viernes, 24 de febrero de 2017

Bodegas Muga Blanco 2016.





Nueva añada, la correspondiente a la vendimia 2016, de esta referencia de Bodegas Muga que pude degustar durante una cata en el establecimiento Entrecopas de la localidad riojalteña de Haro. Para la ocasión Pablo, uno de los propietarios y chef de este local de restauración, seleccionó una armonía consistente en una tapa de setas, que le fue de mil amores a un vino blanco seco elaborado con una base varietal mayoritaria de la casta viura y pequeños aportes complementarios de malvasía y por vez primera garnacha blanca. Esta es la novedad del blanco fermentado en barrica de la bodega del Barrio de la Estación, apuesta ecológica por una variedad que aporta personalidad floral al conjunto, junto con una mayor sensación gustativa en cuanto a cuerpo y estructura.
Fruta que se vendimia en parcelas con suelos de composición arcillo calcárea y aluvial, con transporte en frío a la bodega y allí tras ocho horas de maceración en prensa, inicio de la fermentación alcohólica que tiene lugar en barricas de madera nueva de roble francés. Permanencia posterior sobre lías durante tres meses, antes de realizar el embotellado.
En copa parada exhibe un cromatismo amarillo pajizo de notable intensidad y brillo, con reflejos verdosos, descubre en la proximidad aromática recuerdos de fruta cítrica, algún esbozo de manzana y una continuidad floral que se alinea con evocaciones especiadas dulces y un guiño entre láctico y pastelero, con equilibrio y frescura. La boca abre con jugosa expresión, la fruta predomina en el paso, buen tono de acidez y frescura, marcando en el alcance del paladar con mayor intensidad los retornos florales. Hay untuosidad en clave media alta y en esta añada percibo con más claridad que en otras de esta misma referencia, la influencia de las lías. Llegada y alcance, muy buena persistencia, dejando en la fase retronasal notas que evocan limón, manzana y pera, con flores blancas y amarillas, ramillete nupcial, estableciendo en y aquí más que en la fragancia un gesto balsámico, hinojo, algo de heno y en el final sensaciones de vainilla y pastelería.
Lo califico en esta añada 2016 como muy recomendable.
Creo que la inclusión de la garnacha blanca en el conjunto, es todo un acierto.

Viñedos y Bodegas Dominio de Tares Godello Fermentado en Barrica 2015.




En el Alto Bierzo, a seiscientos cincuenta metros de altitud sobre el nivel del mar, los responsables de campo de Dominio de Tares, cultivan con mimo las viñas de la casta godello que dan lugar, tras la pertinente cosecha, a este vino blanco seco de perfil monovarietal. Cuadro topográfico con suaves ondulaciones y terrenos de componente arcillo calcáreo sobre un lecho de pizarra, abono con estiércol de oveja y tres kilogramos de carga media por cada planta.
Tras la vendimia manual, se procede ya en bodega con mesa de selección y posterior despalillado sin estrujar, iniciando a continuación una fermentación alcohólica con utilización de levaduras naturales y añadidas, que se prolonga durante treinta días bajo control de temperatura y que llega a buen fin en depósitos de acero inoxidable de diez mil y veinte mil litros. Descube directo mediante gravedad a barricas de madera de roble francés de quinientos litros, en donde se lleva a cabo la maloláctica y en las que además madura durante seis meses, con un trasegado realizado con luna menguante. Ligero filtrado y embotellado final.
En copa parada afirma un cromatismo amarillo brillante con algunas pinceladas doradas, nariz que esgrime nostalgias de fruta cítrica, blanca con hueso, algunas ciruelas claudia maduras, guiño suave de membrillo, amplificando con sensaciones que evocan especiados dulces y pastelería, con un retorno final en donde cierta salinidad se une a efectos frutales cítricos bien marcados.
La boca es golosa y equilibrada desde el arranque, buena traza de acidez, graso y expresivo en cuanto a frescura, tiene estructura y longitud. Viveza y activador de salivación, marca una estupenda seña de persistencia y una retronasal que insiste en memorias de limón, pomelo, melocotón de viña y manzana, gesto leve de membrillo, con apunte medular y suave en clave balsámica, cerrando con un testigo expresivo de bizcocho panadero y alguna evocación de vainilla.
Buena complejidad pero siempre la fruta predominante.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.

jueves, 23 de febrero de 2017

Finca Valpiedra Cantos de Valpiedra 2013.




