sábado, 1 de octubre de 2016

Bodegas Lerma Gran Lerma Finca El Borro Tempranillo 2011.





Agradezco a todo el equipo profesional y humano de Bodegas Lerma su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediando el envío de varias referencias, algunas de las cuales ya caté y comenté en este blog, en entradas precedentes. Bajo la responsabilidad enológica de Oscar Navarro, este Gran Lerma, responde al calificativo de vino de autor, el mismo que suelo criticar por no ser de mi gusto. Es un hecho que todos los vinos tienen uno ó varios autores, y en mi opinión, ese concepto desvirtúa en alguna medida lo que yo entiendo por vino, que no es sino la consumación de varios factores, muchos de ellos incluso más relevantes que la mano del hombre.
Hecha la crítica, que como siempre pretendo que sea constructiva, añado que estamos delante de un vino tinto monovarietal de la casta tempranillo, en cuya elaboración hay espacio inicial para pequeños depósitos en donde los racimos previamente seleccionados y enteros reciben un pisado parcial y diario, hasta que comienza el proceso de fermentado alcohólico. Descube a los quince días, con maduración de veinticuatro meses en barricas de madera de roble francés de diferentes procedencias.
Tras el descorche y con el primer servicio en copa, apunta un cromatismo apicotado de notable intensidad y brillo, con reflejos violáceos e incipientes púrpuras, crea en la cercanía aromática recuerdos de fruta roja y negra en sazón, algunos pétalos florales rojos en segunda instancia, abriendo un centro de fragancia balsámico y algunos retornos especiados dulces, que se conjuntan con torrefactos y frutos secos. Los descriptores frutales van armándose, a medida que la copa recibe aireación, de una brisa licorosa. Intenso y con una media complejidad, que en cualquier caso resulta franca. Boca golosa, aquí las notas de fruta licorosa se muestran más marcadas, con despliegue de acidez y un breve punto graso. Taninos maduros y pulidos, con una persistencia expresada en buena condición. Retronasal que describe nostalgias de cerezas, guindas y ciruelas negras y rojas, tostados y fino tono láctico que se une con claves especiadas dulces. Fondo balsámico, regaliz, y un final que acredita una sugerente sapidez.
Equilibrado en su balanza fruta madera, lo califico en esta añada 2011 entre recomendable y muy recomendable. Tal vez le podría pedir un afinado mayor en cuanto a la expresión licorosa.

Domaine de Malavieille Louise Rouge 2015.




Garnacha, syrah y carignan para un vino del Languedoc, con aires lucianais, y perfil de límpida fruta. Este Louise del dominio vitivinícola Malavieille anuncia desde el primer instante, tras su descorche, una sabrosa naturaleza, un curioso apunte que habla de la ausencia de sulfitos y otro al mismo tiempo y en rústico pegote al margen de la contraetiqueta que afirma que sí los hay. Cuarenta miligramos por litro, esa es la verdad. Por ello el pegote es preceptivo.
En todo caso, y teniendo en cuenta que quien escribe la presente ya tiene cierta andadura en los vinos naturales que pueden acreditar una medida inferior a los diez miligramos por litro, puedo garantizar que tras la cata de este vino tinto del Languedoc, la sensación es la de estar delante de un vino natural carente de anhídrido sulfuroso ó al menos en una medida de las permitidas, por debajo de ese límite justiciero que diferencia el sí del no.
Cultivo ecológico del viñedo para un representante de una zona de Francia que cada vez se encuentra más arriba en los parámetros de calidad en lo que a sus vinos y bodegas se refiere, ó al menos a mi así me lo parece.
En copa parada esgrime un cromatismo apicotado de buena intensidad, sensación estética de pureza, con reflejos violáceos. Nariz que amanece inspirada en nostalgias de frutas rojas y negras maduras, balsámicos acompasados, dando a los descriptores de las drupas un punto de personalidad. Tiene en segundas cercanías aromas que recuerdan a flores rojas, especiados varietales y un guiño final ligeramente vegetal. En todo caso, expresa en nariz mucho equilibrio, con la fruta alzada al primer plano. Goloso, sabroso, fino y suave en el avance, con una media traza de acidez, fluidez, taninos maduros y afables, y una media alta nota de persistencia. Retronasal que habla de frambuesas, cerezas y fresas de mata, regaliz y menta, dejando un espacio descriptor para pétalos florales rojos y en el epílogo una sugestiva cópula entre frutas y bálsamos, que prolonga su expresión y arranca aplausos.
Tiene un guiño muy lejano que trae nostalgias de pimienta negra, muy en clave varietal de la syrah.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Bodegas y Viñedos Pedro Casis / Casis Tinto Añada 2014.




