jueves, 22 de junio de 2017

Marqués de Murrieta Gran Reserva Edición Limitada 2010.





Vino catado en sede de la bodega Marqués de Murrieta, siguiendo con atención las explicaciones de Natalia Ruiz de Gopegui, que actuó como excelente anfitriona en una visita llena de encanto, disfrutando los presentes de la magia del pasado, del empaque de un presente con modificaciones e innovaciones, y de un futuro que preveo esplendoroso, porque si algo hay claro es que las referencias de este dominio poseen una indudable personalidad que asoma bajo la estela de los legendarios vinos finos de la denominación de origen Rioja.
Me encantó este vino tinto gran reserva en edición de añada 2010, catado en primicia, cuando aún no estaba presente en el complejo mercado vinícola. Bajo la responsabilidad profesional de la enólogo María Vargas, que recientemente ha sido reconocida por medios internacionales por su trabajo al frente de las elaboraciones de Marqués de Murrieta, en su alma hay una conjunción varietal de las castas tempranillo, base mayoritaria, con aportes complementarios de mazuelo, garnacha y graciano, vino elaborado con fruta procedente de las trescientas hectáreas de viñedo que forman la extensión territorial de Finca Ygay, propiedad de la bodega, y en las que se alinean cepas que se encuentran localizadas a una altitud que oscila entre los trescientos veinte y los cuatrocientos ochenta y cinco metros sobre el nivel del mar. Suelos de componente arcillo calcáreo, dotados de una personalidad debida a su pasado como lecho del río Ebro.
Tras el proceso de vendimia manual se procede ya en bodega con un despalillado y un suave estrujado, precedentes de una fermentación alcohólica individualizada en función de cada variedad de uva, que tiene lugar bajo control de temperatura en depósitos de acero inoxidable. Nueve jornadas de encubado, durante las que se llevan a cabo remontados y bazuqueas, favoreciendo el contacto entre mosto y hollejos. Se procede a continuación con un prensado de las partes sólidas de la fruta, usando a tal fin prensas verticales, manejando esta fase con mimo de cara a obtener estética en el cromatismo y madurez en la tanicidad. Final que se resume en una maduración de veinticuatro meses de duración, llevada a buen término en barricas de madera de roble americano de doscientos veinticinco litros de capacidad. Embotellado durante el mes de setiembre del año 2013.
Tras el servicio en copa aprecio tonalidades picota intensas, con reflejos rubí, sensaciones grana e insinuaciones teja, afirmando en la proximidad aromática recuerdos de fruta roja, confituras y arropes, segunda instancia de pétalos florales rojos, hierbas aromáticas y balsámicos, ahumados y tostados de fondo, marcando en la continuidad y a lo largo de varios minutos de examen nostalgias de almendra y nuez, suave tueste, especiados dulces y pimientas, menor nota de coco y canela, retirada de tostados granos de café. Estupenda y equilibrada complejidad en donde la madera aporta pero sin nublar la personalidad de la fruta, esta siempre en un primer plano. Abre la boca con un apreciable instinto de fruta madura, buen paso con testigos untuosos, plantea con decoro el calificativo estrella de terciopelo, hay una elegante calidez pero el fresco y emotivo guiño de la fruta se abre paso hasta el paladar y lo tapiza con finura. Emotivo, de esos vinos cuya cata no se olvida. Sabrosa trazad de acidez, los taninos son esbeltos, maduros y golosos, magnífica persistencia, bautismal, benemérita. La retronasal esencia retornos de ciruelas rojas y cerezas, breves notas licorosas, más amplia descriptiva confitada, mermeladas, evocaciones florales y silvestres, regaliz y algunos brillos de bombón inglés, más breve pulso especiado dulce, pimientas y coco, finalizando con frutos secos y una mueca de canela y señas torrefactas.
Añada inmensa para un vino con el que gozarán todos aquellos amantes de la legendaria personalidad de los vinos finos de Rioja. Lo califico como más que muy recomendable. Soberbio en su presente, con un brillante futuro, porque incluso le queda recorrido de sobra.

miércoles, 21 de junio de 2017

Château Bel-Air Cuvée Jean & Gabriel 2014.




