sábado, 28 de febrero de 2015

Caves Martí Serdá El Xitxarel.lo 2014.




Mi agradecimiento a los responsables de esta bodega catalana por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola mediante el envío de esta muestra de uno de los vinos de su colección de propuestas.
El Xitxarel.lo en edición de añada 2014 es un vino blanco sin crianza en madera que presenta un perfil monovarietal de la uva xarel.lo, buscando un público amante de los vinos blancos refrescantes, con identidad propia eso sí, la de la varietal que le da vida y que es identificable sin demasiado esfuerzo.
Elaborado con frutos vendimiados en la parcela nombrada Mas Cortei, localizada a una altitud de trescientos cuarenta metros de altitud sobre el nivel del mar y situado en el término municipal de La Granada. Viñedo plantado en la década de los años cincuenta por arrendadores de la finca, que favorece una vendimia manual, con primer prensado suave al llegar el fruto a bodega, desfangado, veinte días de fermentación en depósitos de acero inoxidable, cinco semanas de battonage, clarificado y filtrado junto con un tiempo de estabilizado antes de proceder a su inclusión en botella.
En copa parada exhibe un color amarillo pálido con reflejos verdosos, nariz que acredita recuerdos de manzana verde, ciruelas claudia y limón, deslizando a continuación notas florales y balsámicos.
Entrada acidulante en boca, con el gustoso punto frutal amparando el avance, apreciando una débil sensación de salinidad no muy pronunciada, y aportando notas aparentes de untuosidad, dejando especial protagonista a una lineal y lozana seña cítrica que hace que el vino alcance paladar y final de cata con buena persistencia.
La retronasal abunda en tonos de manzana, limón, ciruela claudia madura, hinojo, pétalos blancos de flores, marcado en el final una seña ligeramente anisada.
Un vino que pretende encauzar una senda comercial, con atractiva presentación externa, y que a mi me ha resultado también atractivo en su entidad interna.
Lo califico en esta añada 2014 entre recomendable y muy recomendable.

Bodegas Pascual Berganzo Bastiturri Blanco 2013.



Gratitud para los responsables de esta bodega de la denominación de origen Rioja, con sede en la localidad alavesa de Samaniego, por su desinteresada entrega en mano de varias muestras de sus principales referencias al objeto de mi cata y análisis personal.
Tras haber comentado en fechas precedentes mi valoración sobre el Raíces de Oro, tinto joven en edición de añada 2013, hoy le toca el turno a este vino blanco monovarietal de la muy riojana uva viura, sin credenciales de maduración en madera.
Formato de vino blanco joven que pincela en copa parada una cromática amarillo pajiza con reflejos verdosos, nariz que muestra recuerdos de fruta blanca, cítrica y tropical, dejando paso en segunda instancia a algunos retornos florales y balsámicos.
la boca se ve poblada desde el arranque de motivos de fruta fresca, golosos y con buena traza de acidez, cierta envolvencia cítrica de notable prolongación, finalizando con una media alta nota de persistencia. Retronasal que abunda en motivos frutales, principales en todo momento, apuntando hacia señas florales y un epílogo que habla de resinas.
Una viura sencilla pero bien apañada, con su cédula de identidad inapelable, clara y tratada con mimo. Califico este Bastiturri en edición de añada 2013 entre recomendable y muy recomendable.

viernes, 27 de febrero de 2015

Aguardientes y Destilados : Ratafía Terrania.




