domingo, 23 de abril de 2017

Bodegas Castillo de Mendoza Noralba Blanco Fermentado en Barrica 2016.




Vino blanco seco elaborado en perfil monovarietal con uvas de la casta viura, procedentes de vendimia manual en viñas centenarias propiedad del dominio que son manejadas mediante procesos agrícolas ecológicos. Mesa de selección durante la recepción del fruto en bodega, con despalillado y prensa suave para la obtención del mosto flor. Después de la fermentación alcohólica se mantiene el vino en barricas de madera de roble centroeuropeo durante un tiempo que oscila entre los cuatro y seis meses, removiendo las lías con una periodicidad semanal.
En copa parada pincela una cromática amarillo pálido, con buen brillo y reflejos acerados, destacan en la cercanía aromática nostalgias cítricas suaves, con notables recuerdos a manzana golden, ciruelas claudia y peras de agua, frente balsámico del que resalto testigos olfativos anisados, alguna resina menor. Equilibrado, deja un sello tostado menor que se cobija en evocaciones de piñones y nuez. La boca recrea jugosas sensaciones, buen despliegue de frescura, paso medio graso, evidencia una acidez prolongada y fina, indudable elegancia, con buena persistencia y una retronasal que apunta en dirección a limón, fruta blanca de pepita y ciruelas claudia en sazón. Finaliza con un gesto balsámico que incluye un comedido punto amargoso y una lejana salinidad que le da mayor categoría expresiva.
Lo califico en esta añada 2016 como muy recomendable.

Bodegas San Prudencio Cueto Crianza 2013.




Del trabajo y la pasión por la viña de la familia Sáenz López y con el motor profesional de Rubén Sáenz, licenciado en enología por la Universidad de La Rioja, surge este Cueto, vino tinto crianza en edición de añada 2013, amparado en la peculiar personalidad de viñedos de montaña, tal y como refleja la etiqueta que cubre parte de la botella. Cueto es la referencia histórica de esta bodega familiar ya que fue su ópera prima allá por la edición de vendimia 2001 cuando Rubén y su hermano decidieron dedicar su labor profesional diaria al viñedo y la bodega. De Monte Laturce, pequeña bodega relacionada con la localidad natal de la familia, Clavijo, en el año 2005 pasan a Moreda, localidad alavesa en donde adquieren la bodega San Prudencio.
Estamos delante de un vino que se elabora mediante una conjunción varietal de uvas de las castas tempranillo, garnacha, graciano y mazuelo, legendario coupage de Rioja, fruta que cumple la premisa de tener su origen en cepas localizadas a una altitud media sobre el nivel del mar que supera los seiscientos cincuenta metros. Doce meses de maduración en barricas de madera de roble y medio año adicional de afinado en botella antes de su salida al mercado.
En copa parada muestra un cromatismo picota intenso, con reflejos grana, nariz en la que surgen recuerdos de fruta roja en sazón, especiados dulces y tostados que aparecen en segunda instancia, por delante de un fondo balsámico y algunos testigos aromáticos que evocan miga de pan y torrefactos suaves. Correcto en el equilibrio, siempre dando unos minutos de aireación, sabroso durante el arranque en boca, buena frescura y un tramo cálido, paso untuoso y taninos que se muestran golosos y finos. Tiene una buena traza de persistencia, dejando en la retro nasal recuerdos de cerezas y ciruelas rojas, alguna suave confitura, vainilla y regaliz, apuntando en el final memorias de pan tostado, granos de café y una afable personalidad.
Amable y muy Rioja, lo califico en esta añada 2013 entre recomendable y muy recomendable.

sábado, 22 de abril de 2017

Bodega Virgen de la Vega Dominio de Arus Blanco 2016.




