martes, 21 de mayo de 2013

Visita a Carlos Serres.





Con María Eugenia Casado y Roberto De Carlos como anfitriones, tuve la suerte en fechas pasadas de visitar la bodega Carlos Serres, localizada en Haro, y que esconde en sus entrañas una coqueta disposición, tanto en sala de barricas como en un espacio destinado a reuniones sociales, que sin duda haría las delicias de cualquier amigo de Pantagruel, Baco y Morfeo.
La presencia del enólogo Roberto De Carlos me procuró la posibilidad de catar en primeur la añada 2007 del Onomástica tinto, un vino especial, que mantiene la potente sutileza, ¿puede ser la potencia sutil?; de otras añadas, marcando en una línea de la tradición de Rioja, un aire actual, en donde la fruta marca el guión de la cata, dejando siempre la influencia de la madera en segunda instancia, con un equilibrio digno de aplauso.
Lo que siempre me llamó la atención del Onomástica es precisamente ese concepto firme, a través de los aires de la Finca El Estanque, santo y seña de la bodega; de la que surgen los frutos con los que se elabora un vino cuyo grado de calidad es, para cualquier aficionado a este mundo, añada tras añada, un firme propósito y una aclamada realidad.
Puede que sea esta añada 2007 en primeur un peldaño superior respecto a otras catadas con anterioridad, ó al menos a mi me lo ha parecido. La base varietal de tempranillo, con la graciano y la mazuelo dando una escolta perfecta, la primera con su poder aromático y la punta de acidez tan característica, la segunda con su carga colorante y con una buena concentración de azúcares, redondeando al carácter de la varietal mayoritaria.
En mi cata de primeur, desarrollada en el salón social de Carlos Serres, acompañado por mi esposa y por María Eugenia y Roberto, vi un vino que en copa parada exhibe un color apicotado intenso con cierto brillo y reflejos violáceos. Nariz profunda en cuanto a potencial de perfume, marcando un inicio con la fruta roja madura imperante, ciertas sensaciones en segunda instancia que reflejan especiados dulces y un suave guiño a la madera.
Tiene en boca una entrada muy agradable, con sensaciones que evocan fruta y salinidad, buena traza de acidez, que se desenvuelve con largura, taninos firmes y golosos, buen equilibrio y volumen. Textura cálida en varios instantes de la cata, con la retronasal marcando ciruelas y cerezas, con una nota láctica bien presente que deja paso a puntos de vainillas y esa sapidez que motiva la salivación. Una muy buena añada de este Onomástica tinto que califico de momento y en espera de su afinado en botella antes de su salida al mercado, como muy recomendable. Esperaremos unos meses, y veremos su progresión, pero creo que estaremos delante de mayores glorias.
Agradezco la amabilidad de María Eugenia y Roberto, con los que mantuve una agradable charla y a los que espero volver a visitar para seguir catando vinos en su compañía.

lunes, 20 de mayo de 2013

Bodegas de Alberto Dorado.



Elaborado mediante el método de crianza oxidativa y envejecido en madera con soleras, este monovarietal de verdejo es un rara avis impactante y con una certera dosis de originalidad, que los responsables de esta bodega de la denominación de origen Rueda, han querido compartir conmigo para que lo cate de modo desinteresado.
La historia del edificio que alberga esta bodega, enclavada en el municipio castellano de Serrada; se traslada hasta el siglo XVII, época en la que perteneció a los monjes dominicos. Fue en el más cercano año 1949 cuando Alberto Gutiérrez y sus hijos decidieron constituirlo en bodega,
Estamos delante de un vino sabroso, lleno de luz, que demuestra en copa parada un color cobrizo, con reflejos yodados. En vía nasal manda recuerdos agudos y muy sugerentes, en donde predomina la huella de frutos secos, con puntos francos florales de camomila, hinojo y anisados, con matices de toffee y una suavidad especiada más bien liviana.
La boca se inicia con un toque ahumado, mostrando una sugestiva punta de acidez, circulante; con la textura untuosa, buena seña glicérica, apuntando buena longitud en su desarrollo. Tiene volumen y buena estructura, me resulta ligero si lo comparamos con sus primos andaluces, pero es consistente y denota una buena carga de vinosidad. Amplio y con la retronasal que abunda en nueces, almendras y avellanas, cierta nota ahumada y tostada, con el punto floral bien presente, y una esencia de dulzor muy carismática, aunque no dominante.
Un vino lleno de personalidad.
Lo califico como muy recomendable.