Quiero comenzar esta entrada del blog, agradeciendo a los responsables de este elaborador catalán su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura gastronómica, mediante el envío de esta muestra de su ratafía, licor cuyo origen claramente mediterráneo me trae preciosos recuerdos de mi juventud.
No en vano mi abuela paterna Aurora Francás acostumbraba a regalarme una copita de este licor, en formato artesanal y casero, que le solían enviar desde su Ripoll natal algunos familiares, enarbolando así la bandera de la tradición culinaria catalana en su Bilbao de residencia.
Mi abuela era mujer de tradiciones y sin duda todo aquello que a día de hoy conozco en torno a la gastronomía de Catalunya, se lo debo a ella, en gran medida.
La ratafía forma parte de esa colección de referentes.
Con un aguardiente de base, y con la acogida a la indicación geográfica protegida Ratafía Catalana, establecida en el año 1989, Terrania muestra un equilibrio y un afinado digno de aplauso, tal y como demuestran los múltiples galardones recibidos, destacando varias medallas de oro en Catavinum y un premio Cactus a la menor innovación de producto.
Además de nuestra catalana ratafía, hay licores hermanos que se elaboran en Aragón, Piamonte, Abruzzo, Borgoña y Champaña, y que tienen puntos en común con este costumbrista licor muy habitual en tierras de Girona.
Con proceso de elaboración que incluye seis meses de maceración en barrica y destilaciones en pequeños alambiques leña, en Terrania se incluye holandas de vino envejecidas para lograr un resultado final en donde los aromas y los sabores aportan elegancia, complejidad y finura.
Verdes nueces y botánicos variados, entre los que creo descubrir la menta, con la ya mencionada base de aguardiente, dan lugar a una cromática que en copa de cata expresa tonos marrones y rubídeos menos expresivos, bronces y teja, deslizando en su aproximación olfativa sensaciones de frutos silvestres, piel de naranja, guiño cítrico y acompotado, especiados y flores, matiz silvestre y levemente boscoso.
La boca es suave desde el arranque, el alcohol integrado en el conjunto de mil amores, con una punta de acidez que aporta un matiz refrescante, abraza el paladar con dulzor y recuerdos de hierbas aromáticas, punto genial de compota de frutas navideñas, liturgia que incluye dátiles, orejones, membrillo, ciruelas pasas y esa sabrosa linea cítrica que lo hace celebrable y sabroso.
Largura, sin empalagos, con ese afinado que sin duda lo convierte en un licor, este Terrania; fácil de apreciar pero emotivo en cuanto a complejidad.
En su alma se encuentra un aire mediterráneo indiscutible, un valor que nos traslada por momentos al campo, al huerto, a la botánica, al sol, al mar y a todos los pueblos que a la luz de la lumbre, en el corazón de los hogares de Catalunya, celebraron algo, simplemente el final de una buena comida; con una copa de ratafía.
Con imaginarias lágrimas de alegría y melancolía he catado Terranía, acordándome de mis ancestros, de esa abuela que con catorce años recién cumplidos por mi parte, quiso saltarse las normas puritanas de la hipocresía social, regalando mi paladar con unas cuantas gotas de este rosoli, para aleccionarme con buena fe en el consumo moderado de digestivos después de comer.
A ella le recordaba a su padre. A mi ahora me recuerda a ella. Es el valor real de la cultura gastronómica, ese vaso transmisor intergeneracional que logra que las buenas costumbres nunca se pierdan.
Califico esta ratafía Terrania como más que muy recomendable.
Clase, aroma y sabor.

jueves, 26 de febrero de 2015

Bodegas Dionisos Flor de Rocío Syrah 2014.