De la bodega cooperativa Virgen de la Vega de Haro, llega al mercado este vino blanco seco monovarietal de la perla blanca de Rioja, elaborado con fruta procedente de viñas localizadas en el entorno de la localidad jarrera. Un vino blanco fermentado en barrica que se apoya en uvas de viura que acreditan un rendimiento de siete mil quinientos kilogramos por hectárea. Tras la recepción de la fruta en bodega se lleva a cabo un prensado seguido por un desfangado estático en frío y un trasiego a barricas de madera nueva de roble americano y grano fino. Inicia la fermentación alcohólica controlando la temperatura, evitando después la maloláctica y llevando a buen término durante cuatro meses la crianza del vino, con battonage semanales y situación de las barricas en el exterior de la bodega, motivando así un estabilizado y clarificado naturales. Trasiega final, con separación de las lías y embotellado, pasando dos meses de afinado antes de su salida al mercado.
En copa parada muestra una cromática amarillo pajizo brillante con ligeros reflejos verdosos, nariz que aparece poblada de recuerdos cítricos, manzana y detalles herbales suaves, insinuaciones de membrillo y heno, con fondo anisado y algunas señas tostadas más lejanas.
Entrada en boca que describe frescura, paso untuoso, con buen despliegue de acidez, ritmo sostenido, amplio en sus formas, buena balanza entre fruta y madera, tiene llegada y alcance. Correcto en su ciclo gustativo de cata, apunta en la retronasal evocaciones de limón, manzana, ciruelas claudia y el ya mencionado membrillo, este en menor medida que el resto, tonos herbales y de heno, con resinas e hinojos en el punto central, finalizando con nuez y almendra, guiño tostado fino y una continuidad ligeramente amargosa que le da personalidad y prolongación.
Lo califico en esta añada 2016 entre recomendable y muy recomendable.
Buena integración de las influencias del roble americano.

Weingut Heribert Kerpen Graacher Domprobst Riesling 2012.




Ocho generaciones de la familia Kerpen, con doscientos cincuenta años de historia relacionada directamente con la elaboración vinícola y el manejo vitícola, han levantado monumentos como este vino blanco monovarietal de la casta riesling que hoy ocupa el protagonismo de mi blog. Edición de añada 2012 elaborado con fruta procedente del Mosel alemán, que tras el descorche inicial muestra en copa parada un cromatismo amarillo con reflejos glaucos, brillante y pálido, deslizando en la proximidad aromática recuerdos cítricos suaves, buen destello de pétalos florales blancos y amarillos, matices silvestres menores, algunos balsámicos y un fondo que se asienta en evocaciones de crema de  frutos secos, bizcocho y panadería.
La boca es golosa, con las notas de la riesling bien decretadas en la expresión gustativa, hay una longitudinal seña de acidez, frescura por los cuatro costados y un guiño fenólico en el alcance del paladar, aunque en ligera marca. Hay volumen y equilibrio, con paso graso y un concepto de suave cremosidad que se conjuga con la exaltación frutal y da brillantez a su exhibición.
Buena llegada y alcance, ritmo sostenido, con notable persistencia, apunta en la fase retronasal nostalgias de manzana, limón, pera de agua, pétalos de rosas blancas, alguna mueca tropical menos intensa, pastelería y cremas de avellana. Fondo balsámico y cierto eco de salinidad en el epílogo. Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.

viernes, 21 de abril de 2017

Ostatu Editora de Vinos Laderas de Ostatu 2011.





