lunes, 8 de febrero de 2016

Bodegas David Moreno Dmoreno Selección Familia Crianza 2011.





Mi agradecimiento a David Moreno Peña y a su equipo profesional y humano por la desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediante el envío de varias muestras de sus principales referencias. Hoy le toca el turno a este Dmoreno, vino tinto crianza de Rioja, en edición de añada 2011, que incluye en su envoltorio una muestra de las glosas emilianenses, primeras letras en castellano a buen recaudo en el refugio monástico de San Millán, en cuyo valle se vendimian los frutos con los que se elabora este vino. Cárdenas y Badarán, dos términos municipales que huelen a vino y viñedo, y cuya tradición vitivinícola se pierde en la noche de los tiempos de la denominación de origen Rioja.
Base mayoritaria de tempranillo, con menor aporte de garnacha, selección de racimos en las viejas viñas propiedad del dominio, con un despalillado y una posterior fermentación alcohólica bajo control de temperatura y una maduración que se desarrolla durante dieciocho meses en barricas de madera de roble francés y americano.
Tras el descorche, amanece en copa parada con un cromatismo apicotado de buena intensidad, reflejos púrpura e insinuaciones grana, apuntando en su primera cercanía olfativa recuerdos de fruta roja en sazón, torrefactos y lácticos bien integrados en la fragancia, con un guiño balsámico menos marcado y algunas señas que evocan frutos secos y tostados. Tiene un golpe amable de golosas sensaciones en el perfume. Arma una buena complejidad, elegante y equilibrada.
La boca es sabrosa, con la madera bien integrada, siempre es la fruta quien tira del carro en el avance, la garnacha, a mi juicio de muy buena condición varietal; asoma con una buena personalidad, dejando un aire goloso lleno de expresión, y acompañando de buen grado a la tempranillo.
Estructurado, con los taninos maduros y pulidos, hay una franca seña de persistencia.
Retronasal que habla de cerezas y ciruelas rojas, breve nota de regaliz, cremosas trazas y los tostados procedentes del roble que dejan descriptores de frutos secos, ebanistería, torrefactos y toffee.
Tiene llegada y alcance, lo califico en esta añada 2011 como muy recomendable.

Weingut Bergdolt-Reif & Nett Duttweiler Sauvignon Blanc Trocken 2014.



Segunda muestra de las enviadas de modo desinteresado por los responsables de esta bodega alemana del Rheinland-Pfalz, al objeto de mi cata y análisis personal. Un monovarietal de sauvignon blanc en edición de añada 2014 y en su condición trocken, que acredita un fermentado alcohólico en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura. Juego de azúcar residual y acidez, marcando un buen empaque de fruta, tal vez no con excesos en el alcance final, pero sí equilibrado y con la frescura como principal virtud.
Digo que es un vino amable, sin excesos de complejidad, incluso a ciegas tal vez no hubiera detectado la presencia de la casta que le da vida, ya que resulta muy comedido en cuanto a descriptores. En primera instancia y tras correr la rosca del tapón, aparecen guiones algo cerrados, incluso percibo un olor a sulfídrico, una sombra reducida que llama mi atención.Tal vez el tapón de rosca tenga algo que ver, y es que a medida que agito la copa buscando el consuelo de una oxigenación, el olor va desapareciendo. Cuando el aire llega al vino las cosas se enderezan.
Así es que tras cinco minutos de espera, comienza la cata.
Color amarillo pajizo y brillante en copa parada, asomando en la cercanía olfativa aromas de fruta cítrica, con un punto de manzana verde y limón, sensaciones herbáceas delicadas, ortiga blanca y camomila, alguna punta de resina, y un final balsámico que busca el redondeo de la fragancia.
Boca que abre con la fruta en primer plano, traza de acidez que camina directa, hay frescura y mediana untuosidad, con una persistencia agradable y suavemente amarga, faculta en la retronasal similares retornos que los evidenciados en nariz, más fruta y menos flores, con el perímetro balsámico y herbáceo y ese guiño final en clave de sugerente amargor.
Lo califico en esta añada 2014 como recomendable.

Akarregi Txiki Olatu Txakoli 2014.





Mi gratitud para los responsables de esta bodega familiar guipuzcoana por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediando el envío de algunas muestras de esta referencia, el txakoli zuri Olatu, en su edición de añada 2014.
Elaborado con frutos de la varietal hondarribi zuri, vendimiados en las cepas de la propiedad que se extienden en las poco más que quince hectáreas a disposición de sus elaboradores, sigue en su formación el método tradicional.
En copa parada plasma una cromática amarillo pajizo brillante con doradas insinuaciones, dibujando un buen despliegue de carbónico fino y regular, que en boca parece perder intensidad reflejando matices chispeantes. La nariz asoma con recuerdos de fruta cítrica, algunas notas de fruta blanca, expresando en segunda instancia una nota floral poco prolongada y un retazo balsámico que redondea su capacidad aromática y su complejidad.
La boca empieza con viveza, la traza de acidez expresa una buena doma, se alarga pero a mi juicio no protagoniza el avance, antes bien advierto tras la inevitable frescura en un vino de este perfil, un punto untuoso, hasta el punto de resultarme poco habitual en los txakoli zuri de la denominación guipuzcoana. Exhibe una buena carga frutal, tiene una seña de persistencia bien delineada y en su retronasal habla de ciruelas claudia, manzana, lichis y un tímido retorno de albaricoque, delicadas notas florales blancas en segunda instancia, finalizando en un cuadro balsámico casi anecdótico.
Lo califico en esta añada 2014 como recomendable.

domingo, 7 de febrero de 2016

Bodega F.Schatz Petit Verdot 2008.