Bodegas Ontañón Marco Fabio Vendimia Tardía 2011.


Ontañón y el moscatel de grano menudo. Ya una leyenda, un icono de la bodega que aporta sobre todo un buen equilibrio, añada tras añada. La sobremaduración y el azúcar residual logran en este Marco Fabio un buen sello de dulzor, nada aparatoso, manteniendo un equilibrio y conservando ese punto de acidez y esa densidad que no sólo convencen, sino que refrescan el paladar y miman la boca.
En copa parada exhibe un color amarillo pálido con reflejos dorados suaves, nariz en donde se conjugan fruta melosa y notas florales, dejando una seña aromática de agradable intensidad.
Boca con buen ataque inicial, manteniendo la seña de acidez media y facilitando el progreso del dulzor frutal, siempre con esa sensación de brillante equilibrio, sin altibajos, en clave sostenida. Textura glicérica, buena concentración. Tal vez no sea esta añada 2011 la más potente en cuanto a prolongación final, pero sí deja claro que el equilibrio dulzor-acidez en el Marco Fabio es un valor innegociable, al que la familia Pérez Cuevas nunca renuncia.
Retronasal que abunda en albaricoque y pera de agua, piel de naranja, melosidad y flores blancas y amarillas. Hay notas de membrillo y una base cítrica que sirve de fondo.
Lo califico en esta añada 2011 entre recomendable y muy recomendable.

Bodegas Camilo Castilla Montecristo Blanco 2011.


Mi agradecimiento a los responsables de la bodega navarra Camilo Castilla por su envío desinteresado de varias muestras de su colección de vinos, siendo la que protagoniza esta entrada del blog la correspondiente al blanco seco Montecristo, en edición de añada 2011.
Moscatel de grano menudo procedente de la finca Canteruelas, asentado sobre suelos arcillo calcáreos, dando en copa parada un color amarillo pálido con reflejos verdosos. Nariz profunda en cuanto a carga aromática, buena esencia de fruta cítrica y blanca de hueso, con puntos herbáceos y florales muy sugerentes. Es una añada con una buena intensidad en el perfume. Boca que afronta la entrada con un buen tono de fruta, un dulzor comedido pero que identifica bien la varietal, asomando una textura untuosa y un equilibrio en donde la acidez, bien marcada; agudiza la punta de frescura. Viveza y sapidez, con la retronasal que aporta recuerdos de albaricoque, manzana y pera, con leves guiños de hierba verde y un punto de jazmín.
Califico esta añada 2011 del Montecristo Blanco seco como muy recomendable.

domingo, 19 de mayo de 2013

The Wine Love Gran Cerdo 2010.


Ahora que los bancos están muy de moda, y no precisamente por algo bueno, se me ocurre catar a mi un vino denominado Gran Cerdo y dedicado por su autor, Gonzalo Gonzalo; a todos los directores que consideran que el vino no es un bien embargable. Lo que en un principio era Le Punk terminó llamándose Gran Cerdo, porque según palabras textuales del viticultor riojano padre de la criatura, "el director del banco que me negó el crédito destinado a afrontar mi proyecto, era un tocino, morfológicamente un cerdo". Gonzalo se rodeó de amigos y con la ayuda de estos nació esta etiqueta del cerdo volador y también su contenido, un vino de mesa, emparentado con los vin de table franceses.
Tempranillo y graciano en un vino tinto joven que a decir verdad me ha resultado un tanto decepcionante, no ya por su condición que no pasa de ser un vino sencillo, correcto pero corto en cuanto a prolongación y esencia vinosa, sino por la sensación personal de estar delante de algo incalificable, tal vez conjugado dentro de una declinación de los vinos del Languedoc francés, pese a tener estos otras combinaciones varietales diferentes al tempranillo y el graciano; pero sin la potencia de aquellos.
El Gran Cerdo en su edición de añada 2010 me plantea dudas en su cata. La primera, la identificación como vino tinto joven. La segunda, su identidad varietal, ya que la graciano no se nota y el tenpranillo carece del potencial que suele imprimir a los vinos esta uva riojana.
Copa parada con un rojo picota con reflejos purpúreos. Nariz en donde la fruta roja en sazón queda un tanto abombada, no con señas demasiado intensas, con muy poco recorrido aromático adicional, tal vez algún circunspecto motivo de salinidad.
La boca es algo esquiva en la entrada, recreando sensaciones lejanas de dulzor, con la acidez media y una textura más bien ligera y suave. No es frondoso, y los taninos son finos y algo dulzones. Media baja persistencia, con la retronasal igual de simple que la fase aromática. Fruta roja algo salina. Le falta longitud.
Mi calificación de esta añada 2010 del Gran Cerdo es decepcionante.

