martes, 21 de abril de 2015

Bodegas Marqués de Reinosa Blanco 2014.






Mi gratitud a Jesús Ariznavarreta y Ana Rubio, gerente y enóloga de la bodega cooperativa de Autol, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante la entrega en mano de varias muestras de sus principales referencias.
Tras mis recientes comentarios sobre el vino rosado de la añada 2014 y el vino tinto crianza de la vendimia 2012, hoy traigo al blog este vino blanco referente a la cosecha 2014, que se elabora con una conjunción varietal de viura, tempranillo blanco y verdejo y que acredita un buen equilibrio aromático, además de prolongación en boca y un alcance preciso y bien delineado.
Para acompañarlo y a media mañana, me he preparado un pincho de creación propia, esa que a veces se basa en musas culinarias atrevidas, y que cada vez tiende más a compatibilizar sensaciones en teoría contrarias, en la práctica no tanto.
Champiñón de Rioja, ese tesoro a veces escondido tras la sombra del compost, inmaculado en su estética en crudo, bella estampa que en esta región más reconocida por el vino, merece siempre un espacio propio de reconocimiento y distinción. Fresa de Palos, otra de las delicias gastronómicas de nuestro orgullo patrio, sabrosa referencia que siempre hace las delicias de todos a cualquier hora del día, y que además suele acompañarse con un buen chorro de vino ó incluso una pizca de vinagre.
Jamón de bodega, también de Rioja, y queso camerano, ese que ya hizo salivar a Gonzalo de Berceo.
Base fina de pan tostado de Cuzcurrita para servir de cimiento a un conjunto escultórico privilegiado y que enciende la llama de la armonía desde el primer minuto.
En efecto, el punto goloso de la fresa desengrasa el paladar que champiñón, jamón y queso engrasaron y junto con un buen sorbo de este vino blanco de la Rioja Oriental, motiva los sentidos, dándoles una apasionada e identificable bendición.
Respecto al vino, en copa parada defiende una cromática amarillo brillante y limonado, con reflejos verdosos, deslizando en la proximidad aromática recuerdos de fruta cítrica y algún retorno de fragancia tropical. En segunda instancia, acredita memoria de flores blancas, finalizando con algún crédito balsámico, de menor intensidad.
La boca se muestra sabrosa desde el comienzo, aporta gustosidad y frescura, con la traza de acidez bien prolongada, media untuosidad en el avance, llegando hasta el final de la cata pleno en viveza y hablando en la retronasal de pera de agua, lichis, limón y piña, con algunas notas florales nítidas y un final en donde cobra más personalidad el enfoque balsámico, algunas resinas.
Lo califico en esta añada 2014 entre recomendable y muy recomendable.

Bodegas González-Puras Crianza 2011.



Con mi agradecimiento a los responsables de esta bodega familiar localizada en el municipio riojano de San Asensio comienzo esta entrada del blog versando sobre mis impresiones acerca de su referencia de vino tinto crianza, en edición de añada 2011.
Monovarietal de la casta tempranillo, muy en clave de tradición Rioja, acreditando una maduración de doce meses en barricas de madera de roble francés y americano.
En copa parada exhibe un color apicotado de buena intensidad con reflejos púrpura y algunas insinuaciones grana. Apunta en nariz recuerdos de fruta roja y negra maduras, con ligeros tonos de especias dulces, breve signo láctico y algunos descriptores balsámicos en el perímetro.
En una segunda cercanía olfativa despuntan sensaciones torrefactas menos marcadas que el resto.
La boca tiene una entrada en la que domina la fruta, media alta traza de acidez, con los taninos golosos y pulidos, dejando una seña de persistencia varietal de buena intensidad.
Retronasal que exhibe evocaciones de ciruelas rojas y cerezas, con notas avainilladas y lácticas que aportan personalidad, y un esbozo final balsámico que cierra su descripción.
En esta fase se nota menos el apunte torrefacto que el demostrado en el momento aromático.
Lo califico en esta añada 2011 entre recomendable y muy recomendable.

lunes, 20 de abril de 2015

Château Marsyas 2009.