Vino tinto bordelés que surge de la maison que la familia Roi administra en la apelación Lussac Saint-Emilion, en la ribera derecha de los ríos Garonne y Dordogne. Con algo más de veinte hectáreas de viñedo en propiedad, situadas en plena meseta de suelos arcillosos índigos y con una exposición cardinal sur, hay también presencia de gravas y componente férrico, siendo la climatología de influencia continental y la edad media de las cepas ronda los cuarenta años. Proceso de cosecha mecánico, mediando procesos suaves de fermentación, lentas extracciones y una maduración que se prolonga durante dieciocho meses en barricas de roble francés, en una proporción paritaria entre madera nueva y de un uso.
Merlot y cabernet franc en un ensamblaje que se realiza con el asesoramiento externo del enólogo Stéphane Derenoncourt, y bajo los criterios de los propietarios del château, Jean-Noël y Antoine Roi, que buscan con el vino homenajear a sus antepasados al frente del dominio.
Tras el descorche y en copa parada muestra una cromática picota de notable intensidad, buena estampa limpia y brillante, con reflejos púrpura y grana, notas aromáticas que surgen en la aproximación olfativa descubriendo galantes recuerdos de fruta roja y negra en sazón, asoma un guiño floral violáceo y huidizo, no marcado en exceso, recreando en el eje aromático nostalgias balsámicas de regaliz y un fondo tostado que se conjunta con memorias de cacao.
La fruta siempre en primer plano, abriendo en boca con longitud y buen tono de concentración frutal, despliega frescura y sensaciones untuosas, larga y controlada linea de acidez, con la tanicidad golosa y madura, estupenda persistencia. La retronasal habla de ciruelas rojas y negras, cerezas y arándanos, flores violetas y regaliz, desplegando en el epílogo evocaciones de frutos secos tostados y cacao.
Por momentos ofrece un gesto suave de bombón inglés.
Buena añada, esta del 2014, que califico como muy recomendable.

Legaris Crianza 2013.




Con unas instalaciones de corte modernista y cien hectáreas de viñedo en propiedad, esta bodega de la denominación de origen Ribera del Duero vendimia la fruta con la que elaborar sus referencias en dos parcelas ubicadas en los términos municipales de San Martín de Rubiales y Curiel de Duero, provincia de Valladolid.
Los responsables de campo de Legaris presumen de manejos laborales de viticultura sostenible, teniendo acceso a métodos de riegos según las necesidades de la planta, (RDI), mapas por satélite para una viticultura de precisión, estación meteorológica propia y cubiertas vegetales encaminados a mejorar el aporte de nutrientes, aumentar la permeabilidad y colaborar a proteger la fauna autóctona.
Hoy traigo al blog el vino tinto crianza de esta bodega que en su edición de vendimia 2013 se elabora con una base mayoritaria de la casta tempranillo, dejando una proporción menor para un ajuste basado en uvas de cabernet sauvignon, en torno al seis por ciento. Tras la cosecha se procede con un recibimiento en las instalaciones de bodega que comienza con una maceración que se extiende durante tres jornadas, pasando después a los depósitos donde se completa la fermentación alcohólica tras un periodo que oscila entre los catorce y dieciséis días. En ese tiempo se realizan entre tres y cuatro remontados diarios. Se completa un fermentado maloláctico en los mismos continentes, con trasegado a barrica en donde madura durante un año, utilizando roble francés y americano en cantidades paritarias, siendo el aporte de madera nueva de un veinticinco por ciento. Clarificado con albúmina de huevo y filtrado final, antes del embotellado.
Tras el descorche, en copa parada pincela tonalidades picota de notable intensidad, con reflejos púrpura y algunos retenes violáceos menores, la nariz asoma nostalgias de fruta roja y negra en sazón, segunda instancia que combina especiados dulces y pimienta negra, desplegando en el eje aromático recuerdos finos de regaliz y recreando en el epílogo olfativo torrefactos y almendra tostada, buen equilibrio con la influencia de la madera presente pero no predominante. El vino según se airea en el interior de la copa abre más ventanas por donde entra la personalidad de la fruta que le da vida.
En segundas aproximaciones, la fruta roja y negra se exhibe con guiños licorosos suaves.
Aparece también una mueca de miga de pan y cereal, así como una brisa floral roja de menor intensidad. Boca que arranca jugosa, buen despegue de la acidez, sabroso en sus formas, amable en los modos, la madera se adapta a la fruta y la realza, describiendo unos taninos golosos y maduros, buen punto de persistencia. La retronasal magnifica los retornos de ciruelas rojas, cerezas y arándanos, lejanas notas especiadas y balsámicas, con orgullo tostado que acompaña a los tonos frutales siempre presentes. Buena longitud, amplio y expresado con equilibrio y volumen. Lo califico en esta edición de cosecha 2013 entre recomendable y muy recomendable.