Siempre me encanta armonizar algunos de los vinos que cato. De hecho en el pasado existe en este mismo blog una entrada que hermanaba Laderas de Ostatu 2008 con un buen plato de lentejas procedentes de métodos de cultivo ecológico. En esta ocasión la edición de añada 2011 del Laderas de Ostatu tuvo de acompañante a un arroz de pescado de personal manufactura, sabor y genio.
Esta referencia de la bodega que dirige la familia Sáenz de Samaniego refleja siempre una bendita personalidad propia, en la que la fruta protagoniza el disfrute, con unos parámetros de golosas maneras que resultan dignas de aplauso y admiración. Uno de los valores seguros de Ostatu que se elabora mediante una conjunción varietal, en donde la tempranillo resulta base mayoritaria, con un aporte adicional de viura en cantidad del tres porcentual. Fruta procedente de la parcela, propiedad del dominio, denominada El Portillo, que se encuentra ubicada a una altitud de seiscientos veinte metros sobre el nivel del mar, asentada en suelos de componente arcillo calcáreo, y roca blanca en el subsuelo. Viñas dispuestas en laderas, orientadas al sur y bajo la protección de pequeñas cumbres que las rodean. Se trata de un viñedo que acredita una fecha de plantación que se remonta al año 1967, con una densidad de tres mil cepas por hectárea y una producción de poco más de cuatro mil quinientos kilos por cada idéntica medida de extensión.
Iñigo Sáenz de Samaniego procede con una selección de uva a pie de campo, vendimia manual y ligero despalillado cuando la fruta llega a las instalaciones de bodega. Macerado en frío antes de comenzar la fermentación alcohólica que se lleva a buen término en tinas de roble de poca capacidad, durante quince días siempre controlando la temperatura. Remontados y bazuqueos regulares y maloláctica posterior en barricas de madera nueva de roble francés procedentes de seis tonelerías diferentes, Sylvain, Millets, Daranjou, Taransaud, Seguin Moreau y François Freres.
Tras catorce meses de permanencia en barrica y sin aplicar filtrados ni estabilizados, se lleva a cabo el embotellado que en lo que corresponde a esta edición de vendimia tuvo lugar en el mes de junio de 2013. Dos mil seiscientos ochenta botellas de las que me correspondió, la número ochocientos sesenta y cinco. Tras el descorche, en copa parada afirma un cromatismo picota intenso y violáceo, concentración estética, nariz que asoma nostalgias de fruta roja y negra en sazón, amplitud de recuerdos a cerezas, fresas, ciruelas rojas y negras, segunda instancia floral muy suave, incluso descubro algunos guiños silvestres menores, con fondo balsámico profundo y especiados dulces lejanos que ni influyen en la personalidad de la fruta ni llegan a escoltarla. Es tanto el aire de tempranillo que surge del interior de la copa que enamora por su condición de franqueza varietal, sin complejos ni celosías. Boca sabrosa, con densidad frutal, buena sensación de frescura y traza longitudinal de acidez, magnífico volumen, estructurado, sugerente, con los taninos golosos y pulidos. Estupenda seña de persistencia, carnoso, con la exhibición de las drupas planteada con mucho estilo. Retronasal que habla de frutas rojas y negras en sazón, pétalos florales rojos y violetas, alguna mueca de matorral, regaliz y un punto especiado dulce que redondea el conjunto. Finaliza con una clave mineral de terruño, evocaciones gredosas afables y estilizadas.
Buen alcance y magnífica sapidez en la llegada.
Lo califico en esta añada 2011 como más que muy recomendable.
Del viñedo localizado a más altura de cuantos defiende en propiedad la familia Sáenz de Samaniego, un vino que me ha entusiasmado.

jueves, 20 de abril de 2017

Bodegas Campillo Blanco Fermentado en Barrica 2015.




Vino blanco seco monovarietal de la casta viura, que Bodegas Campillo defiende en el mercado, previo proceso de elaboración que incluye veinte días de fermentación alcohólica en barricas de madera nueva de roble francés, permaneciendo algo más de cuarenta días en idénticos continentes, mediando removidos periódicos de las lías.
En copa parada afirma un cromatismo amarillo brillante y pálido, con tonalidades cetrinas, apunta en la cercanía aromática recuerdos de fruta blanca de pepita, guiños cítricos y algunas brisas de almendras tostadas, piñones y flores blancas. Fondo balsámico que marca nostalgias de hinojos y que prolonga la expresividad del vino. Amplio en cuanto a fruta en el arranque en boca, despliega una buena traza de acidez, frescura y un punto graso en el avance, largo en las formas, goloso y con una buena estructura. Equilibrado, se notan las influencias de la madera, pero es siempre la viura quien dentro de su capacidad expresiva varietal condiciona la cata gustativa.
Tiene media alta seña de llegada y alcance, con la retro nasal inspirada en evocaciones de manzana golden, limón y ciruelas claudia en sazón, más lejana nostalgia de membrillo, con frutos secos tostados en la continuidad que se aclimatan junto a un fondo cremoso y un eje anisado sugerente. Vino cómodo, agradable, que en el epílogo señala notas de sabroso amargor.
Lo califico en esta añada 2015 entre recomendable y muy recomendable.

