jueves, 2 de octubre de 2014

Champagne Francis Boulard Les Rachais Brut Nature 2006.






Con fecha del 21 de febrero de 2012 figura en este blog una crónica de cata del Petraea Réserve Perpétuelle Brut Nature de Francis Boulard, maison champanera que incluyo entre mis favoritas y que presume de naturalidad por los cuatro costados.
Fue aquel champaña una grata sorpresa para mi, y en lo que se refiere a este Les Rachais, monovarietal de chardonnay, elaborado con frutos vendimiados en la parcela Hurtebise Les Rachais, en donde el viñedo se asienta en suelos de composición silícea y calcárea, acreditando una edad media de cuarenta y tres años.
En su vinificado hay espacio para un proceso espontáneo de fermentación con levaduras naturales indígenas, permanencia sobre lías en barricas de roble, y maloláctica posterior.
No tiene filtrados antes de su embotellado.
En copa parada muestra un brillante color amarillo pajizo con algunos reflejos dorados. Buen despliegue de burbujas finas, con regular movimiento y prolongación.
La nariz esgrime una buena colección de frutas, con presencia de recuerdos amplios que dan memoria de ciruelas claudia maduras, membrillo, manzana reineta, manzana golden, fino atisbo de limón, con asomo en segundo plano de matices cremosos, pasteleros, hinojo, buen punto cítrico, finalizando con algunas evocaciones aromáticas de almendra tostada.
Boca sabrosa, garbosa, que arranca con viveza, homenajeando a la fruta madre, equilibrada traza de acidez, prolongada y gustosa. Tiene como principal virtud un pleno ejercicio de frutosidad, mostrando personalidad refrescante, buena persistencia y volumen.
La retronasal apuntala el cesto de frutas blancas, guiño meloso, amplitud en cuanto a detalles de hinojo y levaduras, finalizando en una sugerente nota de frutos secos tostados, y una insinuación balsámica, que aporta sapidez y longitud en los capítulos descriptores de su cata.
Un champaña de chardonnay honesto, muy varietal, que me ha encantado y que califico en esta añada 2006 como más que muy recomendable.
Chapeau...!

miércoles, 1 de octubre de 2014

Bodegas Licinia Licinia 2010.





Mi cordial agradecimiento a los responsables de esta bodega madrileña, localizada en el municipio de Morata de Tajuña; por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante la entrega en mano de dos muestras de su referencia principal.
Lejos queda ya en el tiempo mi primer contacto con esta etiqueta, figurando una entrada de este blog, que data del dieciocho de enero de 2011; una crónica de cata del Licinia en edición de añada 2007.
En lo que respecta a la cosecha del 2010, este vino tinto elaborado por la enóloga Olga Fernández y patroneado por el propietario de la bodega, Víctor Algora; que presenta una conjunción varietal de tempranillo, syrah y cabernet sauvignon, siendo la primera casta mencionada la de base mayoritaria. Con doble mesa de selección, en esta bodega madrileña se cuida primero la calidad y condición del fruto, siguiendo los parámetros del cultivo ecológico, y añadiendo un periodo de maduración en barricas de madera de roble francés, que se prolonga durante doce meses.
Es una añada en donde la fruta resplandece, aportando en copa parada un color apicotado con reflejos violáceos, dejando en nariz recuerdos plenos de fruta roja y negra maduras, segundo plano que recrea sensaciones especiadas, lácticas y balsámicas, con un rotundo fondo de fragancia que despliega una amplia colección de frutas y bayas.
La boca tiene un arranque jugoso, con un buen equilibrio entre dulzor y acidez, prolongada sensación sedosa y carnosa en el recorrido, con los taninos ligeramente alzados y golosos, muy buena seña de longitud, con una franca persistencia en donde la tempranillo reivindica su presencia estelar.
La retronasal narra evocaciones de cerezas, fresa de mata, arándanos, punto de cremosidad, láctico; con leves recuerdos de vainilla, y un estilizado guiño en donde se conjugan mineralidad y personalidad balsámica, un recuerdo de regaliz que va unido a un punto que me ha recordado a los after eight, que se muestra incipiente y muy sugerente.
Equlibrado, con una sensación final prolongada que demuestra buen racha de sapidez y que extiende los descriptores del vino hasta las últimas consecuencias.
Vibrante, dotado de amplitud y viveza, una gran añada para el Licinia de Víctor Algora.
Lo califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.

martes, 30 de septiembre de 2014

Pagos de Indalia Vendimia Seleccionada 2010.