Mi agradecimiento a los responsables de esta bodega leonesa, localizada en el término municipal de Gordaliza del Pino, en la ribera del Arroyo de Pozuelo. Fallecido en Abril de 2016, Pedro Casis, ha dejado un legado lleno de pasión por el campo y la viña. Cincuenta años de pasión vitivinícola le acreditan, junto al hecho de ser uno de los principales defensores de la varietal prieto picudo como uva de elaboración para vinos tintos, al margen de haber liderado el logro de la denominación de origen para las tierras de León. Casis era riojano de nacimiento y tras su toga de licenciado en químicas, se escondía una afable personalidad. Cuando llegó en el año 1964 a León, armó la dirección técnica de la Cooperativa Vinícola Unión del Páramo, en las lindes de su querida Gordaliza del Pino. Fue con la cosecha del año 2006 cuando este hombre de vino elaboró el primer vino tinto gran reserva de prieto picudo. Ahora, gracias a la amabilidad de su hija Ana, me llega el vino que protagoniza esta entrada de hoy en el blog, basado en una conjunción varietal de las castas mencía y prieto picudo, fruta procedente de vendimia manual y con una ligera maduración en barricas de madera de roble.
En copa parada exhibe un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos violáceos, nariz que describe recuerdos de fruta roja y negra maduras, segunda instancia con tostados suaves, seña torrefacta, dejando en clave central de la fragancia un tono balsámico, regaliz, que redondea el perfume. Buena balanza en la complejidad, anunciando en la entrada en boca sensaciones de frescura y jugosidad, longitudinal traza de acidez, buena envolvencia, hay estructura y unos taninos golosos y finos, avanzando en una estupenda persistencia. La retronasal habla de cerezas, moras y ciruelas negras, finas brisas tostadas y torrefactas, ampliando en descriptores balsámicos de regaliz, con un epílogo de sabroso amargor que aporta empaque y alcance a la cata.
Lo califico en esta añada 2014 entre recomendable y muy recomendable.
Fruta y equilibrio.

Fromage du Curé affiné au Muscadet.



De vez en cuando en las estanterías de algunos supermercados se encuentran pequeños tesoros gastronómicos que da gusto probar y compartir. Hace unos días me topé con un pequeño queso, escondido en uno de los rincones de uno de estos grandes establecimientos comerciales, un artesano manjar elaborado con leche cruda de vaca, de la que el elaborador artesano se aprovisiona en cisternas individuales que recorren las granjas de los productores de la zona de Pays de Retz, en el departamento francés del Loira Atlántico.
La historia de este pequeño capricho lácteo comienza allá por finales del siglo XIX, cuando en el municipio de Saint Julien-de-Concelles, Pierre Hivert siguiendo los consejos de un sacerdote rural comienza a manufacturar este queso. De ahí le viene el nombre, Fromage du Curé ó también Curé Nantais. Queso de corteza lavada, con la masa lisa y suave, à pâte molle que dicen los franceses, que se afina en sótanos que ofrecen garantías de temperatura y humedad, y sobre tablones de abeto. En el caso del queso que nos ocupa, el de la entrada de hoy en el blog, además entra en juego un afinado con moscatel. Exterior de cromatismo anaranjado, interior con pasta elástica, corteza rugosa, masa blanca ligeramente dorada, buena cremosidad, presencia de orificios, aromas ahumados y notas silvestres. En su contacto gustativo descubre sensaciones percutoras, comedidas pero profundas, con gestos picantes en el paso y paladar.
Leche de vacas montbéliardes que logra darnos un gran placer gastronómico, con este queso fastuoso, voluptuoso y que emite muchas sensaciones, sólo ó acompañado por un buen vino blanco dulce, tal vez uno idéntico al que le sirve de escudero en su afinado.
¿Con la Iglesia hemos topado?.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Domaine du Cellier des Cray La Cuvée des Gueux Blanc 2014.