Albet i Noya Lignum! Negre 2013.




El Lignum Negre de Albet i Noya en la edición de añada 2013 se escenifica mediando una conjunción varietal de las castas cabernet sauvignon, garnacha, merlot, syrah y ull de llebre, fruta vendimiada en las parcelas propiedad del dominio Els Fondos, Camp Eloi y Rera El Poste, procedente de cepas que se asientan en suelos de componente arcillo calcáreo, orientadas cardinalmente al sur, suroeste, y situadas a una altitud media de trescientos veinte metros sobre el nivel del mar.
Tras la vendimia y el traslado de la cosecha a bodega se procede con un proceso de vinificado tradicional que incluye una fermentación alcohólica que se prolonga bajo control de temperatura durante una semana. Maceración con dos remontados diarios que se extiende entre doce y catorce días y maduración final de doce meses que tiene lugar en barricas de madera de roble francés Allier de doscientos veinticinco litros. Antes de embotellar se realiza un ligero filtrado, afinando en botella durante cuatro meses antes de su salida al mercado.
En copa parada escenifica una cromática picota con reflejos púrpura y grana, nariz en clave de fruta negra y roja en sazón, algunos pétalos florales rojos y un matiz que me deja evocaciones de regaliz, especiados y tostados suaves que redondean el conjunto y lo dotan de personalidad, con la influencia del roble en segundo plano. La boca es amable desde el arranque, apuntaba buen punto de frescura, la traza de acidez prolongada, tiene media seña de volumen y una buena estructura. Taninos golosos y pulidos, persistente en media alta intensidad, con la retronasal hablando de cerezas, arándanos y frambuesas, matices silvestres y florales en segunda instancia, regaliz, vainilla, frutos secos tostados y en el fondo una evocación amable de cacao.
Sapidez final, buena llegada.
Lo califico en esta añada 2013 entre recomendable y muy recomendable.

miércoles, 19 de abril de 2017

Bodegas Gordonzello Peregrino Rosado 2016.





Durante mi reciente visita de Semana Santa a la ciudad de León, allá donde la pulchra leonina se eleva orgullosa desde sus cimientos, fui recibido con culinario estruendo por un buen plato de cecina al que acompañaba en la cercanía una botella de vino rosado de prieto picudo, que en la edición de añada 2016 pude catar y degustar gracias a la generosa aportación de Javier De Paz y Sonia Garrido, propietarios del establecimiento bautizado como La Tertulia, localizado en el número diez de la calle Fray Luis de León, lugar que desde aquí recomiendo por sus sabrosas tapas y su buena selección de vinos y vermús. El vino rosado de Bodegas Gordonzello elaborado en perfil monovarietal con uvas de la casta prieto picudo, vendimiadas en parcelas propiedad del dominio situadas en el municipio de Gordoncillo, junto al cauce del río Cea, ubicadas a una altitud sobre el nivel del mar de setecientos cincuenta metros. Influencia climatológica continental, inviernos fríos y veranos cortos y calurosos, cepas asentadas en suelos de origen cuaternario dispuestos en terrazas aluviales con canto rodado en superficie y componente franco arcilloso y algo de arena fina.
En su proceso de vinificado se emplea la técnica del madreo, consistente en el añadido al mosto de un diez por ciento del volumen del depósito de racimos enteros sin despalillar.
En copa parada afirma un cromatismo rosa frambuesa intenso y brillante, reflejos de fresas tonalidades, esgrime en cercanía a nariz recuerdos de frutas rojas en sazón, aires golosos, segunda instancia que recrea notas de pétalos florales y centro balsámico. Buen equilibrio con la fruta predominando. La boca inicia con frescura y golosas notas, buen despliegue de acidez, hay una estupenda balanza gustativa, incorpora en el alcance del paladar algunas sensaciones amargosas muy sugerentes que redondean la exhibición. Sabroso y con buena clave de persistencia, tiene alcance y llegada. Retronasal que habla de fresas de mata, cerezas y frambuesas, franco en su expresión sin atisbos de levaduras extrañas, anotando en segundo plano pétalos de rosas rojas y blancas, anisados ligeros y buena sapidez. Consistente y sostenido.
Lo califico en esta añada 2016 como muy recomendable.
Con un trozo de pan y una pizca de cecina crea un matrimonio digno de aplauso.
Magnífica propuesta.

