miércoles, 28 de enero de 2015

Viñedos del Contino Reserva 2008.



Quiso Chus Madrazo, tras la misa funeral dedicada a su difunto padre y celebrada el pasado domimgo en la Parroquia de Santo Tomás de Haro, que un grupo de cercanos homenajeáramos al que en vida fue un gran hombre de vino, degustando el tinto reserva de Viñedos del Contino, en edición de añada 2008.
Y lo hicimos con sumo gusto, en un íntimo acto que dentro de cada uno de nosotros, sin duda; tuvo el reconocimiento al que se fue, aunque su legado persista.
Conjunción varietal de tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, con un crédito de veinticuatro meses de maduración en barricas de madera de roble francés y americano. Mismo tiempo de afinado en botella, antes de su lanzamiento al mercado.
Copa parada que exhibe una cromática apicotada intensa con algunos reflejos grana, deslizando en la primera aproximación aromática algunos recuerdos de incienso, tras de los que se expresa la carga frutal, protagonizada por evocaciones de frutos rojos y negros maduros y suavemente acompotados, con una gozosa huella de licorosidad, no demasiado intensa, expresando después memorias olfativas de ebanistería, tostados, especiados y balsámicos.
La boca es amplia, se inicia con la fruta marcando un goloso perfil, buena traza de acidez, frescura y un guiño de calidez, equilibrio y buena balanza de fruta y madera, con los taninos dulces y pulidos, y una muy franca seña de persistencia.
La retronasal narra evocaciones de ciruelas rojas y moras, con algunos puntos especiados dulces y clavo, tostados y ebanistería se funden para darle una buena personalidad, finaliza con notas balsámicas y un profundo testigo de sapidez.
Una añada que defiende la personalidad elegante del dominio, y que califico como muy recomendable.
Un estupendo vino de Rioja para honrar la memoria de uno de los grandes de Rioja.

Cervezas : Cerveza Mica Cuarzo Ale Premium.




Mi cordial agradecimiento a los responsables elaboradores de esta cervecera localizada en pleno corazón de Ribera del Duero, y que en su elaboración contiene cebada que se cultiva en la Sierra de Fuentenebro, zona minera por tradición, en donde la mica y el cuarzo abundan y que tuvo en el pasado una efectiva repercusión en la industria minera española, ya que probablemente sea el único lugar de nuestra geografía en donde se puede encontrar el silicato de alúmina, hierro, calcio y magnesio, famoso por la elasticidad y brillo de sus láminas, y por ser junto al cuarzo y el feldespato parte importante en la piedra berroqueña ó granito.
Los suelos donde crece la cebada con la que se elabora esta cerveza tienen una composición arcillosa, y ello unido a la altura de esta sierra burgalesa, proporciona al cereal una imponente personalidad.
Agua, malta de cebada, cebada, lúpulo y levadura, para una cerveza, con perfil de english brown, con la malta de cebada tostada, color oscuro con reflejos amarronados y dorados suaves, leve despliegue de espuma, amaneciendo en nariz con algunas notas de frutos secos, balsámicos, guiños cafeteros, una buena y sugerente sensación tostada, buena complejidad, que tiene su prolongación en la boca, con una arranque que efectúa un sabroso punto triple, con la acidez y el tono de amargor bien representados y esbozando una sensación golosa que junto a las otras dos apuntala su personalidad.
Fluidez en el paso, con un buen gesto de sutileza balsámica y tostada que enfrenta y mima el paladar.
Evidencia buena calidad y es en el final cuando ese punto triple antes mencionado se hace aún más efectivo, con mayor empaque de las sensaciones golosas, con el tono amargo más controlado.
Una gran cerveza que se prolonga en expresión con soltura y que califico entre muy recomendable y más que muy recomendable. Sabrosa y equilibrada.

martes, 27 de enero de 2015

Bodegas Muga Blanco Fermentado en Barrica 2014.