De nuevo mi agradecimiento a los responsables de esta bodega de la almeriense Ribera del Andarax, por su desinteresado envío de varias referencias de su catálogo, algunas de las cuales ya he comentado en anteriores entradas de este espacio divulgador de la cultura vitivinícola.
Pagos de Indalia ofrece mediante este vino tinto vendimia seleccionada en edición de añada 2010, una conjunción varietal poco habitual, y para mi atractiva. Tempranillo, cabernet sauvignon y cabernet franc, frutos procedentes de la finca apodada El Marchal, con la ya mencionada, en otras entradas correspondientes a esta bodega; elaboración por gravedad, con las cuatro plantas de las que dispone Pagos de Indalia, destinadas por este orden a selección, molturación, fermentado y embotellado.
Fermentación alcohólica por separado de las tres varietales, maloláctica en barricas bordelesas de doscientos veinticinco litros de madera de roble francés y americano, finalizando con una maduración que durante un periodo de trece meses, tiene lugar en barricas seleccionadas de madera de roble francés.
En copa parada plantea un cromatismo apicotado de buen brillo, reflejos púrpura y grana.
La nariz envía recuerdos de fruta roja y negra maduras, algunos guiños especiados, complementados con tonos florales y balsámicos ligeros. Boca que arranca con un firme punto goloso, textura de media densidad, ofrece un buen perfil de acidez, desplegando buena sensación de frescura. Taninos golosos, bien marcados y pulidos en una justa medida, planteando una retronasal en donde la fruta roja y negra se entremezclan, deslizando pétalos de flores rojas y violetas, y estableciendo hacia el final un sabroso recuerdo balsámico.
Es un vino equilibrado, sin que la madera oscurezca a la fruta, dotado de unos descriptores aromáticos y gustativos de buena franqueza. Prolongado en repercusión media alta.
Lo califico en esta añada 2010 entre recomendable y muy recomendable.

Les Vignerons de Buzet Le Lys Rouge 2012.




Nueva muestra de esta bodega francesa, que tuvo a bien enviarme sus referencias de modo desinteresado, al objeto de mi cata y análisis personal.
De esta misma colección, Le Lys; publiqué no hace mucho las impresiones que me había producido el rosé, vino aquel con un perfil comercial, fácil de llevar, sin exceso de complejidad, fresco eso sí.
Stéphane Chauvet al frente de las labores enológicas, desarrollando en esta oportunidad un vino tinto elaborado a partir de una conjunción varietal de merlot, sesenta y cinco por ciento; cabernet franc, treinta por ciento; y cabernet sauvignon, al cinco por ciento.
Presenta en copa parada un color apicotado de buena intensidad, con algunos reflejos violáceos e insinuaciones púrpura. Nariz que deja recuerdos de fruta roja madura, con algunas señas florales y balsámicas, intensidad media en cuanto a aromática.
El perfume demuestra cierta simpleza, aunque siempre dentro de los cánones de correcta llegada.
Boca de media jugosidad, buena traza de acidez, con despliegue en el avance, no es un vino que demuestre grandes sensaciones, y sin embargo procura longitud, tanicidad golosa y pulida, y media vinosidad. La retronasal deja señas evocadoras de ciruelas rojas y cerezas, con un punto de pétalos de flores rojas, apunte balsámico, regaliz; y un final en donde la sapidez se hace amiga nuestra.
Lo califico en esta añada 2012 como recomendable.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Bodega Marqués de Griñón Pagos de Familia El Rincón 2010.





Mi cordial agradecimiento a Xandra y Carlos Falcó por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el desinteresado envío de varias muestras de sus referencias.
Este primer vino, elaborado bajo el patronazgo enológico de Julio Mourelle; responde a una base varietal mayoritaria de la casta syrah, con menor aporte de garnacha, acreditando una maduración de diez meses en barricas de roble francés Allier, buscando la expresiva personalidad del dominio El Rincón, basado en un suelo de composición arenosa, segunda capa arcillosa.
En copa parada pincela un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos violáceos.
La aproximación nasal marca memoria de fruta roja madura, con un punto nítido de confitura, deslizando en segundo plano sensaciones de pétalos florales rojos, condición central balsámica, apuntando en el final de la fragancia algunos guiños minerales. En una segunda aproximación da cuenta de que se trata de un vino en clara fase de progresión, y sin lugar a dudas manifiesta un mayor empaque de perfume, que el manifestado en la fase previa e inmediata al descorche.
A los tonos frutales y florales, le siguen más clarividentes notas de resinas, matorral, naturaleza silvestre, con un punto final que prolonga los descriptores aromáticos de mineralidad, roca y cuarzo.
La boca es afinada, equilibrada, intensa y potente. La traza de acidez despliega buena dosis de frescura, con jugosa expresión, el carácter carnoso del vino con buen balance, condición pulida en el avance. Los taninos resultan marcados y golosos, con buena punta de sapidez, dando una seña de franca persistencia y buena prolongación.
La retronasal apunta evidencias de ciruelas rojas y cerezas, con buen argumento de rosas rojas y violetas, amaneciendo ese punto balsámico, también mostrado en nariz; y manejando con buena educación, un fino tono láctico, menos evidente en la fase olfativa.
El final esgrime carácter, con un buen desarrollo de mineralidad y sapidez.
Gran final, muy emblemático de los llamados vinos de pago.
Lo califico en esta añada 2010 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Bodegas Carlos Serres Reserva Especial Cosecha 1960.