martes, 18 de abril de 2017

Compañía de Vinos de Telmo Rodríguez Gazur 2013.




Referente de la denominación de origen Ribera del Duero, realizado y editado por el prolífico Telmo Rodríguez con sede en el municipio de Pesquera de Duero. Gazur, en edición de vendimia 2013 se presenta en perfil monovarietal ensalzando a la uva tempranillo. Fruta procedente de vendimia en diferentes parcelas localizadas dentro de la denominación, ubicadas en las provincias de Burgos, Soria y en el término municipal de Aranda de Duero, asentadas en su mayor parte en terrenos con componente calcáreo. Tras una selección de la uva a pie de viña, se procede con una vendimia manual y ya en la bodega de elaboración con un vinificado de perfil tradicional que incluye fermentación alcohólica bajo control de temperatura en depósitos de acero inoxidable y de cemento, madurando durante un periodo de entre cuatro y seis meses en cubas de cemento.
Copa parada esgrime una cromática picota intensa con reflejos púrpura, nariz bien afinada, con nostalgias de fruta roja madura, flores suaves en segundo plano, marcando un buen eje central balsámico y un fondo que deslumbra por una naturaleza amplia y fresca. Vino limpio, sin máscaras, compilando la idiosincrasia de la zona a la que pertenece y el vigor perfumado de la tempranillo.
Entrada en boca que recluta guiños jugosos y buen músculo, viveza en el paso, con un punto ligero de licorosidad y una estupenda estructura. Despliega la acidez con pulso firme y exhibe unos taninos golosos y ligeramente marcados, pero en todo caso bien integrados en el conjunto. Apreciable y consistente persistencia, dejando en la fase retronasal evocaciones de ciruelas rojas y cerezas, pétalos florales rojos y una longitudinal expresión balsámica que alarga su expresividad.
Alzada la tempranillo de principio a fin, buen alcance final. Un vino de Ribera del Duero que encandila por su nervio y sabrosa propia personalidad. Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

lunes, 17 de abril de 2017

Bodegas y Viñedos Pujanza Hado Cosecha 2014.




El Hado en edición de añada 2014 de Carlos San Pedro, es uno de esos vinos que se disfruta de principio a fin. Elaborado en modo monovarietal con fruta de la casta tempranillo, cosechada en viñas de la propiedad que se asientan en suelos de componente arcillo calcáreo y que se ubican a una altitud media de seiscientos metros sobre el nivel del mar, perfila un carácter de los que algunos denominan de terroir y que yo prefiero articular con el término zonal. Porque si hay algo que describe la obra de Carlos es precisamente la indudable afirmación que sostiene en cuanto a la identidad de la zona alavesa de la denominación de origen. Como un vaso comunicante, el nervio y la frescura que de un modo solemne y nada complicado traslada el vino al catador y degustador, se afianzan desde el interior de la copa y despliegan todo su potencial.
Tras la vendimia manual se procede en bodega con un macerado de cinco días y una fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, controlando la temperatura y con remontados diarios. Maloláctica en los mismos continentes y posterior crianza en barricas de madera de roble francés que se prolonga durante doce meses.
No me gusta tener que decirlo ya que entre otras cosas es probable que más de un listo de esos que pululan por los curvos caminos de la divulgación vitivinícola, cada día abundan más; lance enseguida una crítica sabionda y relamida. Lo cierto es que la fruta que San Pedro emplea para dar luz a este Hado surge de los descartes que él mismo realiza tras seleccionar las uvas que dan vida a sus dos glorias, a saber el Finca Valdepoleo y el Viña del Norte. A mi el resultado final ni me parece fruto de descarte, ni me supone un deficit de calidad. Al contrario, la calidad de la tempranillo que resplandece en este vino es óptima, digna de excelencia.
Copa parada que exhibe un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos púrpura, descripción aromática que muestra nostalgias de fruta roja y negra en sazón, evocaciones balsámicas y silvestres, fondo tostado que apunta brisas torrefactas y panadería. Sugerente apéndice licoroso que prolonga la fragancia. Boca sustanciosa y jugosa, despliega una sabrosa acidez y un guiño cálido, estupenda estructura y tanicidad golosa y afinada, franqueza en la persistencia, con pegada y alcance. La retronasal habla de cerezas, ciruelas rojas y negras, moras, con un segundo plano en el que se evocan retornos anisados ligeros, regaliz, nuez y pan tostado, esbozando en el epilogo una seña de granos de café.
Esplendosa tempranillo, musculosa y muy sugerente.
Califico esta añada 2014 del Hado entre muy recomendable y más que muy recomendable.