Vino catado en plena Plaza de la Paz de Haro, a poca distancia de la bodega que le dió luz.
El blanco fermentado en barrica de Muga en edición de añada 2014, formado por una conjunción varietal de viura y malvasía y acreditando una crianza sobre lías por un periodo de tres meses en barricas de madera nueva de roble francés, maneja un guión en el que sobresale la fruta por encima del concepto de madera, siempre bautizado por la bandera de la frescura, en lo que respecta a esta añada con la traza de acidez más contenida, sin estridencias, con avance longitudinal por boca y un buen punto de envolvencia, equilibrado punto de la cremosidad que atestigua su estancia en barricas, y con una buena seña cítrica, que se despliega con una buena intención en la fase aromática y también en el recorrido por boca.
A título personal, considero que es la mejor añada de cuantas he catado de esta misma referencia con anterioridad, la que goza de mayor equilibrio, dando un paso adelante en cuanto al perfil de blancos con fermentación en barrica. Esa nota de cremosidad, mousse limonero al uso, impregna nariz y paladar con muy fina percusión, y tal vez en la añada precedente, no estaba tan mimada.
Cromática amarillo pálido con suaves reflejos dorados, percibiendo en la primera aproximación nasal algunos detalles que evocan cremosidad y pastelería, desplegando a continuación un sugerente punto de fruta cítrica que parece combinarse con alguna seña de fruta tropical, y avanzando con una nota de dulzor, que me hace pensar en membrillo, aunque este aún inocente y tímido.
La boca resulta golosa desde el amanecer, con la traza de acidez escultural y muy bien delineada, en el avance la frescura magnifica a las señas golmajeras procedentes de la fruta, buena untuosidad y envolvencia, que seguro irá creciendo con más tiempo de botella.
Persistencia amable, desfilando en la vía retronasal los recuerdos de crema de limón, piña, alguna flor blanca en menor medida, con un orgulloso guiño de membrillo y un banderazo final que reclama mi atención y que imprime un punto de personalidad procedente de la madera.
Un fermentado en barrica que atestigua ser lo que es, y que encima abraza la filosofía del frescor frutal.
Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.

Bodegas La Val Albariño 2013.




Siempre que me dispongo a catar un vino albariño esbozo la sonrisa de suficiencia, dentro de los cauces de la humildad, de quien sabe que la fama inmerecida del exceso de expresión ácida de estos vinos de la denominación Rías Baixas es una leyenda urbana más de cuantas abundan en nuestra sociedad de los elevados conocimientos vitivinícolas. Siempre lo digo, en esta cultura del vino es saludable huir de los individuos que presumen saber un montón de esto, de quienes pretenden ridiculizar a quienes de un modo humilde pretendemos en la medida de nuestras posibilidades contagiar un estusiasmo, siendo sinceros con nosotros mismos y con quienes nos leen y escuchan, nunca con la pretensión de dar lecciones magistrales, si con la noble idea de difundir nuestro punto de vista sobre un vino y otro más.
Las leyendas urbanas, los tópicos de algunos picaflor que a Dios gracias no abundan pero sí molestan, incordian y terminan resultando maleducados y hasta groseros, no deben ser tenidas en cuenta, más que nada porque detrás de su presunto doctorado en vino, se esconden envidias, intereses creados y oscuras pretensiones de protagonismo.
La supuesta reina acidez, que algunos siempre vinculan por norma, con los albariños, los cavas y los vascos txakolís, no puede ser utilizada con prejuicio injustificado como piedra arrojadiza para desmotivar al consumidor cuando decide adquirir ó consumir cualquiera de estos vinos de nuestra geografía vitivinícola.
Los vinos se juzgan por suelos, climas, subzonas dentro de la zona, elaboraciones, maduraciones y tantos y tantos factores que influyen en su formación.
Tras este alegato, que creo ya necesitaba realizar, quiero agradecer a los responsables de esta bodega salvaterrense su desinteresado envío de muestras, segunda que me realizan, al objeto de mi cata, análisis y posterior publicación en el blog.
Hace alguna semana comenté mi criterio acerca de la otra etiqueta que me fue enviada, la del Mas que Dos del Condado do Tea. Hoy le toca el turno a este albariño en edición de añada 2013, un vino blanco elaborado con frutos procedentes de las parcelas Taboexa, Arentei y Pexegueiro, con vendimia realizada a mediados del mes de setiembre, posterior maceración durante seis horas y fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, esta durante un periodo de entre dos y tres semanas, siempre bajo control de temperatura.
En copa parada muestra un color amarillo pajizo con reflejos verdosos, brillante estética.
Nariz que esgrime una aromática cítrica, con notas florales en segunda instancia, suaves sensaciones de fruta blanca e incluso tropical, esta menos marcada, deslizando ya en el punto final un guiño balsámico.
Arranca en boca con buena sensación de frescura, la golosa fruta aparece bien integrada en el avance, dejando junto a una hermosa envolvencia, una seña golosa que enfoca el alcance que el vino ejerce sobre el paladar. El frescor del vino y su acidez acreditan un buen control, con media alta seña de persistencia y prolongación. Retronasal que habla de manzana, limón y débil descriptor de pomelo, con detalles de pétalos florales blancos, y un retorno balsámico que cierra su exhibición particular.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