Mi gratitud a los responsables de Bodegas Dionisos por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de varias muestras de sus principales referencias.
El Flor de Rocío en edición de añada 2014 es un vino tinto monovarietal de syrah, elaborado mediante el procedimiento de maceración carbónica, que nace de una vendimia en la finca El Conuco, teniendo siempre presentes que la Luna se encuentre ante constelaciones de agua, cáncer, piscis y escorpio, lo que debemos interpretar como un seguimiento de la filosofía de viticultura biodinámica.
Su embotellado es precedido por un ligero filtrado.
Demuestra desde el primer instante su condición de vino de fermentación de uva entera, con una cromática que en copa parada defiende colores picota violáceos de buena intensidad, deslizando en su proximidad aromática recuerdos de moras y cerezas, fresa de mata, pétalos florales rojos y violetas, con un guiño que me recuerda a lavanda y que se alarga hacia un perfil de fragancia silvestre y de jardín.
La boca es jugosa, tiene una buena seña de acidez, desplegando puntos de frescura y acreditando unos giros un tanto percutores en cuanto a sensaciones alcohólicas que sin embargo no llegan a impactar en demasía. Tiene control, taninos golosos y marcados, con buena persistencia y de nuevo muchos descriptores florales y silvestres en su vía retronasal. Detallo violetas, pétalos de rosas rojas, jazmín, lavanda y un fino punto balsámico, no tan definido en la fase olfativa, que me ha recordado a eucalipto.
En su protagonismo retronasal de nuevo la fruta negra madura dominante.
Lo califico en esta añada 2014 como recomendable.
La syrah en versión nudista.

Tenuta Neri Àlma Merlot Rubicone 2012.




Mi agradecimiento a los responsables de este dominio vitivinícola italiano por su desinteresada colaboración con este blog mediante el envío de este vino tinto acogido a la indicación geográfica protegida Merlot Rubicone, que ya en su etiqueta predica con la expresión vino da uve stramature.
En edición de añada 2012, este vino se elabora con frutos vendimiados en parcelas formadas con suelos de composición arenosa, arcillosa y limosa, localizados a una altitud de doscientos cuarenta metros sobre el nivel del mar.
Acredita una maduración en barricas de madera de roble durante un periodo de tres meses, con un plus de afinado en botella de seis meses más, antes de su salida al mercado.
Álma es un vino que sorprende, uno espera lo que no es, ya que tras su cortina de vino tinto de merlot, se esconde una personalidad apropiada más para postres que para aperitivos y comidas. Es esa sobremaduración la que convierte al Álma de Tenuta Neri en un vino peculiar, poco dado a generalismos, y por ello puede que también a gustos mayoritarios.
En mi caso he percibido en copa parada un color apicotado oscuro, con algunos reflejos grana.
La primera aproximación aromática se muestra cerrada, diría que incluso tres meses de madera me parecen pocos, a juzgar por una primaria sensación en donde los aromas procedentes del roble se ciernen con pronunciada intensidad sobre la fruta.
Agitando y aireando la copa, comienzan a aparecer recuerdos de fruta negra madura, con algunos puntos terrosos y de hoja de tabaco, especiados dulces y memorias de cedro.
Boca golosa en primera instancia, con un punto de dulzor que sobrepasa a la acidez, la frescura se muestra un tanto reacia, con un paso de envolvencia, y un alcance del paladar que aparece con cierta nota de rusticidad.
Taninos golosos y con medio pulido, persistencia que tiene llegada y que deja paso a una retronasal en la que las frambuesas y las moras se sienten rodeadas de amplios repuntes especiados, tostados, de tabaco y madera.
No es un vino rutinario, tiene empaque, aunque a mi juicio demuestra, a través de la sobremaduración un punto más empalagoso que equilibrado.
No es mi estilo, y lo califico como aprobado justo, ya que a ratos el grado alcohólico se muestra un tanto percutor.



miércoles, 25 de febrero de 2015

XVI Semana del Vino de Ollauri / El Vino de Rioja de la Guerra Civil a la Transición - Carlos Echapresto.