Bodegas Ruconia Tinto Joven 2012.


Vino catado durante mi asistencia a la presentación de nuevas añadas de Bodegas Familiares de Rioja, evento celebrado en el Rioja Forum de Logroño.
Con origen en el año 1986, esta bodega riojana tiene a la familia Saénz de Santamaría como responsable y propietaria, si bien en sus inicios la actividad de vitivinicultura se desarrollaba en Arenzana de Abajo y fue en el año 2000 cuando se inicia el proyecto que hoy conocemos establecido en la localidad de Nájera.
La filosofía de Bodegas Ruconia pasa, como ellos mismos manifiestan; por crear vinos desde el viñedo, haciendo gala de una labor de campo lo más natural posible.
Fruto de ello surge este tinto joven que en su añada 2012 me facilitó las siguientes impresiones personales :
copa parada que muestra un color rojo picota con reflejos violáceos, nariz en donde aparecen notas de fruta roja madura con buena racha de lozanía, algunos balsámicos y flores rojas. Boca jugosa, con la apertura mostrando un punto de dulzor frutal muy agradable, buena línea de acidez, dejando apuntes de buena frescura. Taninos golosos y finos, siempre desarrollando buena esencia de tempranillo. Alta persistencia, con la retronasal encendida por notas de frambuesas y cerezas, suave guiño de pétalos rojos y un fondo de regaliz que realza su expresión y prolonga las sensaciones.
Lo califico en esta añada 2012 entre recomendable y muy recomendable.

sábado, 18 de mayo de 2013

Domaine Robert Chevillon Nuits-Saint-Georges Les Bousselots 1er Cru 2005.


Desde Symphorien Chevillon hasta Denis y Bertrand ha llovido mucho, y también se han elaborado muchas añadas con el permiso, claro está; de Robert, que da nombre al dominio.
Domaine Chevillon se encuentra localizado en la muy borgoñona Nuits-Saint-Georges y dispone de trece hectáreas de viñedo, de las que ocho pertenecen a rouge premier crus. La vendimia siempre se realiza de modo manual, con una primaria maceración en frío cuando el fruto llega a bodega, procediendo acto seguido a una fermentación espontánea y después a un envejecido que, en función de la añada y de las condiciones de elaboración de cada vino, suele prolongarse por un periodo de entre quince y dieciocho meses, empleando a tal fin barricas de roble francés en una propoción del treinta por ciento nuevas y el setenta por ciento restante de un solo vino.
El viñedo del que sale la pinot noir con la que se elabora el presente vino se encuentra expuesto a una orientación sureste y en una altura poco más allá de los doscientos metros.
Con franqueza su cata me ha resultado un tanto decepcionante. Copa parada que exhibe un color apicotado con reflejos púrpura, más bien ligero de presencia estética. Nariz en donde aparecen unas primeras notas de fruta roja, con suaves guiños de flores violeta y un fondo en donde adivino livianas notas especiadas y un elemento terroso. Hay equilibrio aromático, siempre con la fruta presidiendo, aunque me parece un tanto flojo en cuanto a intensidad.
La boca tiene una entrada en donde se nota el dulzor de la fruta, con la acidez en seña media de intensidad, me recrea sensaciones minerales en el alcance del paladar, siendo la tanicidad suave y más bien golosa, aunque mantengo que el vino aparece tímido. No me atrevo a decir que sea demasiado joven y que más guarda en botella le espabile del letargo, ya que una 2005 catada en el 2013 debería dar ya mayor empaque y presencia. Creo que probablemente no sea la mejor añada del dominio en cuanto a Les Bousselots. Persistencia media, con una retronasal que marca la fruta roja con timidez, y que sí aporta notas especiadas y de terrosa mineralidad, pero sin la intensidad que hubiera deseado, ó que tal vez buscaba.
Lo califico en esta añada 2005 como aprobado.