Tras cerca ya de los diez años cultivando su viñedo de cinco hectáreas y media, localizado en Chignin, comuna francesa situada en la Savoie, departamento del este del país, en la región de Auvergne-Rhône-Alpes, Adrien Berlioz plantea en este vino la condición de la casta blanca jacquère, también conocida como roussette, Martin Cot y Molette de Montmelian.
Hace pocas fechas publiqué en este mismo blog una entrada con otro vino portador de modo monovarietal de esta misma varietal, y tras degustar este La Cuvée des Gueux en su edición de añada 2014, vuelvo a insistir en mi sensación de estar delante de un tipo de uva blanca que formula vinos muy emparentados con los que en Rioja surgen de la casta viura. Es más, a ciegas, considero que podría llevar a una inocente confusión entre ambas.
Chignin es además de una localización geográfica, una apelación de origen, desde que en el año 1973 le fuera concedida tal condición. Cubre de modo aproximado doscientas treinta hectáreas de plantación y representa de forma mayoritaria vinos blancos, todos ellos elaborados a partir de la misma varietal, la jacquère, aunque sobre el terreno también se pueden distinguir viñas de chardonnay, aligoté y la altesse.
Un vino este que hoy planteo, de vigneron paysan, calificativo con el que Berlioz se siente muy a gusto. Tras la cosecha manual, cuando la uva llega a bodega, se procede con una inicial mesa de selección y una posterior prensa neumática, que trabaja con suavidad y obtiene el mosto, limitando al máximo el contacto del aire usando para ello incluso la atmósfera de nitrógeno. El vitivinicultor de la Savoie acostumbra, tras el proceso de fermentación alcohólica con levaduras autóctonas, a incluir en sus elaboraciones de vinos blancos también la maloláctica.
Para esta elaboración, Adrien cuenta con la ayuda y colaboración de su primo Gilles.
Investigando más a fondo las particularidades de este vino, termino por descubrir que algunos pequeños aportes complementarios de las varietales altesse y roussane, escoltan a la base mayoritaria, que como ya escribí al comienzo está formada por uvas de la jacquère.
Se nota cierto trabajo con lías, con un battonage que aporta mayores cotas de profundidad y densidad al vino. En copa parada y tras el primer servicio, descubro un cromatismo amarillo pajizo intenso, con reflejos dorados insinuantes, nariz que se muestra intensa y en su complejidad va de menos a más. Resume nostalgias cítricas con un guiño de confitura muy fino, ciruelas claudia y peras, brisa de membrillo, con flores blancas y amarillas que llenan el espacio del segundo plano, abriendo en el centro de la fragancia una ventana a un aire balsámico y silvestre, ortiga, resinas y mentoles. En una segunda aproximación surgen recuerdos adicionales de té, madreselva, hierbas aromáticas, con los descriptores frutales alzados en su bendito afan de protagonismo.
Boca fina en el arranque, a medida que se produce su avance va soltando virtudes, con una buena traza de acidez, sabroso, hace salivar, con un tono untuoso, declarando cremosidad, alcanza el paladar con un movimiento preciso, sin estridencias. Magnífica persistencia, con un hilo fino en donde la fruta se deja escoltar por el eje balsámico y por notas silvestres y de flora. La infusión de té bien presente en la fase retronasal. Me encanta por su estructura, su volumen y por la frescura que despliega. Buen alcance final. Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.


Collbaix Celler El Molí El Sagal de Collbaix 2015.