Hay ocasiones en las que la cultura del vino se engrandece sólo por la pasión que demuestran sus gentes. Eventos como La Semana del Vino de la localidad riojalteña de Ollauri, con una regular y eficiente organización añada tras añada, y no me cansaré de repetirlo con terquedad; gracias al tesón y el buen hacer de mujeres como la alcaldesa del municipio María Luisa Ruiz Nanclares, Carmen Enciso, Cristina Hernando Castillo ó Allende Pérez Medrano, demuestran a las claras y también a las maduras que el universo de la cultura vitivinícola no es siempre una simple cuestión de glamour. Quienes amamos al vino y al Rioja sabemos que más allá de los intereses mercantilistas se esconde la simplicidad mediante el esfuerzo, porque a fin de cuentas organizar una semana que tenga como principal protagonista al vino no es boutade, antes bien y sin caer en la milonga de impresionar sin más, es un ejercicio de pasión, de preparar ponencias llenas de interés, como la que el sumiller y restaurador riojano Carlos Echapresto llevó a cabo en poco más de una hora, en la lluviosa tarde noche de ayer.
Interesante relato apoyado en proyección, a través del que Echapresto detalló las diferentes etapas de la historia del vino de Rioja, desde la fraticida guerra civil española, hasta la más cercana y tranquila transición.
Ilustrando la viva disertación con fotografías de viejas etiquetas de Rioja, botellas de su colección particular; la oratoria de quien es probablemente uno de los mejores profesionales de la sumillería riojana sacó a colación detalles precisos, adornados de algo de anecdotario, mencionando la famosa añada de 1970 conocida como La Milagrosa, ofreciendo a los presentes detalles como el de la primera expedición a los Estados Unidos de América por parte de miembros oficialistas de la denominación que lograron incrementar las ventas del vino de Rioja en aquel país cuando aún el tema de la exportación estaba en mantillas, destacando la figura del primer presidente del consejo regulador, Don Antonio Larrea, quien fuera más técnico que burócrata a mayor gloria del Rioja, ó mencionando las viñas que se arrancaron durante la posguerra por orden del ministerio franquista de la época, que buscaba más cereal que fruta, en un intento por paliar la escasez de alimentos de primera necesidad.
Detalles todos ellos que Echapresto fue desgranando junto a la famosa visita de Hemingway a Paternina, las gloriosas épocas del Banda Azul de esta misma bodega ó las reseñas peculiares que la historia nos ha dejado impresas en viejas botellas de esta tierra, con especial y divertida mención al vino pastoso, curiosa alternativa al vino fino de Rioja.
La ponencia de Echapresto se hizo amena y es que para algunos, cuando el tema de conversación es el vino, el tiempo transcurre demasiado rápido.
Dos viejas añadas de Rioja presentes en la sala para gozo y disfrute de todos los presentes, una edición 1966 de Bodegas Laturce y un reserva 1978 Viña Albina de Bodejas Riojanas, completaron el evento.
El primero de ellos originario de Oyón, con una marca que hoy en día pertenece a El Coto de Rioja, recién descorchado muestra un primario cierre aromático que va desterrando su influencia con pocos segundos de agitado en copa, abriendo paso a recuerdos de fruta roja madura y ligeramente confitada, con algunas señas finales de granos de café y frutos secos, almendra tostada. Declinación de sazonado, buena esencia de ciruelas rojas y guindas licorosas.
La boca sorprende por una agradable viveza, en donde la acidez y las golosas notas se entremezclan, taninos golosos y pulidos, paso fluído y dinámico, buena seña de persistencia.
En la retronasal se aventuran memorias de ciruelas rojas, cerezas y guindas, con una huella tostada y cafetera, afirmando la influencia de la madera, pero destacando la fruta madre y afirmando hacia el final un punto sugerente balsámico y de raudo amargor, que prolonga sus sensaciones.
Un vino que por aspecto bien pudiera emparentarse con una pinot noir borgoñona y que por aroma y sabor, bendita sapidez; acredita, tal y como manifestó el propio Echapresto, la presencia de una admirable garnacha riojana. Junto a ella, tempranillo y tal vez, mazuelo.
El segundo, un clásico de Bodegas Riojanas, me pareció en peor momento de forma que el Laturce, algo en el que no todos coincidimos.
Más ocluso en su primera proximidad, y aunque agitamos la copa, a mi juicio tenía un punto alcohólico algo desconsiderado para el paladar. Con la tempranillo mayoritaria, escoltada en menores proporciones por mazuelo, graciano e incluso viura. Roble americano, con una presencia en copa que apunta cromática rubídea y ligeramente teja, primer recuerdo de fragancia que se adapta a sensaciones procedentes de la madera que parecen robar protagonismo a la fruta, en una segunda proximidad y tras airearlo abre escena para la fruta roja madura, en compañía de especiados y tostados. Hay algunas muescas de tocador, fondo de baúl, hierbas aromáticas y flores un tanto marchitas.
La boca tiene algunas destrezas en cuanto a acidez, pero le falta la viveza que demostró su antecesor en la cata, aparece algo más apagado. Punto de licorosidad, algo de sequedad en su alcance del paladar, taninos golosos y menos pulidos de lo imaginado, con los recuerdos retronasales que confirman los descriptores aromáticos y añaden algunos guiños más marcados de fruta roja.
Un vino algo irregular en su progresión de cata, que no calificaré a título personal por considerarlo no en plena capacidad.
En cuanto al Laturce 1966 lo califico como muy recomendable y sin duda, meritorio.
Lo dicho : da gusto encontrarse con estas gentes de Ollauri, con un profesional como Echapresto, y durante un buen rato escuchar, catar y hablar de vino.
Como bien manifestó Echapresto en una entrevista pasada : "mucha gente bebe vino de oídas, más por la etiqueta que por el líquido. Hay cultura de marca y falta conocimiento".
Para paliar ese déficit, existen eventos como esta Semana del Vino de Ollauri, que un año más recomiendo a quienes deseen seguir aprendiendo de las fuentes de esta fascinante cultura, la misma que a algunos nos sigue sorprendiendo día a día y con la que, sin lugar a dudas, uno siempre se siente un poco más feliz.
Gracias a la organización. Lo dije y lo digo : siempre con Ollauri.