lunes, 26 de enero de 2015

Errekalde Txakolina Hiruzta Txakolina 2014.




Quiero antes de empezar, demostrar mi gratitud a la familia Rekalde y a Marina Vallet de Montano por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, a los primeros en su condición de propietarios de esta bodega hondarribitarra y a Marina, relaciones públicas de Hiruzta Txakolina por su amabilidad, entregándome en mano las muestras a catar, durante mi estancia navideña en esa bella zona del Bidasoa guipuzcoano.
El aprecio que tengo hacia los vinos blancos de la denominación Getariako Txakolina se debe en gran medida a su indisimulado, a Dios gracias; perfil de vinos lozanos, frescos, agradables, con esa txinparta crepitante y suave que danza sobre lengua y paladar, transmitiendo al bebedor toda una suerte de sensaciones.
Gozaba este Hiruzta Txakolina en edición de añada 2014 de esa presencia divertida, y desde luego convertía los aportes varietales de la hondarribi zuri, creo que con un pequeño aporte de gros manseng, en una explosión de sabor, con una propia personalidad que desborda algunos de los tópicos procedentes de la ignorancia que a veces escuchamos sobre la generalidad de los txakolís blancos que se elaboran y comercializan en el Pais Vasco.
Con las manos firmes de Pepe Hidalgo y Ana Martín Onzain en su calidad de enólogos asesores externos de esta bodega guipuzcoana, estamos delante de una magnífica añada de este vino lozano, agradable y equilibrado. Tras la preceptiva vendimia se procede con un proceso de desgranado y estrujado seguido de un prensado suave. Desfangado estático en frío al que sucede una fermentación con temperatura controlada. Estancia en depósitos a baja temperatura para mantener en disolución el gas carbónico natural. Clarificación y estabilización, antes del embotellado.
En copa parada muestra un color amarillo pálido con reflejos verdosos y ligeramente acerados, mostrando en la proximidad aromática una buena complejidad cítrica y de frutos blancos e incipientes retornos olfativos de piña, aún no demasiado marcados.
Es una auténtica gozada admirar en la copa los destellos brillantes y la nota chispeante del carbónico natural, con una impecable estética.
En segunda instancia, el perfume describe recuerdos de flores blancas, con el jazmín y el azahar como protagonistas principales.
Boca gozosa en el arranque, con amplios detalles de golosura y con la punta carbónica dejando su huella, con un cosquilleo agradable. Su traza de acidez es prologada e integrada en el conjunto, hay empaque en la expresividad de este vino blanco. En la retronasal acredita recuerdos sinceros de manzana verde, pera de agua, pomelo, con los mismos créditos florales que los exhibidos en su cercanía nasal y amplificando en un punto más el guiño de fruta tropical, piña; y un atisbo balsámico mediano. Finaliza con un detalle de salinidad muy agradable, que prolonga más si cabe, su expresión.
Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Muy placentero, me ha encantado. Por cierto, no me ha hecho falta escanciarlo, este vino, y siempre a mi modesto entender, no precisa ese ejercicio, que para algunos puede que se haya convertido en un recurso necesario previo al consumo. En mi caso, y no pretendo parecer purista, esas prácticas las empleo sólo con la sidra.

Gastronomía : Cascina Grampa -Azienda Agricola Testa Riso Aromatico Apollo.





