañando a las notas de frutas, a ratos me parece que incluso se adelanta a estas. Tiene viveza en el avance, con la acidez bien delineada, taninos golosos y pulidos, franca persistencia. Es un vino correcto, aunque tal vez pudiera pedírsele un punto mayor de equilibrio entre fruta y madera, ya que esta última camina por delante en determinadas fases de la cata.
Retronasal que abunda en recuerdos de ciruelas rojas maduras, vainilla, flores rojas, ebanistería y tostados, añadiendo en el final un punto que evoca a tabaco.
Lo califico en esta añada 2011 como recomendable.

viernes, 3 de julio de 2015

Cava Recaredo Celler Credo Aloers 2013.


Vino catado durante mi pasada asistencia al salón El Alma de los Vinos Unicos, celebrado en Burgos de la mano de Paco Berciano y su equipo profesional.
El Aloers de Celler Credo, proyecto biodinámico de Cava Recaredo, acogido al certificado Demeter, es un monovarietal de la uva xarel.lo, que se elabora con frutos procedentes de un viñedo en propiedad con una extensión de ocho hectáreas localizado en el Alto Penedés.
En esta edición de añada 2013 se acredita un trabajo en campo que deja crecer de modo espontáneo una cubierta vegetal, esponjando el suelo y regulando la retención  y el drenaje de agua, habida cuenta del cultivo de secano que se ejerce en este dominio vitivinícola.
Tratamientos adicionales con plantas medicinales que controlan de un modo eficiente la agresión de los hongos. En el proceso de vinificado se comienza con una maceración con el raspón y una labor con las lías que se prolonga durante dos meses.
Los suelos calcáreos aportan en la cata un sello de mineralidad nítido y preciso, aunque no marcado en exceso, con la fruta presidiendo las sensaciones, pincelando en copa parada una cromática amarillo
pajiza con algunos reflejos verdosos y acerados, marcando en su proximidad nasal tonos de fruta cítrica, algunas flores y guiños ahumados que van desapareciendo a medida que se agita la copa, concediendo a los balsámicos, hinojo; un punto real de protagonismo.
La boca evidencia una magna nota de acidez, longitudinal, que se expresa en el avance, suave y untuoso, con la fruta mandando en la progresión. Envolvente en media intensidad, con la retronasal que amanece con descriptores de limón y pomelo, fina nota de manzana verde, y un aire suave de ciruelas claudia, firmando una segunda instancia de pétalos florales y un redondeo que me ha recordado con claridad al hinojo, finalizando con un retorno mineral.
Lo califico en esta añada 2013 entre recomendable y muy recomendable.

jueves, 2 de julio de 2015

Bodegas Rafael Palacios As Sortes 2014.



Catar los vinos de Rafael Palacios es sinónimo de comprobar los motivos por los que la denominación de origen Valdeorras cuenta con uno de esos personajes que yo suelo definir como hombres y mujeres de vino, gentes que cuando hablas con ellas transmiten algo más que una simple colección de detalles de elaboración, comunican pasión por la vitivinicultura y los frutos de esta.
Coincidí con Rafael en el salón El Alma de los Vinos Unicos, y como bien señaló mi acompañante en esta apabullante experiencia burgalesa, desde detrás de la mesa de cata, incluso en presencia y organización personal, Palacios ya demuestra saber estar, disposición de cara a sus visitantes y muy buen orden. El As Sortes en edición de añada 2014 apareció en botella formato muestra y en un decantador contiguo, y debo indicar que me pareció sin duda uno de los tres vinos blancos más satisfactorios del salón que tan eficientemente organiza Paco Berciano.
La godello del Valle del Bibei, con once hectáreas y media de viñedo en propiedad, matizando la vinificación con fermentación y maduración en barricas de quinientos litros de madera de roble francés, la crianza durante ocho meses en contacto con sus propias lías.
En copa parada exhibe una cromática amarilla pajiza con buenos reflejos dorados y estética brillante, nariz que desprende recuerdos de fruta cítrica y tropical, abundando en segunda instancia en algunos tonos florales no demasiado marcados y un guiño balsámico, también menor.
No aparecen de momento matices procedentes de la madera, aunque habida cuenta de que se trata de una muestra de añada en avance, comprendo que con más tiempo los descriptores se amplificarán y estabilizarán.
Sabroso en el arranque en boca, con una buena punta de acidez, refrescante y untuoso, aqui sí que aparecen señas cremosas, lácticas, con equilibrio y buena envolvencia.
Cierto deslizamiento graso en paladar, con una franca seña de persistencia.
Retronasal que apunta recuerdos de limón, piña y lichis, con un nudo de pera de agua y ciruelas claudia, un tono floral no muy marcado y un final en donde algunos matices salinos se alinean con un perfil balsámico.
Lo califico en avance entre muy recomendable y más que muy recomendable. Podrá ganar más enteros con más tiempo de progresión en botella.