martes, 20 de junio de 2017

Señorío de Villarrica Crianza 2014.



Los hermanos Fernández al frente de una bodega que dispone para sus elaboraciones de ciento cinco hectáreas de viñedo, con localización en los municipios de Haro, San Asensio, Anguciana, Briones, Hervías, Bañares y Sajazarra, Rioja Alta y sus influencias climatológicas y de suelo. Vino tinto crianza en edición de vendimia 2014, con selección de fruto de la casta tempranillo durante el proceso de vendimia, que se realiza en modo manual y a la que sigue una segunda selección en bodega, con posterior despalillado. Fermentación alcohólica que tiene lugar en depósitos de acero inoxidable controlando la temperatura, con tres remontados diarios y un periodo de veinticinco jornadas. Maloláctica en tinas de roble francés y maduración de catorce meses que se lleva a buen término en barricas de madera de roble francés y americano, con medio año adicional de afinado en botella antes de su salida al mercado.
Se utiliza fruta surgida del ciclo vegetativo de viñas asentadas en suelos de componente arcillo pedregoso, y más en concreto de las fincas El Ciervo, Villavacas y Villarrica, que acreditan diferentes antigüedades, siendo la más joven la primera de ellas.
En copa parada escenifica un cromatismo picota de notable intensidad, con reflejos púrpura, nariz aclimatada a recuerdos de fruta roja en sazón, con algunas señas en segunda instancia que evocan especiados dulces y tostados finos, frente balsámico, y un final en donde surgen aires torrefactos conjugados con sensaciones cremosas. Equilibrado en la fragancia, mantiene la personalidad aromática de la fruta madre en primer término.
Boca golosa y afinada, las influencias del roble dejan su impronta en el paso, despliega buenos tonos de frescura y una sabrosa acidez que aporta nervio. Perfil de monovarietal de la denominación de origen, sustancioso y con volumen. Taninos golosos y maduros, se desliza en la llegada al paladar con señas de suavidad. Buena nota en cuanto a persistencia y en la retronasal apuntes de cerezas y ciruelas rojas, vainilla y almendras, gesto central gustativo de clave balsámica, regaliz, y en el epílogo granos de café tostados que prolongan su expresión. Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.

Espelt Viticultors Lledoner Rosat 2016.




Vino rosado del Empordá, correspondiente a la colección de referencias de Espelt Viticultors que se elabora con uvas de la variedad lledoner, apelativo sinónimo de garnacha tinta usado en la zona geográfica vitícola del Empordá catalán, vendimiadas en parcelas de la propiedad que se asientan en suelos de composición franco arcillosa, con base granítica.
Vinificación que comienza con un proceso de macerado pelicular en frío, etapa que se prolonga durante poco más de veinte horas, siguiendo con una fermentación alcohólica con temperatura controlada en depósitos de acero inoxidable y una breve permanencia sobre lías en idénticos continentes. Despliega en copa parada un cromatismo rosa intenso y brillante, con reflejos fresa y grosella, y algunos tonos asalmonados y cobrizos suaves. Nariz afirmada en nostalgias de cerezas, ciruelas rojas y cítricos, algunos motivos florales y balsámicos en la prolongación del perfume, hay rosas rojas y anisados, manifestando notable expresión de equilibrio.
Boca sustanciosa, afianzada en una traza sugerente de acidez, buena frescura en el paso, seña untuosa y alcance y llegada al final de la cata. Abre la fase retronasal con testigos descriptores de frutos rojos, limón y pomelo rosa, rojos y amarillos pétalos florales, alguna sensación de hierbas aromáticas, con hinojo y un guiño mentolado en el epílogo.
Buena condición refrescante, para una añada 2016 del Lledoner Rosat que califico entre recomendable y muy recomendable.

lunes, 19 de junio de 2017

Tobelos Bodegas y Viñedos Blanco Fermentado en Barrica Cosecha 2015.