La familia Martínez Bujanda es otro de mis clásicos incondicionales de cabecera en este espacio de divulgación de la cultura del vino. Sus referencias ocupan, añada tras añada, un espacio ya habitual en el blog que dirijo. Su Cantos de Valpiedra, vino tinto crianza de Rioja, esta vez en su edición de cosecha 2013 se elabora de modo monovarietal con uvas de la casta tempranillo, que se vendimian en las cepas más próximas al río cuyo curso transcurre por la finca en propiedad de la familia, suelos por ello de componente aluvial. En su proceso de vinificado, esta referencia de la bodega acredita doce meses de maduración en barricas de madera de roble francés y americano, previa fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable y maceración de dieciséis días.
Uno de esos vinos tintos de la histórica denominación de origen con los que siempre se acierta, y que en esta oportunidad, tras su pertinente cata, describo del siguiente modo : en copa parada pincela un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura e incipientes grana, nariz que escenifica testigos aromáticos que recuerdan a fruta negra y roja en sazón, segunda instancia con memorias espaciadas dulces y maderas de cedro, suaves tostados y un punto de frutos secos, buen empaque de fruta en el perfume con las influencias del roble siempre en segundo plano.
La boca abre gustosa, equilibrada, fina y con buena carga identitaria de la tempranillo en el paso, notable prolongación de la acidez, fresco y estructurado. Taninos golosos y afinados, dando una buena seña en cuanto a la persistencia. La retronasal habla de ciruelas negras y rojas, cerezas, fondo de vainilla y ebanistería, almendra tostada y en el final, un guiño de mineralidad que abre evocaciones de pedernal.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

Bodega Contador A mi Manera 2016.




La explosión de fruta de Benjamín Romeo se llama A Mi Manera y tiene como alma las uvas de tempranillo que el vitivinicultor sonserrano cultiva en fincas como San Pablo, Los Corrales y La Liende. Terrenos aluviales y arcillo calcáreos influenciados por un clima continental suave y que acreditan como media un rendimiento de kilo y medio por cepa.
La maceración carbónica de Romeo se apuntala mediante un proceso de tratamiento en frío durante tres días, antes de proceder a la fermentación que se prolonga durante siete jornadas bajo control de temperatura. Fermentado de uva entera, con el dióxido de carbono influyente y el mosto del interior del fruto acompañando al proceso. Son las enzimas glicolíticas quienes actúan dando luego a un vino con poca expresión tánica y en cambio un maravilloso y escultural impresionado frutal.
Con la ayuda de tinos troncocónicos de madera con una capacidad de diez mil litros, Romeo nos traslada un vino que en esta edición de añada 2016 y en copa parada esgrime un cromatismo apisonado intenso con reflejos violáceos, nariz ensalzada por nostalgias de cerezas, ciruelas negras, arándanos, moras y frambuesas, algunos estribos florales en segunda instancia y en el fondo una evocadora nota balsámica que me recuerda a regaliz y que pronuncia su potencial de fragancia. Lozanía y mucha fruta. Abre la boca con una jugosa sensación bien prolongada, desliza una traza de acidez bien delineada, aporte de músculo y viveza, diversión por los cuatro costados. Sabrosa ducha de fruta, con longitud y alcance. La retronasal habla de frutos rojos y negros en sazón, punto de flores violetas y ese escultural guiño balsámico que acompaña su cata hasta el final y más allá.
Lo califico en esta añada 2016 entre muy recomendable y más que muy recomendable.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Azienda Agricola Poggio La Luna L´Uno 2015.





Mi gratitud hacia Elisabetta Tommasoni, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediando el envío de varias muestras de este vino tinto bautizado con el nombre de L´Uno, en su edición de añada 2015, afirmado en una conjunción varietal con base mayoritaria de la casta sangiovese y un aporte complementario e inferior de ciliegiolo, uva que también es conocida con el apelativo de aleatico di Spagna. Hay opiniones enfrentadas sobre el origen real de esta variedad de vitis vinífera, y aunque algunos estudios al respecto la emparentan con la sangiovese, otros rechazan esta relación y atribuyen su origen a España.
Poggio La Luna es una bodega familiar en la que Elisabetta y sus hijos Filippo y Andrea amplían sus elaboraciones más allá del vino, al aceite, la grappa y la miel.
Cultivo complejo, en una zona de Italia, alejada de la costa y adornada por colinas, con suelos de composición arcillosa y pedregosa, dedicando esta familia cuatro hectáreas a la viticultura, dentro de un total de dieciocho. Tommasoni y sus hijos emplean algunos métodos biodinámicos en sus prácticas agrícolas. buscando siempre el equilibrio natural trasladado al resultado final de sus productos.
Tras la vendimia manual, se procede con un proceso de vivificado que tiene lugar en bodega y que incluye uso de levaduras indígenas, maceración del fruto durante tres semanas y un tiempo de afinado en depósitos de acero inoxidable que se extiende durante diez meses.
Uno de esos vinos agradables, frescos y equilibrados en donde juega un papel relevante la ausencia de madera durante su crianza, dejando tras el descorche y primer servicio en copa, un paisaje con tonos apicotados de buena intensidad, estética de pureza, con reflejos grana y delicados rubídeos. Nariz que expresa recuerdos de cerezas, frambuesas y ciruelas rojas, amplificadas en segunda instancia por nostalgias de flores violetas, guiño silvestre y balsámico en el centro de la fragancia, deslizando después evocaciones de regaliz e infusión de té. Nariz muy equilibrada, en el arranque en boca ofrece un punto sabroso, con una longitud plena en cuanto a despliegue de frescura, buen tono de acidez, en el paladar se juntan el dulzor natural de la fruta y un punto amargoso agradable y sugerente que aporta buenas dosis de personalidad al vino, con unos taninos afinados y jugosos. Franca seña de persistencia y en la retronasal más testigos de fruta roja en sazón, algunas flores, balsámicos y tonos silvestres, de nuevo ese té, acabando con sapidez y sostenido alcance.
Una buena añada para este L´Uno, que califico como muy recomendable.