Comienzo esta entrada agradeciendo a los responsables de esta azienda agricola del Piamonte italiano, su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura gastronómica, mediante el envío de varias muestras de sus referencias principales, en donde el riso adquiere un protagonismo encantador, sin duda emparentado con la filosofía de agricultura sostenible que forma parte destacada en la ideología de nulo impacto ambiental que Cascina Grampa Azienda Agricola Testa defiende como propia.
Este riso aromatico exhibe el perfil de grano largo, con un tiempo aconsejado de cocción de diez minutos, cromática blanca, sugiriendo tras la apertura del envase al vacío, claros recuerdos de frutos secos, en los que la avellana manifiesta el testigo aromático principal, completando su expresión con algunos guiños silvestres más suaves y un punto de nuez moscada, aunque menos percutor que el aroma de la especia.
Para homenajear este riso piamontés me decidí por un recurso tierra mar, preparando un arroz con almejas, e incluso desafiando, ¿pecado mortal? la personalidad aromática del cereal con ese punto de ajo y perejil que conforma junto a un buen aceite de oliva virgen extra, la base de esa salsa legendaria del tradicional emplatado de puerto pesquero.
Manos a la obra, dicho y hecho, tostar el ajo y añadiendo sobre el aove crepitante en la sartén, un golpe de perejil y otro de harina, aportando después las almejas limpias, por cierto procedentes de Galicia; y completando cuando comienzan su apertura, con un golpe puntero de vino blanco, algún día tendré que escribir un artículo sobre las capacidades que un buen txakolí, un albariño, un verdejo ó una viura, tienen a la hora de guisar.
Mientras he puesto el arroz a cocer, sobre una primera base de aceite de oliva virgen extra y unos chips de ajo  ya debidamente bronceados aprovechando el calor fraternal del óleo.
Para el proceso de cocción me he decantado por un caldo de verdura, hecho a base de zanahoria, apio y puerro, debidamente filtrado antes de su uso.
Almejas abiertas, arroz cocido, tras diez minutos de paciente espera; y es entonces cuando sin prisa pero sin pausa coloco los ingredientes con delicadeza en una sartén ancha ó paellera al uso, y me preocupo con mimo de fusionar el arroz con esa espléndida salsa cremosa y ligeramente verdosa, al objeto de que absorba toda la sustancia generada.
Emplatado y a gozar...
Contraste de sabores y aromas, y reto conseguido, con la locuaz carga de este riso aromatico y con la tradicional fragancia de la salsa verde, unificadas aunque diferenciadas.
De aquel Riso Amaro del realizador cinematográfico Giuseppe de Santis, con la bella Silvana Mangano luciendo anatomía, por cierto en los escenarios naturales y arrozales de la misma provincia, Vercelli; de donde procede este otro riso, y de aquel ambiente dramático, poco ó más bien nada hay en esta suculenta receta.
Un magnífico cereal aromático, con una firme textura, que en su punto justo de cocción, me ha resultado realmente espléndido.
Lo recomiendo a mis lectores, sobre todo a cuantos acostumbren a manejar el arroz con soltura y buena fiabilidad, los mismos que a buen seguro disfrutan comiéndolo de mil maneras.

domingo, 25 de enero de 2015

Vino y Gastronomía : Restaurante La Cocina de Ramón - Logroño (La Rioja).