                                                 


El vino blanco seco fermentado en barrica de Tobelos se elabora en base a una conjunción de las variedades viura y garnacha blanca, realizando la fermentación en barricas de madera nueva de roble francés de grano fino, permaneciendo durante seis meses en contacto con sus lías, mediando los preceptivos removidos. Responsabilidad enológica de Adriana Laucirica, la fruta que da luz a este vino se cosecha en parcelas propiedad del dominio ubicadas en San Vicente de la Sonsierra y Briñas.
En copa parada ofrece tonalidades amarillas brillantes y pajizas, con reflejos cetrinos ligeros, nariz que proclama nostalgias cítricas, algunos ahumados finos, manzana y ciruelas claudia maduras, con segunda instancia de pétalos florales blancos y amarillos, guiños infusivos, hierbas aromáticas breves y un eje balsámico prolongado, que da mayor empaque al conjunto. En segundas cercanías olfativas surgen destellos tostados y alguna esencia láctica que junto a evocaciones de almendra y nuez, plantean una fragancia de notable complejidad y expresión.
La entrada en boca es amplia, amable, con una buena racha de frescura, intensidad en un paso graso y untuoso, influencia evidente de la permanencia sobre lías, gestos ácidos sabrosos y un punto de sugerente amargosidad que da longitud a su alcance en el paladar. Fino en su proyección, la retronasal habla de limón, pomelo, manzana y fruta blanca con hueso, insinuaciones de membrillo, con brezo y ortiga blanca, camomila, hinojo y heno, sensaciones silvestres, fondo que combina amargor y una brisa salina muy armónica.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable, en mi opinión superior  a la añada precedente, cuya crónica de cata incluyo a continuación al objeto de su repaso. Goza de más nervio y más marcada sensación de acidez.
http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2016/02/tobelos-bodegas-y-vinedos-blanco-2014.html


Bodega Cooperativa Virgen de la Vega Beturia Tinto Joven 2016.




Año tras año, a través de las arterias de las vides, mana el vino como savia extraída...
Buen argumento literario que reza en la contra etiqueta de este Beturia, lozana referencia de la bodega cooperativa de Haro, Virgen de la Vega. Elaborado con fruta de la variedad tempranillo de Rioja, con un rendimiento aproximado en viñedo de seis mil quinientos kilogramos por hectárea, su espíritu está basado en una elaboración tradicional en vinos jóvenes, fermentación y maceración en depósitos de acero inoxidable, procesos que se prolongan durante una semana y que preceden a una maloláctica en idénticos continentes.
Uvas de tempranillo de Haro y de varios pueblos de la comarca, expresión viva de la varietal con un cromatismo que en copa parada afirma tonos picota intensos, con reflejos violáceos, desliza en nariz nostalgias de fruta roja y negra en sazón, algunas flores en segunda instancia con recreo balsámico en la prolongación de la fragancia, dejando que la fruta madre palpite y sobresalga.
Vino de los de momentos de sarmiento, que me trae emotivos recuerdos personales de infancia y adolescencia, de aquella época en la que se comía y cenaba con vino, en la que un niño podía tener una progresiva y razonable aproximación a un vaso de bon vino sin necesidad de que nadie lo censurase, de aquella época, en fin, en donde el vino formaba parte de una maravillosa rutina.
Jugoso en la entrada, la boca se ve rociada por esencia de uva, plantea un paso en donde la frescura cobra relevancia, con una buena traza de acidez y un pronunciado asomo de fruta. Digno, sin excentricidades ni sortilegios. Taninos golosos y finos, con persistencia amable y la retronasal asomando evocaciones de cerezas, fresas de mata y en menor medida moras, flores violetas y regaliz, con buenos registros finales de sapidez.
Lo califico en esta añada 2016 entre recomendable y muy recomendable.

domingo, 18 de junio de 2017

Viñedos Hermanos Hernáiz El Pedal Tempranillo 2016.