Mi agradecimiento a la familia Saade por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de varias muestras de sus referencias principales.
El nombre de esta bodega libanesa toma su fuente del auténtico nombre del Valle de la Bekaa, tal y como ya citan algunos antiguos autores en sus obras, Plinio y Strabon, entre otros.
Château Marsyas cuenta con el apoyo externo del asesor enológico bordelés Stéphane Derenoncourt y con viñedo en propiedad localizado en las inmediaciones del monte Barouk, a novecientos metros de altitud sobre el nivel del mar.
Conjunción varietal de cabernet sauvignon, syrah, merlot y un pequeño aporte de petit verdot, dando vida a una añada, esta de la cosecha 2009, sencillamente magnífica.
Baste decir que en una cata ciega reciente y con once vinos más de diferentes apelaciones, obtuvo casi por consenso, el máximo galardón entre todos los presentes. Grupo de amigos, apasionados del vino en diferentes escalas, que a partir de ahora realizaremos este tipo de catas ciegas, que desde luego aportan mucho a alguien como yo.
Uvas que emergen en cepas asentadas en suelos de composición ferrosa y calcárea y que dan vida a un vino cuya maduración en barricas de madera de roble francés durante dieciocho meses le aporta una equilibrada y elegante complejidad.
En copa parada pincela una cromática apicotada intensa, con reflejos púrpura y estética sustanciosa.
La nariz exhibe recuerdos de fruta negra madura, con algunas tímidas notas florales de escolta y un despliegue en segunda instancia que trae evocaciones balsámicas, té, olivas negras y un muy sugestivo perfume mineral que le da empaque y cierra la demostración de potencial en cuanto a descriptores de fragancia.
En una segunda aproximación aparece un punto silvestre más intencionado que se deja acompañar de algunas notas especiadas dulces.
Boca con un arranque impactante, la fruta desarrolla toda su vitalidad, con una equilibrada y jugosa seña de acidez, aportando muy buenas dosis de frescura. Taninos marcados y sedosos, con una punta de astringencia que defino como sabrosa, marcando las encías y dando al vino una envidiable personalidad propia. Carácter y condición, el enfoque varietal queda impreso en los sentidos del catador, la tanicidad de la merlot, el brote floral y silvestre de la syrah, y la refrescante nota jovial de la cabernet sauvignon.
Muy alta nota de persistencia y envolvencia, con una inolvidable experiencia personal en lo que a estructura se refiere.
Retronasal que habla de moras y arándanos, violetas y pétalos de rosas rojas, alguna hierba aromática, eucalipto, olivas negras, té, lapicero y descriptores que recuerdan a roca, granito.
Una añada de Château Marsyas que califico como más que muy recomendable.
Tiene años de progresión por delante. Su presente está cargado de fruta, complejidad y estructura.

Viñas del Vero Rosado Pinot Noir 2014.




Mi gratitud a los responsables de marketing y comunicación de esta bodega del aragonés Somontano, perteneciente al grupo González Byass, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediando el envío de varias muestras de alguna de sus referencias.
Este vino rosado en edición de cosecha 2014 se elabora de modo monovarietal con frutos procedentes del pago Las Almunietas, uvas de pinot noir, con un control de maduración meticuloso a pie de viña, ya en bodega estrujado y refrigeración, permitiendo el contacto durante algo más de media hora, del mosto con las pieles.
A continuación, y lograda la cromática deseada, separación del mosto flor por gravedad e inicio de una lenta fermentación alcohólica a baja temperatura, que precede a un filtrado y al posterior embotellado.
En copa parada defiende un color rosa suave, con brillo grosella esmerilado, apuntando algunas insinuaciones piel de cebolla. La nariz acredita recuerdos de cesto de fruta, con frutos rojos, melocotón de viña y pera, un punto cítrico bien desenvuelto y algunos detalles de flores blancas y pétalos rosales.
La boca es sabrosa y equilibrada desde el arranque, con la acidez presente y comedida, acaricia el paladar con un despliegue refrescante e indudables guiños en los que la fruta marca su credencial.
Persistente en clave de media alta intensidad, con la retronasal que insiste en los descriptores aromáticos, marcando más los frutos rojos y la pera de la varietal Anjou y dando rienda suelta a expresiones florales que en esta parte de la cata muestran mayor capacidad.
Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.

Domaine de Clos de l´Élu Bastingage 2013.



Mi agradecimiento a Charlotte, Thomas y Grégoire, responsables de este dominio vitivinícola francés por su desinteresada colaboración con mi espacio divulgador de la cultura del vino, mediante el envío de varias muestras de algunas de sus referencias principales.
Este Bastingage de Clos de l´Élu en edición de cosecha 2013 es un vino blanco seco acogido a la apelación Anjou que se elabora en clave monovarietal con uva chenin blanc y vinificación parcial en madera de roble, uno de esos vinos que uno comparte en el instante de su cata y que puedo afirmar que ha entusiasmado a más de uno de los presentes, incluyéndome.
Copa parada que enseña tonos amarillos con reflejos dorados suaves y buena condición de brillo, manifestando en nariz recuerdos de fruta tropical y blanca con hueso, segunda instancia que acredita memoria melosa no marcada en exceso, con memoria de avellana y lácticos, fragancia fina pero de notable complejidad.
Boca gustosa y equilibrada desde el primer instante, buen balance de golosura y acidez, despliega frescura y se muestra untuoso y cremoso en media alta medida. Envolvencia y criterio en la percepción personal de este chenin blanc, con la persistencia alta y la retronasal que se muestra incluso más expresiva que la vía aromática, acreditando evocaciones de piña, lichis, pera de agua, ciruelas claudias maduras, guiño de membrillo muy delicado, avanzando hacia recuerdos de flores blancas y amarillas y finalizando con una traza cremosa y de avellana.
Es un vino sustancioso, que ensalza la chenin y que califico en esta añada 2013 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

domingo, 19 de abril de 2015

Celler Lagravera Onrá Negre 2011.