martes, 24 de febrero de 2015

Domaine Huet Clos de Bourg Vouvray Sec 1993.


Siempre es positivo compartir grandes vinos con los amigos catadores. Esto mismo es precisamente lo que hicieron hace pocas fechas Chus y María, facilitando así que pudiera catar y degustar un vino blanco seco de la apelación Vouvray, en edición de añada 1993.
Un chenin blanc apasionante que faculta la personalidad de la varietal, con esa característica y consolidada frescura, con esos aromas a frutos secos tan destacados, con una punta de melosa untuosidad llena de franqueza y con una condición equilibrada que en Domaine Huet saben destacar.
Nota golosa, con el guiño de azúcar a Dios gracias nada disimulado, potenciando una larga seña, compitiendo con las trazas de acidez hasta lograr un conjunto elegante y distinguido.
Descubro que el tiempo ha tratado bien a esta vino de la cosecha 1993, que elaborado con frutos vendimiados en una parcela de dos hectáreas y media, suelos poco profundos de composición arcillosa y contacto con roca; refleja una cromática de lógica evolución, amarillo dorada; explicando en la aromáticas sensaciones francas de confitura de limón, piña y mandarina, manzana reineta, algunas flores blancas y amarillas, tonos navideños acompotados, balsámicos ligeros, hidrocarburos, algunos especiados dulces, frutos secos, membrillo y al final una apoteósica seña de sugerente mineralidad, que profundiza en una evocación de roca levemente salina.
Boca que arranca emotiva, no demuestra ancianidad, ni siquiera incipiente, apuntala mediante una punta de acidez toda la personalidad de la chenin blanc, con untuoso avance, la fruta predominando, alzando su cabeza y dejando claro que me quiere impresionar.
Muy franca persistencia, en la retronasal destaco recuerdos de confitura cítrica, alguna seña tropical y de fruta blanca, flores, especiados dulces, avellana, resinas y guiño de barniz menor, finalizando de nuevo con una impactante huella de mineralidad complejidad, que sin duda avala al Clos de Bourg de Domaine Huet.
Lo califico en esta añada 1993 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Muy buena conservación para un vino de campanillas.