Tras la adquisición de nuevas parcelas de plantación vitícola, los propietarios de Finca La Emperatriz decidieron variar su razón social, usando para ello algo tan simple pero tan directo como su propio apellido, Viñedos Hermanos Hernáiz. Con localización en una de las mesetas de mayor altitud en la zona de Rioja Alta, y con un pasado que cobra relevancia en la era cuaternaria, agente de erosión de la Sierra de la Demanda, los suelos aluviales y la inmaculada presencia de cantos rodados otorgan a los viñedos de este dominio una especial singularidad.
Terrenos pobres, irradiación solar en las plantas y grandeza polifenólica en las uvas, detalles que convierten a los frutos de las vendimias de los hermanos Hernáiz en drupas ideales para elaborar vinos dotados de ciertos e innegables caracteres de excelencia.
El Pedal de Hermanos Hernáiz en su edición de vendimia 2016 es un vino de la variedad tempranillo de Rioja, que se elabora con frutos procedentes de cosechas en diversos términos municipales de la denominación de origen, en concreto y como reza la contra etiqueta, Fuenmayor, Cenicero, Navarrete, Hornos de Moncalvillo y Baños de Rioja. Una referencia de interés, máxime teniendo en cuenta el actual debate de los vinos de pueblo, esa especie de galimatías que para algunos resulta leyenda y para otros, entre los cuales me encuentro, compleja realidad.
Acredita una maduración de cinco meses en depósitos de cemento, tinas de madera de cinco mil litros y barricas usadas de quinientos litros de capacidad. Como pasos previos, se acomete una fermentación alcohólica en acero inoxidable y cemento, mediando remontados suaves y control de temperatura. Tras los cinco meses de crianza, se realiza un ensamblaje con un diez porcentual de vino de la cosecha anterior, el cual permaneció un año en barricas de madera de roble.
Tras el descorche y en copa parada muestra una tonalidad picota intensa, con reflejos violáceos, nariz que recoge nostalgias de fruta roja y negra en sazón, algunos registros florales en segunda instancia, fondo balsámico pleno y alguna mueca tostada muy fina, con evocaciones de miga de pan e infusión de té. Buen equilibrio, con la fruta en primer plano de protagonismo. La boca abre suave y va ganando en intensidad a medida que avanza la cata, buen despliegue de frescura, traza amable de acidez, envolvente en clave media alta, golosos y pulidos taninos, persistente y dotado de buena balanza entre la expresión de fruta y las influencias del roble y el cemento. Retronasal que abre recuerdos de cerezas, moras y ciruelas rojas, algunas flores rojas y violetas, regaliz, y las evocaciones tostadas que se expresan con delicadeza.
Un vino que califico en esta añada 2016 como muy recomendable.
Muy buena expresión de mi apreciada tempranillo.

Raimat Castell Blanc Chardonnay 2016.



Las palabras catalanas raïm y má, racimo y mano en el idioma cervantino, dan luz a esta bodega catalana que surgió desde el apasionado y constante esfuerzo personal de una familia, los Raventós, que adquirió en el pasado las tierras para plantar las viñas e inició una andadura empresarial en base siempre al Castillo de Raimat. Comarca de Segriá, en donde los conejos daban cuenta de los brotes de las viñas a comienzos de los años treinta resultando un problema que se intentó solucionar mediante la ampliación de los recursos cinegéticos entre los lugareños, dando lugar incluso a una referencia gastronómica que recibió el apelativo de conill a la raimat. Como la medida no resultaba suficiente incluso se llegó a importar una especie de serpiente australiana, inofensiva para el ser humano, con la que se completó la lucha contra el mamífero lagomorfo. Anecdotario del pasado, que aporta información sobre los desvelos constantes del agricultor, ayer, hoy y mañana.
Elaborado de modo monovarietal con fruta de la casta chardonnay, este vino blanco seco en su edición de vendimia 2016 se elabora con uvas cosechadas en tres fases en función de su graduación alcohólica, buscando siempre la recogida nocturna de los racimos, valorando las más bajas temperaturas. Ya en bodega se procede con un prensado inmediato, realizando después una clarificación de entre una y dos jornadas que se lleva a buen término a bajas temperaturas. Tras la limpieza del mosto, se trasiega a un depósito de acero inoxidable, iniciando la fermentación alcohólica con un firme control térmico. Leve mantenimiento en idénticos continentes y embotellado final. En copa parada afirma un cromatismo amarillo brillante con reflejos cetrinos, nariz que recoge nostalgias cítricas, fruta blanca de hueso y pepita, algunos leves apuntes tropicales menos marcados que los anteriores, aflorando en el eje aromático recuerdos florales y un punto balsámico de mayor intensidad. Su fragancia expresa fruta por los cuatro costados, con una carga varietal muy definida.
Tiene equilibrio. La entrada en boca es resulta, jugosa, despliega frescura en el paso, untuosidad, buen lineal de acidez, prolongación y alcance hasta el final. La retronasal relata evocaciones de limón, melocotón de viña, manzana, ciruelas claudia en sazón, lichis y carne de membrillo, con un guiño de almendra fresca y resinas y anisados en el centro gustativo.
Buen retorno de sapidez, estructura y volumen.
Lo califico en esta añada 2016 como muy recomendable.