Viña Elena Bruma del Estrecho de Marín Parcela Navajuelos 2015.




Proyecto de los elaboradores Elena Pacheco e Isio Ramos, con centro neurálgico en la casta monastrell y en diferentes parcelas ubicadas en la denominación de origen Jumilla, buscando la diferenciación y la diversidad de influencias externas sin descuidar la tipicidad y la identidad de esta uva. Parcela Navajuelos, enclave vitícola en el que se cosecha la fruta con la que elaborar este vino se encuentra localizado en el término municipal de Tobarra, zona alta y fría de la denominación de origen Jumilla, con aporte de suelos de componente arenoso y de cantos rodados. Las viñas de monastrell que Pacheco y Ramos emplean para edificar este vino tinto monovarietal con viejas y perduran en parcelas de pocas hectáreas de extensión.
Seis meses de maduración en barricas de madera nueva de roble dando en su primer servicio en copa y tras el descorche tonalidades apicotadas con reflejos violáceos y purpúreos, nariz que desliza recuerdos plenos de fruta negra y roja en sazón, algunos atisbos florales de segunda instancia, aportando balsámicos en el eje del perfume y algunos tostados que traen nostalgias de frutos secos y madera de cedro. Hay en una segunda aproximación olfativa un destello medio de evocación a tabaco, aunque este en menor medida que el resto. Boca sabrosa en la entrada, con despliegue de buena línea de acidez, hay frescura pero también en el alcance del paladar un sello un tanto secante. Taninos golosos y algo marcados, desprende un punto de astringencia, armando una seña de persistencia de buena longitud. La retro nasal habla de ciruelas negras y rojas, cerezas y moras,  con pétalos florales violetas, regaliz y los testigos tostados ya mencionados durante el análisis de la fase aromática. Finaliza con un punto de mineralidad expresado en memorias terrosas y de piedra húmeda. En cualquier caso es un vino correcto, intenso en cuanto a su empaque frutal, y dejando a un lado ese tono secante mencionado, lo califico en esta añada 2015 entre recomendable y muy recomendable. Hay veces que las virtudes inclinan la balanza, y este vino las tiene.

martes, 21 de febrero de 2017

Celler Arché Pagès Sàtirs Blanc 2016.



Tras cinco generaciones familiares dedicadas a la viticultura, desde el año 2004, los Arché Pagès elaboran sus propias referencias, incluyendo este vino blanco seco monovarietal de la casta macabeu, fruta que se vendimia en parcelas de la propiedad, cuyas viñas acreditan una antiguedad de veintisiete años y se encuentran asentadas en suelos de componente granítico.
Tras una vendimia manual, se procede ya en bodega con un proceso tradicional de vinificado, que incluye una fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable mediando control de temperatura. Esta fase dura poco más de veinte días, y tras una suave clarificación y filtrado, comienza una breve crianza con sus lías, que se prolonga durante dos meses.
Tras el descorche y primer servicio, describe un cromatismo amarillo de notable intensidad y brillo, con algunos reflejos acerados de menor presencia, nariz que deja nostalgias cítricas, con algún guiño pendular de pera roja, piña y manzana, suaves testigos aromáticos de pétalos florales, nota de piñones y arbustos silvestres, camomila y algún escenario de hinojos. Tiene hacia el final memorias de mineralidad en clave salina.
La boca se muestra suave en el arranque, buen tono de acidez, un punto graso en el avance y la persistencia bien representada, alcance y llegada al final de la cata, manteniendo cierta viveza. Retronasal que habla de similares registros a los comentados durante la descripción de la fragancia, fruta blanca y cítricos, flores y algún retazo de frutos secos, evocaciones silvestres y balsámicos, finalizando en ese ajuste generoso de influencia salina, que como recurso de mineralidad prolonga su capacidad expresiva.
Lo califico en esta añada 2016 entre recomendable y muy recomendable.