Ser invitado en casa de un chef como Ramón Piñeiro no es sólo un honor personal que quiero agradecer públicamente, como ya hice de modo personal en mi despedida del cocinero riojano, tras mi estupendo paso por su establecimiento, localizado en la muy logroñesa calle Portales, en pleno corazón del casco antiguo de la capital riojana, que en el pasado respondía al nombre de Rúa de las Tiendas, apelativo este que deja clara su identidad comercial.
De este apasionado hombre de fogones pudiera yo versar como ya lo han hecho otros, hablar de su pasado junto a otro grande la gastronomía contemporánea riojana, como es Francis Paniego; mencionar su jefatura de cocina en el restaurante de la bodega Marqués de Riscal, y sin embargo me quedaría corto. Ramón enlaza con la cocina tradicional, lo hace, pero siempre ofreciendo en sus platos un matiz de propia personalidad, nunca pretencioso. Al contrario, la Cocina de Ramón es cercana, amable con el paladar, no busca el endomingamiento fácil, el abuso de condimentos y especiados, la cultura del papel de regalo precioso que esconde un contenido insuficiente, a mi juicio tan abundante en los emplatados, algunos ilustres, de este siglo.
Ramón Piñeiro lleva ya dos ediciones seguidas de la Guía Michelín, logrando el galardón BIB Gourmand, antesala de la tan ansiada estrella, lo cual no es poca renta para un auténtico arquitecto de las texturas y los sabores. Estoy convencido de que Piñeiro no tiene prisa en lograrla, que se siente a gusto con el premio obtenido por tantas horas de esfuerzo y trabajo, y de igual modo estoy plenamente seguro de que llegará el momento de celebrar la llegada de esa estrella.
Tras tomar asiento en una cómoda silla, los que sentimos de verás el placer de saborear, de masticar y paladear, nos concentramos con gusto en un ejercicio de disfrute íntimo, personal, que no se basa en comer por el hecho simple de hacerlo, sino que buscamos el recreo, encontrar sin esfuerzo pero con ponderación lo que el chef pretende trasladarnos, usando todos los sentidos que Dios nos concedió, y que no existen sino para ayudarnos a diferenciar la excelencia por encima de lo básico.
Es en esos minutos de meditación cuando surgen ideas, cuando el que degusta aprecia y cuando de la pasión por la gastronomía salen al encuentro experiencias a veces únicas e irrepetibles.
En el comienzo, Ramón quiso que probara sus cortecitas de bacalao con salsa pil pil, manjar de evocaciones marinas, contrastes de texturas, lograda y cremosa la base de salsa con el crujiente del Gadus dando un toque evidente de personalidad al conjunto, sus croquetitas de jamón, imperiales en su filosofía tradicional, de nuevo un contraste, esta vez entre la leyenda de un exterior equilibrado en el tueste y un interior suave y cremoso, y su crema de caparrón de Rioja, en vaso y con un intenso recuerdo desde el concepto más bien licuado, de estas tradicionales legumbres de la tierra de Gonzalo de Berceo.
Principio espectacular que tuvo un primer bis que trajo a la mesa unas anchoítas de Santoña con pimiento asado, materia prima de calidad y un buen emplatado, con el óleo equilibrado y agradecido en la bendita estampa del plato. Llegó después la hora del detalle, de ese plato que todos llevamos dentro y que a veces hasta llegamos a idealizar. Poco tardé en despertar de esa idealización, el huevo frito con trufa blanca del Piamonte, orgullo de chef, manjar gulesco, en donde se conjuga el aroma con el sabor, el óvulo eterno de nuestra cocina mediterránea con los aires selectos del tartufo bianco que aportan elegancia, sutileza y un repaso a nuestras memorias personales del pasado.
Dicen algunos que freir un huevo es fácil, afirmamos otros que a veces lo que parece sencillo es más complejo y que las puntillas del huevo de Ramón Piñeiro gozaban de muy buena traza.
Si hay una creación que Piñeiro defiende es su menestra de verdura de la Plaza del Mercado de Logroño, y aquí, amigos míos, sólo puedo quitarme el sombrero. La menestra de Piñeiro es colosal, complaciente, variada en conceptos, un completo repaso a las verduras con las que el ser humano puede y debe contar para potenciar su salud y nutrición. Belleza testimonial que Piñeiro emplata y te coloca delante sin celofanes, pero con la correcta textura en cada uno de los ingredientes que edifican su lienzo. Se intuye detrás de este plato buenas horas de trabajo y dedicación, la diversidad de tantos elementos me lleva a pensar que la colección de verduras de la logroñesa Plaza del Mercado y Ramón han pasado, desde un punto de vista fáctico y también intelectual, algunas horas de ese diálogo que los chef mantienen con la materia prima, aunque sólo sea desde un silencio reflexivo.