Segunda muestra de las entregadas en mano por Angel Amurrio, procedente de esta bodega rondeña, patroneada por el vitivinicultor de origen alemán afincado en España, Friedrich Schatz, personaje del mundo del vino al que agradezco su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino.
Permitirá este hacedor de vinos y cultivador de viñedos germánico, que comience esta entrada sobre su monovarietal de la casta petit verdot, aportando en mi escrito un refrán popular que inmerso en la lectura de su página web, he divisado y que deseo compartir con mis lectores habituales. Dice así : después de la lluvia nace la hierba, después del vino, las palabras. Me identifico con ella, cáspita, vaya que si me identifico.
Certificación ecológica del viñedo, situado en la Serranía de Ronda, acreditando una maduración de trece meses sur lie, con procesos de battonage regulares, que tiene lugar en barricas de madera de roble francés Allier y Vosges.
Diré de este T de Schatz, que en su edición de añada 2008 me parece uno de los mejores monovarietales de la casta petit verdot que he catado y degustado desde que comencé mi andadura en este fascinante universo. Fruta mucha, y frescura aclimatada a la misma, con un paso franco y lleno de una bendita expresión de complejidad, siempre atribuible a la varietal que le da vida.
En copa parada exhibe un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura, estética cubierta, buen brillo, manifestando en su primer golpe aromático recuerdos de fruta roja y negra maduras, balsámicos en segunda instancia, estos dan al perfume un prolongado recorrido, con una elegancia y una tendencia al redondeo aromático que destaca con luz propia. Hay un triángulo hermoso en su descripción olfativa : la fruta por un lado, la idéntidad balsámica y mineral por otro, y un retorno de las influencias de la madera que descubre memorias especiadas dulces, suaves tostados y un insinuante trazo de confitura que aporta a los reflejos de la fruta una estupenda y luminosa personalidad. Identifico una muesca que me recuerda a mina de lapicero, ese tono de mineralidad tan relacionado con la petit verdot.
La boca es sabrosa, abunda en sapidez y cierta salinidad, buena acidez que surge con prolongación, carnoso pero afinado, resuelto aunque no fluido, impregna el paladar con una gloriosa expresión frutal, balsámica y mineral, tiene unos taninos golosos, equilibrados, desarrollando una persistencia en clave de muy buena longitud. Afirmo que es un vino que abre una puerta al relieve, al nervio, con un equilibrado perfil, con una personalidad propia que enamora. Estructura, volumen, con la retronasal que habla de recuerdos de ciruelas, cerezas, moras y frambuesas, brisa limpia de vainillas, confitura de frutos negros, breva no madura en exceso, regaliz y menta, punto breve de bombón inglés, grafito, y sapidez inolvidable.
Tiene llegada, alcance y longitud.
Y sobre todo, tiene personalidad e impreso el carácter de la fruta que le da vida.
Lo califico en esta añada 2008 como más que muy recomendable.

Grupo Pesquera Alejairén Crianza 2012.




Desde el pasado surge en mi memoria y en la de este blog de cultura vitivinícola mi primera cercanía a esta referencia, en aquella oportunidad concerniente a la cosecha del año 2008. En el presente, agradezco primero a los responsables de este grupo bodeguero su desinteresada colaboración con mi proyecto de cata y redacción, mediando el envío de muestras de dos de sus referencias principales.
No hace mucho versaba en una entrada del blog sobre mis impresiones acerca del vino tinto El Vínculo Paraje La Golosa, que en su edición de añada 2004, califiqué entre recomendable y muy recomendable.
Hoy traigo al blog este Alejairén, que en su edición de cosecha 2012 marca el perfil monovarietal de la airén, con la enóloga Eva María Fernández al frente de su elaboración, vino blanco que acredita una maduración de veinticuatro meses en barricas de madera de roble y que amanece en copa parada, tras el descorche y primer servicio, con un cromatismo amarillo dorado de notable intensidad, deslizando en su primera cercanía olfativa algunos tonos que evocan oclusión, por lo que inicio una fase de oxigenación, moviendo la copa y regresando con la nariz. Fase que dura varios minutos hasta que la fruta comienza a dirigir la orquesta, con recuerdos de ciruela claudia madura, manzana reineta, algunos especiados suaves que redondean su expresión, danzando un baile de evolución que por momentos parace dominar. Esa maduración de veinticuatro meses se nota y aunque la fruta lucha por levantar cabeza, por momentos las influencias del roble luchan con las frutales, abundando en guiños de cuero animal y flores marchitas, aquellos algo inquietantes, estos más zalameros.
La boca comienza con un guión similar, signos oxidativos algo evidentes, con la acidez media y los tonos de fruta madura y algunos frutos secos tostados acaparando parte de la atención del paladar.
Tal vez le falte un punto goloso más elevado, que de más orgulloso empaque a la fruta, a esa airén que por algunos instantes parece abrumada por los tonos demasiado intensos procedentes de la madera. Paso untuoso, hay señales de envolvencia, y en la retronasal aparecen memorias de puré de manzana reineta, centeno, ciruelas claudia maduras, flores amarillas, tostados y especiados, aquellos finos, estos más petulantes, con una muesca evolutiva y un epílogo que habla de cuero animal.
Lo califico en esta añada 2012 como aprobado justo, más bien tendente a la decepción.
Tal vez, y lo digo con mi respeto habitual, no sea esta la mejor añada de esta referencia.
No creo que sea un problema de un exceso de permanencia en madera, ya que mis recuerdos sobre la añada 2008, con idéntico tiempo de maduración, son bastante mejores.