Bodega Descendientes de J. Palacios Pétalos del Bierzo Añada 2014.




Aquella lejana añada 2008 que caté en tiempos pasados y cuya crónica de cata figura en una pretérita entrada de este mismo blog, me dibujó siempre en mi opinión personal, un vino un tanto desconcertante, que imprimía un ritmo demasiado veloz y cambiante durante su análisis. Lo que entonces califiqué como brusquedad en su expresión, hoy y con esta edición de cosecha 2014 ha variado sustancialmente. Tengo un recuerdo eficiente de aquella ocasión porque en realidad y habiendo catado el vino en compañía, fuimos yo y un buen amigo enólogo y catador los únicos del grupo reunido en desconcertarnos. Ahora, que lo he catado en solitario, veo bastantes más virtudes al vino que me contempla desde el interior de la copa. Notas aromáticas cerradas de inicio al margen, los minutos de paciencia y aireación tan habituales últimamente en mi proceder, dan buenos frutos. La fruta abraza el paisaje, llena boca y paladar y se hace con nuestra atención de un modo efectista. La explosión carnosa de las drupas es equilibrada, y tras ella surgen las influencias beneméritas y bien proporcionadas de la madera. Base mayoritaria de la casta mencía con aportes complementarios de alicante bouschet y uvas blancas, fruta procedente de viñas viejas que acreditan una edad que oscila entre los cuarenta y noventa años, bajo rendimiento y asiento en suelos de componente pizarroso con presencia de cuarcitas, arcillas y areniscas. Disposición en laderas e influencias de climatología continental con marcadas notas atlánticas.
Vendimia manual con selección de la uva a pie de campo, traslado a bodega y despalillado, con paso a tinas de madera y de acero inoxidable, abiertas, donde mediando bazuqueos se lleva a cabo la fermentación alcohólica durante un periodo de poco más de veinte días. Malaoláctica en idénticos continentes pero en esta ocasión cerrados, finalizando con una maduración en barricas de madera de roble francés que se prolonga durante diez meses.
En copa parada exhibe un cromatismo picota de notable intensidad, con reflejos púrpura, señal óptica de gran concentración, nariz que recoge nostalgias de fruta negra y un atisbo de roja, licorosas, con buen punto ahumado etéreo, termina desvanecido, recrea notas tostadas y algunos espaciados ligeros, fondo balsámico y algunas credenciales de mineralidad que en el paso gustativo se hacen más intensas. Boca sabrosa desde el arranque, tiene viveza y envolvencia, con una buena traza de acidez, la fruta llena, explota en el paladar, como si fuera una alfombra roja que se extiende en el avance. Taninos golosos y pulidos, longitud y persistencia. La retronasal habla de nostalgias a moras, cerezas y arándanos, guiños de almendra tostada, regaliz y algunas señas que evocan té rojo, salpimentados y al final un recreo terroso y de pedernal húmedo.
Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.