Cuando muestro a Ramón la imagen del plato que he fotografiado, él saca su móvil y con el orgullo de quien guarda un tesoro, me enseña esta misma menestra multiplicada por uno ó dos dígitos más, cuando la verdura está en su mayor época de apogeo y por lo tanto facilita la inclusión de más variantes.
Vuelve una vez más Piñeiro a demostrarme pasión por su trabajo.
Le sigue un atún rojo con cebolla, acelga y champiñones, un sabroso conceptual tataki que sale en su punto bueno de color, con un punto cítrico en el sabor y de nuevo una textura que provoca el aplauso.
Magnífico plato que distingo como un brindis a la modernidad culinaria por parte del chef, afinado y sin duda dibujado en el plato con buena dosis de personalidad creativa.
Llegan después las mollejas con foie fresco, jugo de carne y piñones, uno de esos platos que Gargantúa y Pantagruel comerían con cuchara, en cuya base la salsa no sirve sólo de decoración, untuosidad y una buena armonización de ingredientes, suculento hasta el misticismo, te engrasa el paladar explotado mil burbujas de sabores enlazados. Un plato en el que además, los piñones se dejan sentir, aportando a la untuosidad de las mollejas y a la gallarda elegancia del higado de pato, un peculiar guiño de identidad, que para nada me pasó desapercibido.
Cuando finalizas una comida con un postre como el que Ramón quiso trasladarme, sólo te queda hacer la ola a una magistral y muy sugerente combinación de un cremoso de queso camerano, con galletita crumble, manzana, salsa de frutos rojos y un intenso y escultural helado de frambuesa.
Una danza de sabores, un elenco de altaneros y golosos elementos, en donde la acidez, la cremosidad y el punto dulce, como corresponde a un postre que de tal se precie; se unen en solidaridad con nuestro paladar, concediéndole toda suerte de sensaciones placenteras y digestivas.
Para bautizar toda esta galería de fervientes creaciones, me fueron seleccionados dos vinos, un blanco
monovarietal de la uva verdejo, en edición de añada 2013, el 5 Albas Blancas, elaborado con frutos vendimiados en parcelas localizadas a una altitud de entre setecientos cincuenta y ochocientos metros, viñas asentadas en suelos pardos y pedregosos. Vino que acredita una maduración sobre lías y en depósitos de acero inoxidable, y que en copa parada esgrime una cromática amarillo pálida con reflejos verdosos. En su nariz hay recuerdos de fruta y flores blancas y un punto final que despliega un buen tono balsámico que redondea la fragancia. Entrada en boca que despunta en sensaciones de fruta, equilibrio en el avance, con la traza de acidez bien delineada y que aporta buenas dosis de frescura, textura untuosa de media intención. Su retronasal repite evocaciones de manzana, aportando un escalón más cítrico que en nariz, y abundando hacia el final en los recuerdos florales y balsámicos. Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable, y después un vino tinto, el Rioja Vega crianza 2011 vendimia seleccionada, con base mayoritaria de tempranillo y un aporte de graciano, acreditando catorce meses de maduración en barricas de madera de roble francés, color apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura, deslizando en la proximidad olfativa algunos detalles de fruta roja madura, especiados dulces, algunos tostados finos y algunas memorias balsámicas y lácticas que abrazan su predominante seña frutosa.
Muy en clave de vino de Rioja, la boca es golosa en el arranque, despliega buena seña de acidez, la Graciano deja su sello; con unos taninos golosos y pulidos, y una persistencia en seña de media alta intensidad. Inyección de ciruelas rojas y cerezas en la retronasal, punto cremoso procedente de su estancia en roble francés, con una seguidilla que vuelve a insistir en los descriptores olfativos : regaliz, tostados y una nueva evocación que en su perfume no tenía tanta consistencia, el crédito que le concede un recuerdo a mousse de fresa. Sapidez en su epílogo, para un vino tinto que califico entre recomendable y muy recomendable.
En resumen, una de esas jornadas de plena satisfacción personal que agradezco efusivamente a su mentor, el chef Ramón Piñeiro, al que sólo me resta felicitar por esa pasión que demuestra en cada uno de los comentarios que acompañan a sus platos, cuando estos llegan a la mesa, y desde luego en un trabajo que puedo calificar, sin duda; como impecable.
Dijo el afamado Ferrán Adriá que la cocina de autor es poner tu personalidad en lo que haces y ese sentimiento la convierte en algo distinto. Doy fe que en el caso de La Cocina de Ramón hay amplias señas de personalidad y sin duda, eso se agradece.
Ustedes, queridos lectores, si algún día desean comprobarlo en primera persona, ya lo saben, en el número treinta de la calle Portales, Ramón Piñeiro y su equipo profesional y humano, les harán sentir esa y otras sensaciones, en honor de la buena gastronomía.