Bodega Cortijo de Jara Roble 6 meses Añada 2013.




Otra muestra más de las enviadas de modo desinteresado por los responsables de esta bodega de la Tierra de Cádiz, al objeto de mi cata y análisis personal, circunstancia que como en todas las ocasiones que esta premisa se cumple, aprovecho para agradecer.
Ya comenté tiempo atrás mis impresiones acerca del 12 meses de esta misma bodega, en la edición de añada 2012, http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2015/11/bodega-cortijo-de-jara-roble-12-meses.html
Hoy le toca el turno a su hermano pequeño, un 6 meses de roble, que se elabora con una conjunción varietal de las castas tempranillo, merlot y syrah, y que personalmente me satisface por encima del otro vino mencionado. En copa parada muestra un tono apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura, asomando en su proximidad aromática recuerdos que tras unos minutos de aireación, abren una puerta a fruta roja en sazón, algunos especiados dulces, tostados ligeros y balsámicos, dejando tras una completa fase de oxigenación, una complejidad bien equilibrada entre fruta e influencias procedentes de la madera. Boca golosa desde el arranque, alzando una traza de acidez de media intensidad, que le aporta recorrido, alcanza el paladar con certera potencia frutal, taninos maduros y pulidos, finalizando con una retronasal en la que amanecen evocaciones de cerezas y ciruelas rojas, un guiño de tostados y especiados, apunto vainilla y pimienta, eje central balsámico, regaliz y en el punto final de la cata alguna brisa torrefacta aunque más bien breve.
Un vino que en esta edición de añada 2013 califico entre recomendable y muy recomendable.

sábado, 6 de febrero de 2016

Bodegas Fernández Eguíluz Peña La Rosa Maceración Carbónica 2014.



Del mes de Setiembre del año 2011 data mi última aproximación a esta referencia de la bodega Fernández Eguíluz, localizada en el término municipal de Ábalos. En aquella oportunidad tal y como se recoge en una entrada de este mismo blog, di cuenta de una copa de la añada 2010, una maceración carbónica Peña La Rosa que me causó una sensación incompleta. Ayer mismo pude completar mis conocimientos personales sobre esta etiqueta, buceando en la cosecha 2014, mismo método de elaboración siguiendo los pasos de las uvas fermentadas en una atmósfera de dióxido de carbono antes de ser machacadas. Uva fermentada con el mosto de su interior, avalando los primeros estudios que en este sentido iniciara a finales del siglo diecinueve Louis Pasteur, el microbiólogo y químico francés cuya influencia en la cultura vitivinícola forma parte de la historia y de mil y una leyendas.
Tempranillo de Rioja con toda su frescura y lozanía, parlanchín y chispeante, lleno de viveza y con esa sutil juventud que las maceraciones carbónicas aportan al vino.
He sacado una opinión mejorada de esta etiqueta con respecto a aquella copa de la cosecha pretérita correspondiente al 2010, más equilibrio en el trago, con una amplia dosis de amabilidad y un juego frutal y ligeramente floral y balsámico que ofrecen una sensación en donde la fruta domina y motiva la salivación, pidiendo una segunda copa.
Apunto en copa parada un cromatismo apicotado intenso con reflejos violáceos, nariz que aporta recuerdos de fruta roja en sazón, cerezas y fresas de mata, algunos pétalos florales rojos, acabando en evocadoras notas balsámicas y esa seña silvestre que también marcaba el vino del 2010, pero en esta oportunidad con menor marcaje. La fragancia expresa frescura y esa personalidad también llega acreditada en el arranque en boca, con media traza de acidez y amplia seña de frescura que avanza con buena prolongación, declarando una persistencia media pero llena de encanto, juguetona.
Retronasal que insiste en esos frutos rojos en sazón, con un giro floral y el concepto balsámico ya apuntado en la vía olfativa, dejando menor protagonismo ahora al punto descriptor silvestre.
Califico esta añada 2014 del Peña La Rosa como muy recomendable.