Mi sincero agradecimiento a los responsables de esta bodega familiar catalana localizada en el municipio de Alfarrás y acogida a la denominación Costers del Segre, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de esta muestra de su vino tinto Onrá.
Con Ivá Gallego en el rol de responsable enológico del dominio, Celler Lagravera defiende en propiedad poco más de once hectáreas que durante años mantuvo el perfil de gravera y que ahora está dedicado a la elaboración de vino y aceite, avalados por un certificado ecológico CCPAE, con selección triple de uvas. Ampliando su filosofía buscando las mayores cotas de naturalidad en sus cultivos y elaboraciones, y siempre en estrecho contacto en cuanto a estudios e innovación tecnológica con la Universidad de Lleida, en la actualidad y de la mano de Pierre Masson, enfocan su avance hacia el campo de la agricultura biodinámica, con el certificado Demeter en vigencia.
Vinos que crecen entre las piedras, como les gusta definir a ellos mismos, igual que este Onrá en edición de añada 2011, elaborado a partir de una conjunción varietal de garnatxa negra, mayoritaria, con menores aportes de merlot y cabernet sauvignon.
Fruta que recibe la influencia desde el norte cardinal de la Serra Llarga, con triple selección de la uva, siendo la segunda y tercera ya en bodega, tras la vendimia manual, maceración pelicular prefermentativa de la garnatxa durante tres jornadas y aplicación de battonage periódico. Fermentado por separado de cada varietal con control de temperatura y maduración durante doce meses en botas de madera nueva y de un vino, de roble francés.
En copa parada demuestra una buena intensidad cromática apicotada, con reflejos violáceos y purpúreos, nariz que amanece con sabrosa fragancia de fruta roja y negra maduras, punto especiado de vainilla en segunda instancia, algunas señas balsámicas marcadas y en el fondo un evidente y complejo punto de mineralidad que en efecto describe recuerdos de piedra húmeda, cierta salinidad y una evocación de terrosidad.
En segunda cercanía apunto también, junto los descriptores ya mencionados; guiño tostado ligero.
Boca inmensa desde el primer segundo de arranque, gustoso, sabroso, concentrado, con un avance en donde frutosidad y mineralidad se dan la mano, llenando paladar y encías de un punto astringente lleno de emotividad. Hay ducha de fruta y unos taninos golosos y robustos que le dan una magnífica exhibición de personalidad y carácter.
Estupenda persistencia, voluminoso y estructurado.
En la retronasal habla de cerezas, frambuesas y arándanos, con el mismo gesto avainillado de nariz, acometida balsámica que apunta hacia reflejos de regaliz y un epílogo de este fantástico cuento vinoso que nos lanza un the end pleno en encanto mineral.
Probablemente uno de esos vinos tintos que demuestran con creces que el término mineral aplicado a la expresividad de un vino no es una simple boutade de catador gesticulante.
Lo califico en esta añada 2011 como más que muy recomendable.
Magnífico.


Albet i Noya Lignum! Blanc 2013.




Mi agradecimiento a Josep María Albet i Noya y a todo su equipo profesional y humano, por la desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediando un envío de varias muestras de algunas de sus principales referencias de vino de uva blanca.
Este Lignum! Blanc en edición de añada 2013 responde a una conjunción varietal de chardonnay, xarel.lo y sauvignon blanc, acreditando en su proceso de vinificado una vendimia con selección manual de la uva, fermentado de treinta días en depósitos de acero inoxidable en lo que se refiere a la fruta de la casta sauvignon blanc y sesenta días en barricas de madera de roble en lo que guarda relación con la chardonnay.
La fruta que edifica este Lignum! Blanc acredita parámetros de viticultura ecológica y procedencia de la finca propiedad del dominio situada en los Costers de l´Ordal, situada por encima de trescientos metros de altitud sobre el nivel del mar, buscando además las cepas más viejas de las varietales chardonnay y sauvigno blanc, que se encuentran asentadas en suelos de composición calcárea y perfil de secano.
En copa parada muestra un color amarillo pajizo con reflejos verdosos, buen brillo.
La nariz escenifica recuerdos de pera de agua y piña, con notas lácticas en segunda instancia, que abren puertas tras las que se esbozan sensaciones especiadas dulces, algún fruto seco de menor empaque, flores blancas y matices silvestres que evocan paseos campestres primaverales.
Boca jugosa y refrescante desde el inicio, con la acidez bien definida, prolongada; sentido de buena envolvencia y punto cremoso y de untuosidad cuando el vino alcanza el paladar.
La fruta impera por delante de la madera, manteniendo su franqueza varietal y concediendo una oportunidad a un síntoma graso que aporta plenitud en el carácter del vino.
Persistente, en su expresión retronasal abunda en multitud de descriptores frutales, aportando una seña cítrica menos identificable en nariz. Hay efectos tropicales y un guiño avainillado que se ve escoltado por una sugerente punta cremosa.
Para el final de esta fase de cata, aparecen matices florales, balsámicos y una decorosa racha de aire silvestre, que cierran la exhibición.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.