sábado, 17 de junio de 2017

Noelia De Paz Grizzly Prieto Picudo 2011.




La vitivinicultora leonesa Noelia De Paz demuestra orgullo por una tierra y pasión por un trabajo cuando uno la observa desde la comodidad del sofá de casa en alguna de las entrevistas concedidas a medios e insertas en las redes sociales, Tierra de León y Prieto Picudo, una ecuación que deja a las claras la legendaria esencia de esta variedad en aquellos parajes y que al fin, con este Grizzly 2011 deja atrás en mi opinión esa etiqueta malediciente que algunos utilizan para ligar vinos rosados y prieto picudo como si no hubiera más recorrido. Cuevas de Valdevimbre, un tesoro del patrimonio cultural leonés y por ende español que va ligado a la esencia de esta variedad, autóctona del municipio de la comarca del Páramo donde las coníferas y marcescentes dan empaque al paisaje bioclimático. La cuenca del río Cea y Los Oteros completan el hábitat natural de la prieto picudo. Noelia deja atrás madreos y se centra con Grizzly en buscar un referente en donde quede probado que la uva leonesa es capaz de madurar bien enfocada con un aporte de madera en su crianza, y prolonga la permanencia en roble francés durante treinta y seis meses, ambiciosa apuesta que a juzgar por el resultado me aporta una convincente sensación personal.
La altitud media de localización de cepas oscila en esta zona de León entre los setecientos sesenta y los ochocientos diez metros sobre el nivel del mar, y los suelos en donde se asientan las viñas presentan un concepto aluvial y arcilloso, con influencias climáticas atlánticas suaves.
De Paz realiza una selección personal de la fruta que usará en la elaboración, contemplando la colaboración de agricultores de la zona, buscando siempre preservar la identidad de la casta y del terreno, obteniendo como resultado un vino que requiere algunos minutos de paciencia, tras el descorche. En copa parada afirma una cromática picota reafirmada con tonos grana, rubí, limpieza estética, la fruta aparece en primer instante de nariz algo vestida por la madera, con notas especiadas dulces y tostadas que parecen imponerse, aunque tras una conveniente aireación, la fruta alza la cabeza, roja y madura, con apuntes confitados y serenos, fina seña de licorosidad. Brillos evocadores de panadería y vainilla en segunda instancia, con un punto central balsámico que memora regaliz y un final en el que confluyen retornos de frutos secos y granos de café tostados.
Lo intuyo en un momento óptimo de consumo, sobre todo para quienes idolatramos los vinos finos, ese concepto que los riojanos de nacimiento y adopción tanto valoramos.
En el avance de la cata, y tras seis minutos de análisis olfativo, la boca arranca con suavidad, potencia frutal, cierta dosis de elegancia, el punto de la madera más ajustado y fino, sí exhibe cierta nota secante aunque no me preocupa en absoluto ya que ni es exagerada ni altera la personalidad de la fruta madre, muy bien plantada en el rol protagonista. Es un vino que podría calificar como emotivo, menos arriesgado seguramente de lo que algunos pueden pensar, con la tanicidad de la prieto picudo resuelta y amable. Buen despliegue de acidez, goloso pero no dulce en exceso, adecentado pero no manipulado, franco en su proyección y con una persistencia que acredita buenos modales.
La vía retronasal habla de cerezas y ciruelas rojas, más lejano recuerdo de endrinas, arropes y vainilla, mueca suave de caramelo, pan tostado y regaliz, con epilogo de almendra tostada y esencia torrefacta, esta más aletargada.
Sapida conclusión, con la fruta más alzada cuanto más servicios en copa se realizan. El tiempo y la paciencia le hacen brillar, ideal pues para acompañar una buena comida ó una de esas cenas con tertulia. Lo califico en su añada 2011 como muy recomendable.