Bodegas Santo Cristo Cayus Garnacha 2012.





Mi gratitud a los responsables de esta bodega aragonesa por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de varias muestras de sus referencias principales.
Hoy atiendo a este Cayus, un monovarietal de garnacha seleccionada, que se elabora mediando vendimia, despalillado y estrujado suave en bodega, con posterior encubado y sangrado de una parte del mosto que se utiliza para elaborar el vino rosado de la bodega, se busca una buena concentración de la parte restante, que en depósitos de acero inoxidable realiza la fermentación alcohólica. Uso de levaduras seleccionadas, con remontados diarios y postrera maloláctica, con paso del vino a barricas de madera de roble francés, combinando tostados medios y fuertes, y prolongando la maduración por un periodo de entre ocho y diez meses. Tras un filtrado, se lleva a cabo el embotellado, con un afinado de ocho meses en botella antes de su lanzamiento al mercado.
Los frutos de garnacha con los que se elabora este Cayus provienen de viñedos localizados a una altitud media de seiscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, asentados en terrenos de composición arcillo ferrosa.
En copa parada muestra un color apicotado de buena intensidad con algunos reflejos violáceos, desplegando en nariz sensaciones de fruta roja en sazón, especiados dulces y tostados, con la seña de la madera bastante pronunciada en el inicio, abriendo después tras una aireación aconsejable, una puerta a la fruta que se hace con el timón de la navegación del perfume.
Amable en su fragancia tras unos minutos agitando la copa, deja hacia el final tonos balsámicos y algún guiño de tabaco.
La boca es bastante varietal, aparece el goloso punto de la garnacha, bien pulido e integrado en el conjunto, con la acidez en clave media, taninos jugosos y finos, no es un vino demasiado robusto pese a una primaria apariencia. Fluidez en su avance final con los puntos de la madera siempre visibles y la fruta sacando su cabeza y afrontando la fase final de la degustación con buenas credenciales.
Media alta persistencia, finalizando en una retronasal que habla de ciruelas rojas y cerezas, vainilla y tostados, con huellas balsámicas que se aparean en el tramo descriptor final con una buena sapidez.
Lo califico en esta añada 2012 como recomendable.

miércoles, 1 de julio de 2015

4 Monos Viticultores La Danza del Viento 2012.



Una más de las referencias presentes en el salón El Alma de los Vinos Unicos, celebrado en Burgos en recientes fechas y al que pude asistir para disfrutar durante unas horas de las magníficas bodegas con las que trabaja Paco Berciano.
Sin lugar a dudas uno de los dominios vitivinícolas que más atrajo mi atención y acto seguido mi satisfacción fue este 4 Monos Viticultores, en donde la garnacha de Cadalso de los Vidrios obtiene un meritorio reconocimiento gracias a referencias como este La Danza del Viento, que pude catar y disfrutar en sus añadas 2012 y 2013, esta última soberbia, aún sin afinar, catada en muestra no etiquetada que Javier García nos sacó desde debajo de la mesa, como un mago hace con el conejo surgido desde el interior de su chistera.
El trabajo de Javier reforzado por sus tres amigos y compañeros Laura Robles, David Moreno y David Velasco, es de esos que algunos apreciamos no desde el ejercicio de la simpleza esnobista, del catador que se deja impresionar por gestos y ritos antes que por el contenido principal de la botella que se nos presenta delante.
La Danza del Viento se elabora con frutos procedentes de viejas viñas de garnacha que acreditan una antigüedad media de más de setenta años, localizadas a una altitud de setecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar y asentadas en suelos de composición arenosa granítica, dando forma a la parcela denominada El Canto de las Brujas, maravilloso y literario nombre, que pertenece al término municipal de San Martín de Valdeiglesias.
Maduración de quince meses en barricas de madera de roble francés, dejando en copa parada una cromática roja picota con reflejos rubí suaves, manifestando en su proximidad olfativa recuerdos inmensos de fruta roja madura, con segunda instancia presidida por evocaciones florales y silvestres, acompasando los descriptores frutales y llevando a un final que esboza un alma balsámica y mineral.
Tras un apasionante recorrido de fragancia, la boca arranca con una gratificante sensación refrescante, la traza de acidez me ha parecido superior al prototipo de garnachas, desplegada con longitud, esbelta y sigilosa, dando una expresión muy femenina del vino, como si fuera una novia traviesa que pretende endulzar poniéndote primero a prueba,
Una fusión de fruta con mineralidad que resulta muy atractiva y profunda, con la concentración de la fruta madre que se manifiesta de principio a fin.
Taninos golosos y marcados, con la persistencia en seña de franqueza varietal.
Retronasal que envía memorias de fresas, cerezas, grosellas y sandia, aportando un guiño especiado muy ligero y un fondo que insiste en balsámicos y algunos pétalos de flores rojas, acabando en recuerdos de roca húmeda y sugestiva y fina salinidad.
Uno de esos vinos que la memoria del catador asimila y que no olvida con facilidad.
Lo califico en esta añada 2012 como más que muy recomendable.
En cuanto a la añada posterior, escribiré de ella más adelante, pero ya les aseguro que pese a su lógico aún gesto de rusticidad, aporta una condición más frutal, a mi juicio, que la referente de esta entrada del blog, y menos mineral.
En todo caso aún es pronto para opinar, regresaré sobre ella y les contaré,