Una vieja añada de Rioja más de las catadas en compañía de mi buen amigo, el enólogo Jesús Madrazo. En este caso un reserva especial de la cosecha 1960, que en Carlos Serres se elaboraban al tiempo que aquellos benditos Carlomagnos, tan aplaudidos en su apertura presente.
Aunque no he sido capaz de dar con la condición varietal de este vino, es evidente que no andará muy lejos de una base mayoritaria de tempranillo, tal vez con algún aporte menor de otras varietales tintas de Rioja Alta.
Es un vino sincero, nada rebuscado; con cierto manejo de condición, pero sin apoteosis descriptivas.
Una cromática, que en copa parada se desnuda delante de nuestros ojos con tonos rubídeos y amarronados, dejando reflejos teja en segunda contemplación. La nariz comienza oclusa, con algún recuerdo de humedad, de apuntes micológicos, balbuceando fragancia de fruta roja licorosa en cuanto pasan unos minutos. Hay sensaciones de cuero usado, de flores marchitas, de hojas de tabaco, de matorral silvestre, de cuadra limpia. En cualquier caso, tiene un perfil de vieja añada de Rioja, agradable en cuanto a proximidad nasal.
La boca palpita desde el comienzo con una guía que parece que desea acreditar vejez, ancianidad, punto de oxidación, robustez en el fondo, tiene por boca un periplo complicado, que gusta a algunos de los presentes y no tanto a otros. Conserva una traza de viveza, para mi el vino aún respira si bien admito alguna brusquedad, sobre todo cuando alcanza el paladar.
Esa rudeza no es sintoma de contradición respecto a la gloriosa inscripción de la etiqueta Fino Extra, sino que antes bien imprime, a mi juicio; una clave respecto a la condición del tempranillo envejecido e incluso a mi, me da la clave de que tal vez en este vino de la cosecha 1960 haya más fruta de tempranillo de lo que creí en un primer momento, antes de comenzar la cata. ¿Monovarietal?.
Me dicen que no, que a buen seguro lleva alguna parte, al menos; de garnacha.
Es amplio y potente, y en esa rudeza, antes mencionada; se esconde una tal vez extinguida potencia, que hoy aparece, aunque algo claudicante.
La vía retronasal muestra círculos emocionantes de fruta roja licorosa, guindas y ciruelas pasas; con más apoteosis de flores marchitas, péndulo silvestre que se mueve desafiante entre las tierras hermanas de la cuadra limpia y el cuero animal, y un punto de tocador vetusto, de barnices y alcanfor, fondo de armario, baúl de los recuerdos.
Un final que esgrime evocaciones de terrosidad, aunque de menor intensidad.
Una añada emocionante para analizar con paciencia y calma, que a buen seguro, en proporción a los minutos de reflexión y contemplación que se utilicen; dará mayor gloria al vino y menor a quienes confunden rudeza con anciana potencia.
Lo califico en esta botella y en la añada 1960, entre recomendable y muy recomendable.
Monsieur Charles estaría orgulloso...

Licores y Aguardientes : El Licor del Druida Licor de Llet Merengada.




Mi cordial agradecimiento a los responsables de este elaborador catalán de licores, bautizado con el original y expresivo apelativo El Licor del Druida, por su desinteresado envío de varias muestras de sus principales referencias, siendo este licor de llet merengada, la primera de ellas que he catado y que ahora me dispongo a comentar.
Sobre la leche merengada se puede versar mucho, aunque en realidad la receta parece estar, en su origen, centrada en Cataluña y Levante, con una buena fusión de leche, azúcar, canela, piel de limón y clara de huevo. Existe una mención a la leche merengada en el libro medieval Speculum al foder, anónimo en cuanto a autoría, y que más que gastronómico, versa sobre costumbres e higiene sexual.
Curiosidades aparte, este licor de leche merengada que me llega desde Vimbodí i Poblet, faculta desde el primer instante los sabores de la canela y el limón, ajustándose a un punto goloso equilibrado, con una textura que en el avance por boca resulta más bien fluída, sin esa densidad un tanto empalagosa que a veces suele frecuentar bebidas de este perfil.
Tiene empaque en la llegada, dando notas aromáticas de limón, canela, crema pastelera y un fino guión floral, lejano pero presente.
Su color marfileño queda bien escenificado, apuntalando en su recorrido gustativo un clamor golmajero que se resiste a abandonarnos, pero que, muy destacable como virtud; siempre se expresa con un balance perfecto.
Uno de esos licores para después de comer ó cenar, que a buen seguro servirán para que cualquier buen anfitrión redondee una buena faena.
Lo califico como muy recomendable.