Vino tinto elaborado con fruta procedente de manejos de agricultura ecológica, que esta bodega catalana acogida a la denominación de origen Pla de Bages elabora con uvas de las castas garnacha negra, merlot, picapoll negra y cabernet franc. Viñas localizadas frente a la sierra de Montserrat, en las inmediaciones de la colina de Collbaix, asentadas en suelos de composición franco arcillosa e influencias por un clima mediterráneo bien marcado.
Tras su vinificado, con ausencia de madera, el vino evoluciona en botella durante dos meses antes de salir al mercado.
En copa parada afirma un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos violáceos y púrpura, asomando en la proximidad aromática recuerdos de fruta negra y menos intensa roja, en sazón, con segunda instancia que recrea evocaciones de flores rojas y algún punto silvestre de más bajo nivel, deslizando en el centro del perfume sensaciones balsámicas, regaliz.
Equilibrio en el perfume, con la boca abriendo golosa, la fruta en primer plano, con la traza de acidez en buena y larga prolongación, estructurado y con notable expresión jugosa. Taninos maduros y afinados, con la persistencia llena de viveza y la retronasal armando evocaciones de arándanos, ciruelas negras y rojas, algunos pétalos florales violetas y rojos, finalizando con un sugerente apunte balsámico que le aporta alcance y pegada en el final.
Amable, sin estridencias, lo califico en esta añada 2015 entre recomendable y muy recomendable.
Uno de esos vinos para beber en cualquier instante, comiendo, merendando ó cenando sin buscar más emociones de las debidas. En todo caso, me ha gustado por su emotiva simpleza, la misma que a veces debe servirnos de referente en la vida.

La Sorga Le Phacomochère 2014.




De la mano del joven négociant y vinicultor Antony Tortul me llega este La Phacomochère, vino tinto en edición de añada 2013, elaborado sin sulfitos y con fruta procedente de labores de agricultura ecológica. Conjunción varietal de las castas cinsault y syrah, ambas al cuarenta por ciento, con aporte menor de garnacha, en torno al veinte porcentual. Las fincas de las que Tortul obtiene la uva para sus vinos se encuentran localizadas entre las zonas de Aude y Herault, en el Languedoc-Roussillon. Veinticinco hectáreas que responden a suelos de muy variada composición, granito, arena, basalto y roca calcárea, con cepas de amplia diversidad varietal, incluyendo junto a las castas que incluye el vino referido en esta entrada del blog, vermentino, ugni blanc, mourvèdre, carignan, sauvignon ó terret blanc y gris. Tortul emplea un rendimiento de veinte hectolitros por hectárea para dar luz a este vino natural, en donde la fruta dirige la orquesta durante la cata y degustación.
Tras una vendimia manual, y con la fruta ya en las instalaciones de vinificado, las uvas maceran enteras, con un ensamblaje de las diferentes variedades tras el proceso de fermentado alcohólico, finalizando con una maduración en barricas de madera usada de roble francés, que se prolonga durante diez meses.
En copa parada exhibe un cromatismo apicotado de notable intensidad, reflejos violáceos y alguna insinuación púrpura, con estética ligeramente turbia, nariz que afirma nostalgias de fruta negra y roja en sazón, guiño cítrico muy bien acoplado a la fragancia, que deja paso a notas balsámicas, tostadas y silvestres, dejando recuerdos de tomillo, piñones, té verde y un lejano golpe de cuero. Esencia torrefacta en el final. Peculiar complejidad que precede a una boca en cuya entrada se descubre una fruta golosa, muy enmarcada con gestos frescos y aires cítricos de piel de naranja, licoroso en el avance, traza media alta de acidez.
Fluidez en el avance, apunta una persistencia media, con los taninos suaves y jugosos, deja en la retronasal recuerdos de endrinas, arándanos, fresas de mata y moras, con la piel de naranja avanzando hacia confitura, resinas y regaliz, hierbas aromáticas, infusión de té y un final en donde se juntan memorias torrefactas, cuero y tierra húmeda.
Lo califico en esta añada 2014 entre recomendable y muy recomendable.
Al principio despista, en su final se centra.
Un vino para apreciar con buenas dosis de paciencia.