Soto Manrique Naranjas Azules Garnacha 2016.




El proyecto personal de un comerciante de vinos, Jesús María Soto, y su esposa, da vida a partir del año 2012 a Soto Manrique, elaboradores con una filosofía de identificación por variedades y suelos, estos siempre de composición arenosa, con ocho hectáreas de plantación en propiedad, de las que tres están dedicadas a la garnacha, uva que forma la base única monovarietal de este vino rosado bautizado como Naranjas Azules.
Con el estandarte de la denominación de origen Vino de la Tierra de Castilla y León, la fruta se vendimia en modo manual en una parcela localizada a una altitud de setecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, cepas asentadas en suelos de composición franco arenosa, floraciones calizas y pobre en materia orgánica. Influencia climática continental extrema, con las características propias de la zona del Valle del Duero. Su elaboración en bodega se inicia con un prensado de la fruta, encubado sin contacto con los hollejos y una fermentación alcohólica que se despliega en depósitos de acero inoxidable, controlando la temperatura.
En copa parada afirma un cromatismo rosa pálido, con buen brillo y matices asalmonados suaves y piel de cebolla, nariz de buena intensidad inicial, recoge recuerdos de frutos rojos en sazón, algunas señas cítricas ligeras, flores rojas y eje balsámico que describe con prolongación aromática destellos anisados de hinojo. Arranca en boca con suavidad, va de menos a más, se aprecia una buena y larga traza de acidez, con golosas notas en el paso y un guiño cítrico que aporta alcance y llegada y que junto a testigos de cerezas y fresa de mata, decreta evocaciones de naranja y un punto de manzana roja. Buenos apuntes de flores rojas en segundo plano, enlazando con hinojo y una clave que defino como silvestre. Ritmo sostenido durante toda la cata, sin embargo aprecio cierto desequilibrio si es que puede llamarse así, entre su cauce de acidez y sus golosas percepciones gustativas acreditadas en el avance, que por algunos instantes me resultan edulcoradas en exceso. Lo califico, por ello,  en esta edición de cosecha 2016 como aprobado justo.

viernes, 16 de junio de 2017

Finca La Rinconada Verdejo Fermentado en Barrica 2016.



No es esta la primera vez que Finca La Rinconada ocupa un espacio de protagonismo en mi blog, de hecho recuerdo que data del mes de noviembre del año 2012 una crónica de cata de esta misma referencia que hoy presento a la atención de mis lectores. En aquella oportunidad se correspondía con la edición de cosecha 2011, en esta con la nueva recién salida al mercado, la relativa a la vendimia 2016. Vino blanco seco monovarietal de la casta verdejo, fruta procedente de viñedos que se localizan en el término municipal de Castronuño, con asiento en suelos de composición limo arenosa, presencia aluvial y arcillosa, cortos rendimientos por cada planta, acreditando una edad media de cuarenta y dos años. Proceso manual de vendimia, llegando la fruta a bodega e iniciando su vinificación en la que en todo momento se emplea la gravedad, tanto para la uva, como para el mosto y el consiguiente vino. Cuatro horas de maceración, que precede al fermentado alcohólico en barricas de madera de roble, labor que se realiza a temperatura constante y que se prolonga durante veintidós jornadas. Permanencia en barricas de madera nueva de roble francés, durante la fase de fermentación, se procede con removidos de las lías y transcurridos cuatro meses, afinado en madera, se traslada a depósitos de acero inoxidable de cinco mil litros, continentes donde se mantiene en contacto con las lías durante dos meses más.
En copa parada manifiesta un cromatismo amarillo pajizo intenso y brillante, con reflejos cetrinos, dejando en la proximidad aromática nostalgias de fruta cítrica, con cercanías a evocaciones de pera y ciruelas claudia en sazón, centro herbal y floral, dejando un buen aporte expresivo propio de la varietal, afinado y delicado, despidiendo las notas del perfume con matices balsámicos y un guiño sugerente de salinidad. Equilibrado, educado. La boca abre sabrosa, despliega una traza de acidez bien prolongada, con nervio y brío, escenifica frescura jugosa, alcance y prolongación, con volumen y paso envolvente y untuoso. Magnífica persistencia, hablando en la retronasal de limón, mousse suave, hierba fresca tamizada por gotas de rocío matinal, camomila y ortiga blanca, brezo y resinas, finaliza con una sinfonía de hinojo y mineralidad, esta expresada en modo largo y sostenido, sugerente salinidad. Muy buena añada, esta del 2016, que califico como muy recomendable.