martes, 30 de junio de 2015

Domaine Marcel Deiss Rotenberg 2005.






Cuando a uno le encargan armonizar un grandioso salmón elaborado por la buena mano de un grupo de cocineros encabezado por Ibon Andraka, director de la Escuela de Hostelería de la Universidad del País Vasco con sede en la localidad vizcaína de Leioa, con un vino, la responsabilidad en la labor hace que se junten fuerzas con imaginación y todo ello desemboque en algo más que un vino, una elección clamorosa que reúna elegancia con intensidad, buen marchamo de fruta con un punto de la mineralidad que los vinos del alsaciano Domaine Marcel Deiss siempre ponen en escena.
Lo de la mineralidad en los vinos blancos y a pesar de que aún hay mucho bebedor que lo pone en duda, no es una especie de piedra filosofal, ni siquiera un Santo Grial que haya que temer en caso de encontrarlo. La mineralidad en los vinos es un factor descriptor de las condiciones del suelo en donde se endereza la viña que da lugar al fruto y que por aquello de la mágica alquimia vitivinícola se traduce en la copa, expresando tanto en nariz como en boca, una suerte que alcanza la salinidad, la terrosidad,la roca húmeda, con esa percepción que a veces recuerda al olor de la piedra en las tardes estivales tormentosas. La mineralidad en este Rotenberg de Marcel Deiss en su edición de añada 2005 trasciende del esnobismo, de la capacidad creativa e incluso de la simple aunque fructífera imaginación.
Diría yo que es casi una evidencia objetiva que hasta el más soso de los bebedores ó catadores que pululan por bares, ferias y vinotecas del mundo debieran atestiguar. No lo establezco como obligación aunque sí como regla fehaciente.
Riesling y pinot gris unidas para la gloria en un Rotenberg altanero, con la fruta madre procedente de viñedos asentados en suelos de composición férrica y caliza, tierra roja aclimatada bajo el calor del sol y que goza de una inclinación cardinal este.
Tras la vendimia se procede con un suave prensado durante un día, con uso de levaduras indígenas para  acometer la fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, la cual se extiende durante seis jornadas, sin desarrollar maloláctica posterior.
La filosofía de la maison Deiss busca siempre llevar a sus vinos la personalidad del terreno, las circunstancias de complejidad y diversidad de cada cosecha, enfatizando ese componente mineral del que ya he hablado y acoplándolo a la virtuosa fruta.
En copa parada muestra una cromática amarilla dorada con buen brillo, aportando en su primera aproximación nasal recreos aromáticos de cítricos, flores y sugerente melosidad de media escala, que conduce a un final de fragancia en donde comienzan a divisarse guiños minerales, que serán mucho más intensos en boca.
En segunda y tercera cercanía olfativa, el vino se muestra más abierto, más contundente, con los recuerdos de limón y jazmín juguetones, alzando un estandarte balsámico y ese mismo perfume final que se adhiere a un concepto de amable mineralidad.
La boca ofrece la virtud del equilibrio, con una viveza que pilota la acidez, de buena traza y empaque, perfilando un avance untuoso, con guiños dulces que se dejan dominar, satisfechos, por la clarividencia de fruta y frescura. Gozosa la viva aún frescura de esta añada 2005 que nos lleva a una persistencia apreciable y a una retronasal que deja recuerdos de limón, ciruelas claudia y un guiño fino de membrillo, deslizando gratitud floral blanca y amarilla, danzando a continuación con una armonioso baile balsámico, este menor, y un apoteósico epílogo en donde la mineralidad tan anunciada en nariz, se consolida como factor gratificante para el catador.
Hay profundidad, concentración, longitud y buen equilibrio.
Hay en suma, un gran vino, que a mi al menos me entusiasmó.
Con el soberano salmón que nos prepararon Ibon, Jon y Oier, desde luego fue más que recurrente argumento, la excusa perfecta para lograr altas cotas de gozo personal.
Califico este Rotenberg 2005 de Deiss entre muy recomendable y más que muy recomendable.