Bodegas y Viñedos Luna Beberide Godello 2016.




Vino blanco seco monovarietal de la casta godello, que los responsables de esta bodega berciana elabora con fruta procedente de un proceso de recuperación clonal de viejas cepas localizadas en el término municipal de Villafranca del Bierzo y más en concreto en la finca bautizada como Valdetruchas que se ubica a una altitud media de seiscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar. Asiento en suelos de componente arcillo pizarroso, con un proceso de vinificado que se inicia tras el porte de la fruta a las instalaciones de la bodega, mediando una fermentación alcohólica que se lleva a buen término en depósitos de acero inoxidable, controlando la temperatura y permaneciendo en contacto con sus lías durante seis meses, paso previo al embotellado final.
Tras el descorche y en copa parada muestra tonalidades amarillo pálidas y brillantes, con reflejos cetrinos, en nariz asoman nostalgias cítricas suaves, alguna seña de manzana y pera de agua, guiños herbales ligeros, centro balsámico, resinas, hinojos y muecas salinas que prolongan su perfume. La boca abre con profundidad, despliegue de acidez, aporta frescura y un reflejo untuoso que aclimata la llegada al paladar. Sustancioso, firme y sin estridencias, franco en su expresión varietal. Magnífico el paso salino del vino, con alcance y llegada al final de la cata. La retronasal sustancia evocaciones de limón, fruta blanca de pepita, gestos herbales y sensaciones de salinidad apacible pero prolongada que junto a notas anisadas y de resinas dan proyección a su expresividad. Agradable mineralidad, con la fruta siempre marcando el guión. Me ha encantado.
Lo califico en esta edición de vendimia 2016 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Elegante en su sapidez y muy de terruño.

Ramón do Casar Treixadura 2016.




Proyecto familiar a cargo de tres hermanos, Ramón, Etelvino y Javier González Sabucedo, siendo este último el principal valuarte laboral del mismo, contando para ello con una plantación de viñedo que data del año 2000 y que ocupa una extensión de terreno de ocho hectáreas.
Pablo Estévez en las labores de enología, buscando siempre el respeto a la identidad de la variedad que da luz al vino, vinificando con una fermentación alcohólica que se desarrolla en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, permaneciendo en contacto con sus lías durante un periodo elegido según los criterios del enólogo.
En copa parada describe una cromática amarillo pálida y brillante, con glaucos reflejos, desplegando en su proximidad olfativa recuerdos cítricos, con continuación de memorias a ciruelas claudia maduras, pera y lichis, manzana en menos intensidad y registros florales, silvestres y balsámicos en segunda instancia. Buenas notas de fragancia, que dejan paso a una entrada en boca que apunta buena condición de la fruta, resulta goloso en el paso, con una media nota de acidez, esta por momentos cobijada tras los guiños dulces de la fruta. Tiene alcance y una llegada final que me resulta ajustada, asomando en la fase retronasal evocaciones de limón, fruta blanca de pepita, algunos brillos tropicales y las ciruelas claudia estivales en sazón. Pétalos florales blancos y amarillos, anisados en el eje gustativo, tal vez pudiera pedirle algunas claves mayores de equilibrio entre acidez y dulzor, ya que la primera de ellas me ha parecido un tanto huidiza.
Lo califico en esta edición de vendimia 2016 como recomendable.